• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

Al instante

La cuarta revolución industrial, los taxistas y el presidente Macri

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I.

Hace unos días Buenos Aires se puso en modo conflicto social, como ya lo había hecho poco tiempo antes  Santiago de Chile. La razón: una protesta de los taxistas contra Uber Tecnologies Inc, una empresa internacional con sede en San Francisco, California, creada a partir de una aplicación móvil diseñada para que conductores de autos particulares puedan hacer las veces de “carros libres”. Se trata de un sistema inventado por Travis Kalanick, uno de esos genios jóvenes que paren ideas desde la entraña del Silicon Valley, y que ya funciona en varias decenas de ciudades, sobre todo europeas. Es un servicio más rápido y más barato que el taxi convencional e, incluso, puede pagarse  con tarjeta de crédito.

Por los momentos, las autoridades de Buenos Aires lo han prohibido. Supone una competencia desleal, se argumenta, pues se trata de conductores que no necesitan licencia especial ni incurren en los diversos pagos a los que se ven obligados los choferes profesionales. Así, no obstante contar con el apoyo de los usuarios, ha sido un servicio muy protestado, llegándose a decir que los taxistas están actuando como hace dos siglos lo hicieron en Inglaterra los llamados ludistas, dados a la tarea de destruirlos nuevos telares mecanizados porque dejaban sin empleo a los artesanos.

El presidente Mauricio Macri brindó un fuerte respaldo a los taxistas que cuestionan el lanzamiento del sistema por la amenaza que significa para sus puestos de trabajo.  “Valoro la posición del gobierno de la ciudad de defender a nuestros taxistas, que son un símbolo de la Argentina, dijo. Advirtió: “También tenemos el problema del avance de la tecnología, que hay que recorrer de la manera más gradual posible para cuidar a todos los argentinos”.

II.

Los organizadores del último Foro de Davos, celebrado a principios de este año, presentaron un informe que analiza las transformaciones de la economía y el mercado de trabajo, en el marco de la que identifican como una cuarta revolución industrial, ya en camino, y centrada principalmente en la automatización. Poco a poco los empleos rutinarios y repetitivos han venido siendo suplantados por computadoras alimentadas por sofisticados programas, pero ya comienzan a tocar los espacios laborales que requieren de pensamiento analítico y alto nivel de educación.

El estudio predice varios millones de desempleados para dentro de pocos años e indica que “sin una acción urgente y específica para organizar la transición y contar con trabajadores con la formación necesaria, los gobiernos tendrán que lidiar con más desempleo y más desigualdad”. Se habla, pues, de un maremoto tecnológico que tendrá importantes consecuencias económicas, sociales y políticas en todas partes, dada la interconexión de la economía mundial.

 

III.

La empresa Uber es apenas una manifestación relativamente menor, si se quiere, de este nuevo mundo envuelto en palabras como  inteligencia artificial, big data, nanotecnología, impresión 3D, Internet de las cosas y otras cuantas de parecido tenor. Joseph Schumpeter, economista austriaco nacido a finales del siglo XIX sigue teniendo razón en lo que dijo hace unos cuantos años: el progreso tecnológico es un proceso de destrucción creativa. Klaus Schwab, coordinador del documento presentado en Davos, señalo que habrá que prepararse para los avances de la tecnología digital sean más creativos que destructivos.

Son estos temas álgidos de la época actual.  Temas que en Venezuela pasan por debajo de la mesa.  Es que entre nosotros todo empieza y termina en una coyuntura que asfixia la vida cotidiana, mientras el futuro actúa a su aire. No es esta una buena noticia.  Dicen los historiadores que el país entro tarde al siglo XX y, por lo visto hasta ahora, ya estamos en mora con el siglo XXI. Mala noticia, insisto.

Harina de otro costal

La situación venezolana no anda bien y perdónese el descubrimiento del agua tibia a estas alturas. No hay encuesta que no registre el malestar de los venezolanos en casi todos los órdenes de su existencia. Mientras tanto, el juego político pareciera trancado. El diálogo luce misión imposible y la consulta popular – por estas días en clave referéndum revocatorio– tiene trabas burocráticas de toda índole, puestas nada menos que por nuestra máxima autoridad electoral.

Dice Perogrullo que en circunstancias como éstas cualquier cosa puede pasar.  Es el momento propicio para que cobren forma las iniciativas que dejan peores consecuencias para el país.  Las que todos, tirios y troyanos, lamentaremos cuando ya sea demasiado tarde.

¿ Ha oído hablar usted del autosuicidio?