• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

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Ignacio Ávalos

El imperialismo casero

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I.

Más allá de cualquier otra consideración, y sin llegar a creer que Estados Unidos se encuentre gobernado por carmelitas descalzas, lo cierto es que nuestro gobierno ha hecho la lectura más provechosa posible de la decisión del presidente Obama. El presidente Maduro habla de un posible bloqueo tipo cubano y hasta asoma la idea de una invasión norteamericana. Así, la épica bolivariana ha tomado un nuevo aire en torno a la lucha antiimperialista y la defensa de la patria (o sea, del gobierno).

Este navega, como pez en el agua, en el escenario bélico. Inventa un Escudo Nacional Bolivariano, expresión de una estrategia militar para enfrentar al enemigo, y moviliza a la población para que sea entrenada en el manejo de las armas, mientras algunos de sus voceros hablan de “guerra de resistencia”, “guerra asimétrica”, “guerra popular” y del “ejemplo del Vietnam heroico o de la experiencia reciente de la insurgencia afgana o palestina”, todo en clave de culto a la personalidad del comandante Chávez. 

Retórica mediante, el gobierno trata de levantar cabeza. Cierto, las encuestas lo castigan por casi todos los flancos. Y los indicadores socioeconómicos también: los logros de la revolución se desvanecen con la caída de los precios petroleros, señal de que estaban prendidos de los alfileres del mero reparto de la renta. La vida de los venezolanos se ha vuelto, así pues, dura y complicada.

La manipulación política alrededor de un tema tan sensible le da un respiro al oficialismo, no hay duda. Las maniobras para distraer no son invento político chavista. Se cree, aunque no consta, que se remonta a Adán y Eva. Así, mientras se nos pide cerrar filas en defensa de la patria, se pretende relegar la penuria cotidiana de tener, también, que cerrar filas frente a los mercados, esta vez por un motivo ciertamente menos heroico, el que imponen los anaqueles vacíos.

 

II.

Así las cosas, mientras se especula si hay en verdad una amenaza de invasión, o si el asunto es, más bien, contra unos funcionarios que decidieron formar parte de manera rápida y no muy ortodoxa de la boliburguesía criolla, la Asamblea Nacional le aprobó al presidente una Ley Habilitante para combatir el imperialismo. De esta manera, por segunda vez en apenas dos años de gestión, el Parlamento renuncia a sus funciones a fin de que Nicolás Maduro gobierne literalmente a sus anchas, con relación a asuntos muy diversos, caigan o no dentro de las competencias sancionadas.

Estamos, pues, frente al dato más duro e inequívoco de este episodio. Ejerciendo el derecho constitucional a la sospecha, cualquiera puede pensar, entonces, que los poderes especiales acordados al presidente, servirán, más bien, para complementar el menú de medidas autoritarias que se han venido tomando en los últimos tiempos. Pensar, pues, que  los movimientos para enfrentar el imperialismo norteamericano son, más bien, para enfrentar el “imperialismo casero”, representado por todos los que de una u otra manera discrepen de la forma como se conduce al país. Es fácil hacer guasa desde el punto de vista militar de los discursos y actos oficiales, pero hay que ponerse serios, muy serios, desde el punto de vista político. En efecto, la Ley Habilitante asoma cosas que soplan en contra del sentido común democrático. No solo se trata de profundizar la militarización del país, sino de la posibilidad de decretar el estado de excepción, por ejemplo, o de suspender por lluvia las elecciones parlamentarias, “mientras se acomoda el terreno” a favor del PSUV. Es que en materia de resguardar al país, alega el gobierno, no hay límite que valga. Ni tampoco para mantener el poder, piensa uno.

 

Harina de otro costal

Fe y Alegría cumple por estos días sesenta años de existencia como institución imprescindible en Venezuela y en varios países. Sesenta años impulsando una educación pública gratuita de calidad para los grupos sociales más desfavorecidos a través de proyectos diversos (escuelas, radios, centros de capacitación laboral, institutos universitarios, centros de reflexión pedagógica). Visto lo visto en este tiempo, no hay duda de que Fe y Alegría tiene un muy buen pasado en su futuro.