• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

Al instante

Ignacio Ávalos

Algunos apuntes sobre el mordisco en el fútbol

autro image
  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

I.
La verdad es que el acontecimiento da para un libro, un libro de esos gordos, de al menos trescientas páginas. Tiene muchas aristas y muchos puntos de vista, saca al aire ciertas costuras del fútbol, permite, en fin, simplificaciones morales y juicios sin piedad. Sin embargo, aunque hay que pensárselo con calma, me atrevo a adelantar algunas notas para tratar de entender el incidente que tuvo lugar entre Luis Suárez y Giorgio Chiellini, durante el partido entre Italia y Uruguay, correspondiente al mundial brasileño.

II.
Suárez debutó en Nacional, uno de los grandes equipos de Uruguay y con apenas 18 años de edad viajó a Holanda, contratado por un equipo más bien modesto, fichado al poco tiempo nada menos que por el Ajax, club del cual fue capitán y máximo goleador. Desde el año 2011 está en el Liverpool, en donde su carrera no ha podido ser más exitosa. Es, además, figura imprescindible de la selección de su país. Bordea la genialidad como futbolista y se cuenta, sin duda, entre los mejores delanteros de la actualidad.

Pero, su mal comportamiento en la cancha ha devenido en numerosas sanciones. En el lado oscuro de su biografía se registra el hecho de haber mordido a un rival cuando militaba en Holanda y a otro cuando lo hacía en Inglaterra, habiendo sido comentado este último episodio por el ex campeón de boxeo Mike Tyson, pareciendo alegar que si alguien sabía del tema era él.

III.
Aconsejado por amigos y familiares, y con el apoyo de psicólogos, Luis Suárez experimentó un cambio importante en su conducta deportiva y durante los últimos tiempos estuvo completamente ajeno al escándalo. Pero hace unos días, en el partido celebrado entre uruguayos e italianos, intercambió un codazo que le propino el central Chiellini por un mordisco en el hombro del futbolista de la selección azzurra. Se trató de un incidente raro e inusual en el fútbol que en términos del desarrollo del partido no tuvo mayor trascendencia, que ninguno de los jueces alcanzó a ver, pero que la televisión mostró con reiteración infinita y detalles dignos de un microscopio.

Las redes sociales casi revientan en todo el planeta, reproduciendo el suceso y en muchos casos descuartizando moralmente a Suárez, sin medirse en la crueldad de los calificativos ni escatimar en la recomendación de sanciones (solo faltó que alguien propusiera la silla eléctrica para el jugador charrúa).  

IV.
El faul es un atentado contra el fair play. Se ejerce mediante patadas, planchas, empujones, escupitajos, agarrones, codazos, zancadillas o puñetazos y también a través de engaños perpetrados por jugadores que se desdoblan en actores. Suárez ha incluido el mordisco en el repertorio, sin duda más grotesco, pero a los efectos reglamentarios semejante a los demás, a pesar de que, según cierto y desconocido criterio civilizatorio, pareciera ser considerado mucho más bárbaro que, por ejemplo, un codazo en el tabique nasal o que una patada alevosa en eso que pudorosamente llaman las partes más sensibles del cuerpo masculino. De paso, ambas agresiones y otras de distinta naturaleza se han visto repetidamente a lo largo del Brasil 14, sin que las autoridades del balompié pestañearan, no importa lo que dijeran los videos.

V.
La FIFA, seguramente debido al escándalo mediático, procedió de oficio, según lo establecen las normas, examinó el caso oyendo los alegatos de la Federación Uruguaya de Fútbol y finalmente sancionó a Luis Suárez, lo cual era previsible y justo, por haber violado el artículo 48 del Código Disciplinario de la FIFA (agresión a otro jugador) y el 57 (ofensa a la deportividad contra otro jugador). Pero lo que en manera alguna resultó razonable fue el castigo impuesto:  obligación de abandonar inmediatamente a la selección uruguaya, prohibición de actuar en nueve partidos internacionales (incluyendo, desde luego, los que pueda jugar la celeste durante este mundial) y de ejercer cualquier actividad vinculada con el fútbol durante cuatro meses (con lo cual se pierde un buen tramo de la próxima temporada con el Barcelona, su nuevo equipo, si lo ocurrido no termina con el acuerdo con los catalanes) y encima de todo lo señalado la cancelación de una multa de casi 100.000 dólares.

Se trata, pues, de una sanción desmedida, casi sin precedentes en la historia del fútbol, desproporcionada incluso para Chiellini, según lo anunció en su página web apenas se enteró de las medidas aprobadas. Por si fuera poco lo anterior, la transnacional de la cual Suárez era anunciante estudia romper el contrato firmado, aduciendo, cabe suponer, pues siempre ocurre así en estos casos, que es un mal ejemplo para la sociedad y sobre todo para los niños.

En fin, nos encontramos ante una sanción que castiga con desmesura y no deja ninguna ventana abierta para que respire el infractor.

VI.
Dicen que la sentencia hay que calibrarla según el juez que la emite. En este sentido, uno sospecha, y la historia ayuda a corroborarlo, que la FIFA no comparte la idea de que la ley es pareja para todos. Tiene, más bien, el criterio de que la justicia debe administrarse de manera selectiva, más o menos al cobijo de sus propias conveniencias y de la fuerza y tamaño de quien se pretende juzgar.

Así las cosas, en lo que llevamos del Mundial han ocurrido episodios delicados, ciertamente no mordiscos, en los que  a la FIFA no se le ha ocurrido proceder de oficio, no obstante no haber sido percibidos por los árbitros. No ha sido infrecuente, así pues, la utilización de criterios distintos desde el punto de vista legal y ético. Sin ir muy lejos cabe citar un hecho que hasta podría ser cómico si no fuera tan revelador de lo que acabo de decir. La FIFA le reclamó  hace una semana a las autoridades de fútbol mexicano por causa de un grito propio de los aficionados mexicanos presentes en los estadios, el cual ha sido calificado de homofóbico, pero en cambio no ha tenido ningún empacho en adjudicarle la sede del mundial 2022 a Qatar, un país que se caracteriza por el maltrato a las mal llamadas “minorías sexuales”.

En fin, el caso Suárez muestra el manejo propio de una poderosa organización multinacional que suele actuar a su aire en todos los ámbitos de su competencia. No sé si es ingenuo pensar que el desacuerdo que ha despertado la equivocada e injusta sentencia contra el jugador charrúa se sume de manera importante a la creciente convicción en la opinión pública internacional, en la pretensión de reformar y democratizar a la FIFA. En todo caso, a uno solo le cabe esperar que, al final de todo este episodio, la historia  guarde el nombre Luis Suárez como uno de los jugadores más notables de la historia, el de un futbolista que, además, supo encarar y superar sus lamentables deslices sobre la alfombra verde.