• Caracas (Venezuela)

Ignacio Serrano

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El Emergente

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A los Bravos les ha ido mal en el largo plazo: vienen de dos eliminaciones seguidas y ha mermado el público en las tribunas. Han tenido reveses en el corto término: sus desmentidos a versiones periodísticas, para luego admitir que todo era verdad, no ayudan a la credibilidad del equipo. Pero más allá de este panorama, que parece no ofrecer muchas esperanzas a la afición insular, hay un nuevo y auspicioso escenario. En apenas una semana, los propietarios del equipo han consolidado las bases del que debe convertirse en un club competitivo, poniendo fin, quizás en poco tiempo, con la sequía de coronas de la franquicia, nacida en Cabimas dos décadas atrás.

La nueva estructura de Margarita es más costosa y representa un esfuerzo económico para una divisa que todavía no ha podido cerrar con números azules. No sólo se trata de invertir más en el salario de un gerente deportivo, Iván Arteaga, llegado el año pasado a la isla, y ahora de un gerente general, Yves Hernández. Se trata de que cada incorporación conlleva propuestas, ideas para modernizar al club y darle fortaleza. Y eso, seguramente, abarca al recién contratado Marco Davalillo, anunciado ayer en rueda de prensa apenas 12 horas después de que se desmintiera la inminencia de su llegada. No hay modo de competir con éxito en la LVBP si no se invierte dinero, personal y esfuerzo en profundizar las bases. Mucho se habla del ojo de los Tigres para mantener un grupo de veteranos que supuestamente serían el motivo principal de su dinastía, pero la realidad es que Aragua evolucionó como organización en los últimos 10 años y hoy es, además, uno de los conjuntos que más invierte en la detección y contratación de nuevo talento. Vean, si no, esa granja con Oswaldo Arcia, Ramón Flores, Luis Domoromo, Franklin Barreto, Juan Urbina, Ronald Torreyes, Renato Núñez y ese largo etcétera de firmas del 2 de julio, que ha ido a nutrir la nómina de los bengalíes en el pasado lustro.

En medio de la debacle de la temporada 2011-2012, con Don Baylor padeciendo una enfermedad en su hotel neoespartano y los Bravos en la ruta de la eliminación, el tren directivo se resumía, básicamente, en la dupla Carrero como propietarios y Rubén Mijares como gerente general. Apenas 14 meses después, Mijares sube al cargo de asesor de la presidencia, por lo que no se perderá su experiencia ni su malicia, y han agregado dos piezas jóvenes y valiosas. Arteaga es un hombre de beisbol, inteligente, feliz de nadar en los tiempos que corren y con experiencia en los diamantes, dada su trayectoria como lanzador. Hernández era una de las eminencias grises de la liga, esos operadores poco conocidos por el gran público, que ahora tendrá oportunidad de mostrar su habilidad; la generosa granja del Caracas le debe mucho a su dedicación, aunque no siempre los medios de comunicación se lo hayamos reconocido. Este nuevo alto mando es, de por sí, un motivo de alegría para quienes amamos nuestro beisbol. Es urgente que Margarita se afinque en su plaza, que sea un equipo ganador, como ya ocurre con los Caribes, su compañero de expansión y, hasta hace poco, el otro hermano pobre del circuito. La firma de Davalillo completa el panorama. Es un motivador, con justicia ha sido dos veces Manager del Año y va a estar con la divisa desde el primer día de la pretemporada, una obviedad que se había convertido en urgencia por aquellos pagos. Puede que el manejo comunicacional de la novena haya puesto dos errores en la pizarra. Pero los Bravos tienen hoy una estructura más moderna, que redundará en mayor competitividad, y eso es algo para celebrar.
@IgnacioSerrano
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