• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

Al instante

Reinaldo Dipolo no cumplía con el horario

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I.

A mediados de la semana pasada falleció Reinaldo Dipolo, fisiólogo notable, autor de una obra científica extensa y muy importante, desarrollada con empeño e inteligencia a lo largo de medio siglo de afanes en el IVIC. Figura, sin duda, entre los mejores investigadores del país, según lo muestran todos los criterios que sirven para calibrar la calidad del trabajo científico. Traducidas al beisbol, sus credenciales le habrían permitido jugar en las grandes ligas o, en el básquet, llegar a la mismísima NBA.

Deja Reinaldo Dipolo un país muy desmejorado en lo que respecta al desarrollo de la ciencia.

Bajos presupuestos, una infraestructura muy venida a menos, equipos obsoletos, laboratorios a media máquina, bibliotecas desactualizadas, disminución de los postgrados, investigadores que prefieren irse al exterior y, como éstas, muchas otras cosas.  Son parte de un amplio expediente de precariedades luego de casi dos décadas de gestión gubernamental, cuya factura el país irremediablemente tendrá que pagar. Un expediente derivado de una estrategia intelectualmente equivocada, voluntarista, muy pagada de sí misma, desfasada respecto a los tiempos actuales, divorciada de la realidad y apoyada en una institucionalidad inestable y cambiante. Un expediente, en suma, que deja ver mucha épica, pero pocas nueces.

Cosa grave ésta, dado que vivimos una época compleja, marcada por el desarrollo tecnocientífico y por la secuela de cambios radicales que genera en lo económico, lo social, lo político, lo ambiental, lo deportivo, lo ético, es decir, en todos los planos de la vida humana, incluso, aunque no reparemos mucho en ello, en el religioso y que, si bien tienen su epicentro en un grupo más o menos reducido de países, no dejan de producir consecuencias relevantes en el resto del planeta.


II.

En el año 2009, en el transcurso de una cadena nacional, el presidente Chávez comparó a un grupo de científicos del IVIC con Ciro Peraloca, antiguo personaje de las historietas cómicas dedicado a inventar cosas extrañas e inútiles. Dijo, palabras más, palabras menos, que esos investigadores se ocupaban de temas ajenos a la realidad del país y no aportaban su conocimiento al desarrollo nacional. “Apriétales las tuercas, Jesse”, le ordenó al ministro Chacón, a la sazón encargado de la cartera de Ciencia, Tecnología e Innovación.

Si la memoria no me juega una mala pasada, fue por esos días cuando el IVIC despidió a Reinaldo Dipolo. Sin que se explicaran claramente las razones, cabe pensar que fue resultado del apretón de tuercas decidido por el presidente para aquellos empeñados en realizar un trabajo que, encima de costoso, no servía y, de paso, alejar a quien se permitía el democrático derecho de pensar distinto a lo que se prescribía desde las alturas del poder en lo que concierne a al desarrollo de la ciencia, la tecnología y la innovación. Sin embargo, la razón oficial por la cual se le prohibió el acceso a su laboratorio fue que no cumplía con el horario de trabajo de la institución, de 8 a 4, según es costumbre en las oficinas públicas.

Vaya manera de entender el siglo XXI, piensa uno.

Harina de otro costal

Todos los venezolanos, estemos o no de acuerdo con terminar el mandato del presidente Maduro, debiéramos ser partidarios de que, cumplidas las exigencias legales, se lleve a cabo el referéndum revocatorio. Este, no hay que olvidarlo, es un mecanismo previsto en nuestra Constitución a fin de resolver situaciones complicadas que afectan seriamente la convivencia nacional. Visto así, independientemente de su resultado, realizarlo es conveniente para el país y tratar de impedirlo es un despropósito político que pudiera derivar en consecuencias muy negativas para todos los venezolanos.

Digo lo anterior porque el diputado Héctor Rodríguez, del PSUV, declaró en una entrevista aparecida en El Nacional que el chavismo va a hacer todo lo posible porque ese referendo no vaya, que eso es algo natural, dentro de las reglas de la política. Imposible, me parece, una opinión más desatinada y anti democrática, aunque explicable en un movimiento político que en sus alforjas sólo guarda el propósito de mantenerse en el poder.