• Caracas (Venezuela)

Ignacio Serrano

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Más sabermetría en la LVBP

Luis Ávila | Leonardo Noguera

Luis Ávila | Leonardo Noguera

Caracasno es el único equipo que en los últimos años ha volteado hacia el nuevoanálisis estadístico en la pelota venezolana

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Luis Ávila, Juan Vicente Zerpa y los Leones no son los únicos actores de la Liga Venezolana de Beisbol Profesional que reconocen la utilidad del nuevo análisis estadístico en la pelota local. Pedro Grifol, el manager de los Cardenales desde hace dos temporadas, llegó al país en 2011 con la etiqueta de ser un piloto “sabermétrico”, un por entonces joven ejecutivo de los Marineros de Seattle que consideraba necesario llevar un respaldo numérico de sus jugadores y de los rivales, más allá de las cifras tradicionales. Cuando Richard Gómez fue jefe de prensa de los pájaros rojos, Grifol solía pedirle fajos de papeles a diario, con la mayor cantidad posible de numeritos. El propio estratega nos ha hablado del asunto varias veces, cuidando siempre de asumirse abiertamente como seguidor de la sabermetría, al punto de que hemos llegado a creer en su palabra. Es parte de ese curioso síndrome que viven los hombres de uniforme, como si montarse abiertamente en la nueva ola fuera reconocerse ajeno a la esencia misma del beisbol. La verdadera vocación de Grifol es dirigir en el terreno. Por eso, es plausible creer que prefiere alejarse de la imagen del hombre de oficina, que antepone una estadística a los fundamentos del juego. O a lo mejor, en efecto, es un tradicionalista con inquietudes, bajo la misma premisa que usó Rick Sweet para respondernos sobre los informes sabermétricos que el Caracas le hacía llegar a diario: “Mientras más información tenga, mejor”.

Harry Chadwick llegó al Salón de la Fama por sus propuestas y aportes en el campo de las estadísticas, hace más de un siglo. El beisbol, su componente humano y los números son inseparables. La única diferencia es que antes se le prestaba más atención a otras estadísticas y la sabermetría ha hecho énfasis en cifras diferentes, algunas vetustas, otras novedosas. Todos los que amamos este deporte hemos navegado en algún momento por ese océano de numeritos que nos permiten, si no revivir la emoción, al menos sí revivir la admiración de lo sucedido en los diamantes. Quienes defendemos la utilidad de la sabermetría hemos sido culpables en buena medida de que se levantara esa suerte de cortina de hierro que nos separa de los tradicionalistas. Es fácil encontrar obstinación a un lado, intransigencia, casi fanatismo; pero del otro lado del muro a veces hay soberbia, cierta pedantería, como si aquí fuéramos dueños de una verdad revelada y aquellos no pasaran de ser seres inferiores. La terquedad es tan tonta como la petulancia y entre ambas ayudan a ahondar una diferencia que no debería existir entre sabermetría y tradición. La sabermetría no es una fórmula mágica, una certidumbre irrefutable; de hecho, su origen está en la determinación de poner en duda todo lo establecido, lo que tendría que llevarnos a poner en duda a la sabermetría misma. Ese es el origen del conocimiento en cualquier área de la vida.

¿Cuál es la mayor utilidad de la sabermetría en el  beisbol profesional? Es una pregunta con una respuesta imprecisa. Puede resultar útil de muchos modos. Por ejemplo, es mejor saber cuáles son las tendencias del pitcheo y el bateo en cada estadio, que no saberlo; cuál es la capacidad de un bateador para ponerse en circulación, más allá del average; qué características tiene un equipo rival y cómo encaja en tu propia divisa. La principal virtud de la sabermetría es mostrar tendencias. No verdades absolutas, sino tendencias. Por eso es más acertada mientras más larga es una temporada. Por eso los Leones y Grifol admiten que el exceso de información no hace daño, como sí puede hacer daño carecer de esa información.