• Caracas (Venezuela)

Ignacio Ávalos

Al instante

Marea en el PSUV

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I.

Apenas fallecido el presidente Hugo Chávez, se inició, como era lógico esperar, pues así ocurre con todos los caudillos, un vía crucis interno en el gobierno y, desde luego, en el PSUV. Su liderazgo único, infalible e inapelable (además de sagrado), permitió la coexistencia, aparentemente tranquila, de una fauna política heterogénea, dentro del marco, claro, de la lealtad incondicional amamantada por el culto a la personalidad. Desaparecido el jefe, no hay manera, entonces, de someter ni de silenciar las discrepancias internas y, menos que menos, de controlar las agallas políticas.

Resulta, pues, que al presidente Maduro se le alborotó el avispero. Han empezado a germinar luchas internas en distintos niveles y ámbitos, luchas que si bien se disimulan, cabe sospechar que se libran a cuchillo. Perogrullo suele decir que así son las disputas por el poder

 

II.

En este contexto salta al ruedo político Marea Socialista, un desprendimiento del PSUV, el primero que aspira a tener cierta envergadura y con ganas, incluso, de asomarse en las elecciones parlamentarias, si por fin el CNE le da luz verde como partido. Salta alegando la falta de oxígeno democrático dentro del PSUV y denunciando, con fuerza, la gravedad de la corrupción y la impunidad que la espolea. Salta, en fin, con la pretensión de encarnar una suerte de chavismo no madurista, una distinción que, de a poquito y sin querer queriendo, se ha venido afilando en la opinión pública simpatizante del oficialismo. 

Así las cosas, debe quedar claro que Marea Socialista no contraviene el legado del presidente Chávez. Al contrario, enarbola sus mismas banderas. Su diagnóstico sobre el país parece concluir que los problemas que nos aquejan son el resultado de haberse apartado del libreto que dejó escrito. En su discurso no se advierte (apenas se observan ciertas dudas menores), respecto a la conveniencia del camino que se ha venido recorriendo desde hace rato. En consecuencia, no alude a la distorsión de las políticas sociales, al sinsentido de nuestra economía, a los errores de nuestra estrategia educativa, a la desmejora en la calidad de nuestra democracia o, por decir algo más, a los riesgos que reviste, de cara al futuro, el bajo nivel de nuestras capacidades científicas y tecnológicas. Se trata de un discurso que, además, padece el mismo despiste político respecto al llamado socialismo del siglo XXI.

 

III.

Marea Socialista no plantea, pues, un corte importante con el chavismo en cuanto a la manera de entender y gobernar el país. Pareciera, perdóneseme si soy injusto, que se cuida mucho de poder usar la franquicia chavista. Asume la inocencia política del presidente desaparecido respecto a casi todo lo que ha venido ocurriendo. No es, por tanto, una opción política en esta encrucijada venezolana. Perdió la oportunidad de reinventarse desde la izquierda. Tiene, para mi gusto, demasiada nostalgia política por Chávez y la nostalgia es mentirosa, según lo estableció García Marquez.

 

Harina de otro costal

En estos tiempos, en otros muchos lados del planeta, se habla de la sociedad del conocimiento. Se habla, pues, de las inversiones en el desarrollo tecno-científico, de la formación de investigadores, de la necesidad de fortalecer los sistemas de innovación, del impacto de la nanotecnología, de la creación de laboratorios, de la economía basada en las neuronas y cosas de parecido tenor. Se habla de ello porque se sabe que de estas cosas están escritos los tiempos que vienen.

Mientras tanto, en Venezuela, se habla de la remuneración de un profesor universitario, la cual bordea actualmente el salario mínimo, un poquitico por arriba en algunos casos, por abajo en otros. Asusta pensar que este pueda ser un tema en nuestra agenda pública del siglo XXI. Pareciera que el futuro nos va a agarrar fuera de base, como a esos corredores que no le prestan atención a las señas que manda el coach de tercera.