• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

Al instante

El lunes fue un día tranquilo

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I.

El país amaneció tranquilo este lunes porque el domingo anterior logró sorprenderse a sí mismo al vencer sus propios miedos y dudas y no dejar que sucediera nada de lo que los mismos venezolanos temían que sucediera. De acuerdo con lo expresado por el Observatorio Electoral Venezolano, el proceso de votaciones transcurrió de manera pacífica, con apego a las normas, mientras que las irregularidades registradas, que las hubo, no llegaron a empañar lo ocurrido. La mayoría de los apostadores se quedó con los crespos hechos.

En efecto, los ciudadanos se presentaron masivamente a las urnas y eligieron a los diputados que integrarán la nueva Asamblea Nacional a partir del próximo año. Los resultados fueron anunciados en la noche por el Consejo Nacional Electoral (aunque con tardanza y tratando de dosificar el impacto de la derrota en las filas gubernamentales) y fueron reconocidos por el mismo presidente de la República. En fin, todo ocurrió como debía ocurrir, reiterando de esta manera que, en medio de todo, los ciudadanos creen firmemente en el voto como herramienta para trazarse rumbos y ventilar sus diferencias. En fin, creen en el voto como un instrumento fundamental de la convivencia social.

Así las cosas, dentro de las correcciones que la realidad le impone a las estadísticas, lo resultados coincidieron con los pronosticados por las principales encuestas. La MUD obtuvo 56% de los votos, constituyéndose en la nueva mayoría política y logró, así mismo, una amplísima mayoría (al escribir estas líneas falta determinar el resultado en algunos circuitos) en el próximo Parlamento.


II.

Vendrán tiempos complicados para el chavismo. ¿Será la ocasión para establecer responsabilidades y pasar facturas internas que busquen recomponer el poder interno? ¿La ocasión para revisar el proyecto político, decidir si el chavismo seguirá siendo chavista como lo venía siendo hasta ahora y si el socialismo del siglo XXI será puesto en el estante de una biblioteca pública, a la disposición de algún investigador interesado en ciertas curiosidades de la historia? ¿Será la ocasión para dejar a un lado la épica y encarar los problemas que tenemos, en toda su gravedad, sin recurrir a muletillas ideológicas que disfracen o brinden coartadas y para ser humilde, luego de tantos años de arrogancia política?

Es demasiado temprano para poder contestar estas preguntas, pero asusta que el presidente Maduro, en diversas declaraciones posteriores al domingo, haya optado por la “guerra económica” como factor que explica el revés gubernamental y por calificar de representantes de la “contra revolución” a los siete millones de venezolanos que decidieron sufragar por la oposición. Asusta porque deja entrever que no entiende la complejidad de la crisis que vive el país. La buena noticia es, sin embargo, que algunas voces importantes y no tan importantes del chavismo, están llamando a la reflexión en tono de mea culpa y con ganas de enderezar entuertos.

Habrá, pues, que ver cómo gobernará el gobierno desde su actual condición de minoría política nacional y de minoría parlamentaria. Cómo gobernará con los precios del barril petrolero casi arrastrándose por el piso y aparentemente sin ganas de levantar vuelo. Y, por decir solo una última cosa, como gobernará, en medio de una crisis que se expresa en múltiples planos y que no se deja engañar con desplantes ideológicos.


III.

Pero igualmente complicados serán los nuevos tiempos para la MUD. ¿Sabrá administrarse como mayoría? ¿Mantendrá su unidad interna, podrá digerir las diferencia internas, algunas estratégicas, pero otras percibidas en formato de agallas y apetencias grupales? ¿Comprenderá que el chavismo es un importante movimiento político y social con el que se tiene que ir haciendo el futuro de este país? ¿Estará consciente de que su votación proviene en buena medida del voto castigo y que no tiene asidero en la esperanza nacida a partir de un relato político convincente y persuasivo para la mayoría de la gente?


IV.

En fin, entramos en una época difícil. Difícil pero auspiciosa, porque los resultados del domingo amplían la cancha y le dejan espacio a la política, peligrosamente engavetada desde hace mucho rato. Es la hora, diría Perogrullo, de la conversa sobre el país, del intercambio de opiniones, del ponerse en el lugar del otro. Es la hora de fabricar los consensos mínimos necesarios para darle sentido de dirección a la sociedad. La hora, pues, de asumir el país como tarea común, a sabiendas de que la realidad nos interpela con asuntos diversos, todos urgentes.