• Caracas (Venezuela)

Ignacio Serrano

Al instante

Beisbol en 140 caracteres

Estadio de Beisbol Luis Aparicio El Grande, en el Zulia / Jesús Castillo

Estadio de Beisbol Luis Aparicio El Grande, en el Zulia / Jesús Castillo

Internet, primero, y últimamente Twitter han puesto a bailar a toda velocidad a los protagonistas de nuestra pelota

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Apenas 20 años atrás, el fax era todavía un asombro. ¿Qué es un fax?, preguntará hoy más de un adolescente.

Trabajar en la cobertura del beisbol era otra cosa. No existían los teléfonos celulares ni internet, mucho menos Twitter. Un solo reportero cargaba con el acontecer noticioso en cada redacción.

Inolvidables las llamadas a la oficina de Pedro Padrón Panza en el litoral, intentando averiguar cuántos peloteros de los Tiburones tenían contrato en el exterior, y sus nombres.

“El señor Padrón no está”, atendía la secretaria, una y otra vez. “No, la lista aún no está completa. Sí, llame mañana, mañana tal vez lo esté”.

Los equipos eran manejados por familias, con la excepción de los Caribes, que mantenían una estructura de socios con mayor o menor peso accionario, y las dos fundaciones que todavía persisten, Magallanes y Aragua.

Para tener material “fresco” sobre los venezolanos, algo que no publicara ningún periódico, buscábamos la interminable tira de numeritos que el cable de la agencia The Associated Press enviaba cada viernes, con todos los bateadores con suficientes apariciones legales y los pitchers con el mínimo requerido de innings en clase A media, A avanzada, doble A y triple A.

Allí rebuscábamos qué criollos aparecían, elaborábamos tablas que publicábamos en entregas, precisábamos quiénes aparecían cerca de los lideratos. Magglio Ordóñez, Richard Hidalgo, Kelvim Escobar crecían en las granjas de los Medias Blancas, los Astros y los Azulejos.

La liga facilitaba la asistencia de los periodistas a cada convención anual y los reporteros nos sentábamos en la misma mesa en la que se discutían las condiciones de campeonato.

En El Nacional y El Universal muchas veces aparecía sólo una página diaria con notas de beisbol.

Para hablar telefónicamente con nuestros grandeligas, era necesario esperar que estuvieran de gira, saber en qué hotel se alojaban, tener alguien que revelara el seudónimo bajo el cual estaban registrados y contar con la suerte de que estuvieran en su habitación al hacer la llamada.

Y que no se molestaran por haberles contactado a través del campo minado que usualmente dejaban para defender su tiempo libre, su privacidad o, simplemente, su deseo de no hablar.

Así era, apenas 20 años atrás.

Ahora, un repaso a los acontecimientos de la última semana en la LVBP, 20 años después.

Yves Hernández, gerente deportivo de los Leones, renuncia a su cargo y la noticia se conoce a través de un tweet que llega desde Chicago.

Otro tweet asegura que declinó porque será el próximo gerente general de los Bravos y el principal vocero de ese equipo pasa cuatro días negándolo, hasta que finalmente lo confirma mediante un comunicado.

Los equipos levantan a Luis Ávila, presidente del Caracas, una suspensión cuyos términos y motivos sólo han sido publicados en los medios, a despecho de la liga, que prefirió silenciar el tema.

Yusmeiro Petit fue puesto en el mercado, Margarita de nuevo lo negó, y varias fuentes dieron de inmediato detalles de las conversaciones con La Guaira, con la velocidad de la web.

Surge el nombre de Oscar Prieto Párraga como posible sucesor de José Grasso al frente de la LVBP y, una docena de tweets luego, el ex propietario de los melenudos ya declaraba en 140 caracteres acerca de lo que le gustaría para la liga.

Los Tiburones envían un comunicado para anunciar la renuncia por mutuo acuerdo de Marco Davalillo y 20 minutos después ya Davalillo es ubicado como próximo piloto de los Bravos, a pesar del nuevo desmentido insular.

Hace mucho que el ritmo informativo de nuestra pelota dejó de ser un pasodoble. A sus voceros y protagonistas les conviene aprender a bailar a toda velocidad.