• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

Al instante

Qué haremos con el futuro

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I.

Hace algunos días fue creada por el gobierno otra comisión de alto nivel. Dice Google que ya son como treinta en lo que va de año y, por lo que uno sabe, ninguna de ellas ha dado algún resultado positivo que merezca recordarse. La misma se encuentra integrada más o menos por los mismos funcionarios que integran las demás, convertidos en pulpos burocráticos que atienden los asuntos más heterogéneos, bajo el supuesto, pareciera, de que el día cuenta con más de 24 horas. Frente a esta iniciativa cualquiera tiene, pues, el derecho al escepticismo. Pero también el de conceder el beneficio de la duda.

Se trata de la Alta Comisión para la Independencia Científica, Tecnológica y Económica, constituida con ocasión del cumplimiento del décimo aniversario del Plan de Siembra Petrolera. Al momento de juramentar a sus integrantes, el presidente Maduro expresó que “…se encargará de generar procesos de transformación tecnológicos y económicos en Venezuela para sustituir las importaciones, incrementar la capacidad productiva del país y solventar la dependencia de la renta petrolera”. Según sus palabras, luce, así pues, que esta comisión representa el asalto final al modelo rentista.

II.

Luego de 16 años, me refiero a los de gobierno bolivariano, y después de no pocos millones de dólares, pareciera evidente que ni el tiempo ni el dinero alcanzaron para mover un centímetro la petrodependencia nacional. Hay que sembrar el petróleo, porfía, sin embargo, el presidente Maduro, y para ello crea esta nueva instancia administrativa. Dado este propósito conviene, entonces, mirar cómo se está moviendo el petróleo, hecho que se encuentra íntimamente ligado (aunque no solo) a varios avances tecnológicos que, sin duda, generan y generarán cambios sustanciales en el entorno energético mundial.

Así, más allá de las innovaciones norteamericanas que han hecho posible la extracción de petróleo no convencional (petróleo de lutita), cabe destacar, así mismo, que el calentamiento global ha impulsado con enorme fuerza la investigación orientada a las fuentes renovables (el sol, el aire, el agua, la geotérmica, y otras), las cuales implican distintas formas, no solo en la generación de energía, sino también en su distribución. Es así como, en el campo de las llamadas tecnologías limpias, ciertos resultados han salido de la fase del laboratorio y se encuentran ya en etapa industrial, determinando incrementos progresivos en su participación en la matriz energética del planeta. En fin, los terrícolas parecieran estar entendiendo, al fin, que en la manera de encarar el cambio climático se juegan su supervivencia, dicho sin exagerar.

A propósito de estos asuntos, recomiendo leer un excelente análisis (disponible en el ciberespacio), redactado hace un año por la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales, en el que se muestra el replanteamiento de la política energética a escala mundial y sus implicaciones sobre nuestro país.

III.

La vida venezolana se nos ha vuelto pura urgencia. Nos traga el día a día y se nos hace muy cuesta arriba mirar un poco más allá de nuestras propias narices. Mirar, por ejemplo, estas cosas que tienen que ver con el petróleo (y su siembra) y constatar que el país no se encuentra muy bien parado frente a las transformaciones que se avizoran. Ojalá esta comisión sirva para que los venezolanos nos asomemos al futuro y pensemos en la posible transición de un país petrolero a un país energético.

Por cierto, ¿por qué a uno le resultará tan extraño imaginar que la gente de la comisión y la de la academia puedan echar una conversadita sobre este tópico e indaguen qué hacemos con el futuro?

Harina de otro costal

El tema de la frontera de Venezuela con Colombia es muy complejo. Viene de muy atrás y ninguno de los dos países puede esconder responsabilidades y equivocaciones. Paramilitares, narcotraficantes, guerrilleros, mafias de variado pelaje y delincuencia común son algunos de los factores que dibujan el panorama por aquellos lados. Pero, aun reconociendo lo anterior, las medidas de excepción aplicadas por el presidente Maduro son, desde cualquier punto de vista, una barbaridad. Demuestran que la revolución bonita puede ser capaz de actos muy crueles, sobre todo con los más pobres. Y, también, que la Patria Grande de la épica chavista es más bien chiquitica y sectaria.