• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

Al instante

El susto de un futbolero de a pie

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I.

El presidente Maduro despachó el tema en clave chavista, es decir, desde esa poltrona doctrinaria que sirve para descifrarlo todo, y cuando digo todo, digo todo, desde, por ejemplo, los efectos de  la nanotecnología en la evolución de la industria de alimentos, hasta la naturaleza del fútbol, pasando por la explicación de por qué las hormigas se aparean solo cuando no hace mucho calor. Así, como cabía esperar, protestó, así pues, la intervención de la fiscalía norteamericana y del FBI, advirtió sobre la amenaza de que el fútbol quede en manos de Estados Unidos, es decir, del imperio, y alertó sobre la posibilidad de que le quitaran la sede de la Copa Mundial a la Rusia del aliado Putin, (pasando por alto, por cierto, la sospecha de los pagos multimillonarios que hicieron posible la adjudicación de la sede). Planteó, además, la necesidad de “refundar a la FIFA”, postulando, de manera simplista y demagógica, que la organización debiera ir “a las manos que tienen que ir, de los futbolistas, de los que patean el balón y sudan la camiseta, no de cuatro burócratas que viven de las corruptelas”. Y remató su postura proponiendo, suerte de apelación al líder providencial, que Maradona fuera el nuevo jefe de la organización, idea que, dicho sea de paso, personalmente me aterroriza, a pesar de mi condición de hincha incondicional del Pelusa, sin duda uno de los cuatro o cinco grandes jugadores de la historia (qué Messi ni que Messi, por Dios).

 

II.

Aprovechando el sismo que ocasionaron las pesquisas del FBI, el presidente Maduro se mostró partidario, igualmente, de la necesidad de “refundar a la FVF”, esto es –según se teme después de haber visto lo que se ha visto en estos últimos tiempos–, de la necesidad de que el gobierno intervenga en los asuntos del fútbol local, así como lo hace en cada vez más ámbitos de la vida venezolana, lo típico de una gestión cuyo emblema político bien pudiera ser la captahuellas.

Entonces, uno, futbolero de a pie, crítico desde siempre de la FIFA y de la FVF, se asusta con lo que escucha. Se asusta porque es testigo de que la refundación propuesta para el país ha terminado, década y media después, en un extravío general. Se asusta porque, lamentablemente, esta no es, ahora, una mejor sociedad, que la sociedad de 1998. Se asusta, en fin, porque ha habido mucha épica y pocas nueces y porque el socialismo del siglo XXI se volvió traste, al punto de que a ratos uno piensa que, agotada la esperanza, la utopía de los venezolanos se encuentra, hoy en día, en la nostalgia por el pasado.

Así las cosas, si tiene lugar la refundación del fútbol nacional, según el libreto del presidente Maduro –ya asoman algunas caras que dan susto, ofreciéndose para asumir la tarea–, ¿quién se atrevería a apostar que, pasado cierto tiempo, no extrañaremos a Esquivel?

 

Harina de otro costal

Antier murió Freddy Muñoz, uno de los fundadores del MAS, cuando el MAS era el MAS, es decir, la encarnación de un proyecto político humanista diseñado desde la izquierda, no el partido que es ahora, que nadie sabe lo que es. Fue un político inteligente, culto y de buen corazón, de los que, por desgracia, no abundan. Presumiendo puedo decir que fui su amigo, siempre atento a su pensamiento político. Ambas cosas las pongo en mi currículum vitae porque me honran.