• Caracas (Venezuela)

Humberto Valdivieso

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Las profundas superficies de Ángel Hernández

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Se inaugura la exposición Profundas superficies del maestro Ángel Hernández en el Centro de Arte Daniel Suárez en Caracas. Muchas razones invitan a visitarla, otras tantas a conocer este maravilloso centro-taller en La Florida. Sin embargo, darse un tiempo para experimentar y pensar la imagen contemporánea, y conectarse con una propuesta capaz de mantener diálogos sinceros con el presente sin acudir al panfleto, la literalidad y el escándalo es la mejor excusa para aceptar esta cita. El espectador encontrará ahí el resultado de un proceso de pensamiento, diseño y manufactura de la imagen propio de una obra madura, sustentada en procesos creativos adquiridos con los años y coherente con los retos e influencias que han acompañado a este artista toda su vida: estudios en arquitectura y arte, docencia, exposiciones en América y Europa, investigaciones sobre la perspectiva y la mirada del espectador, influencias de maestros antiguos y modernos, y su relación con el grupo Madi.

Las obras de Hernández no tienen relación alguna con la inspiración, son producto del trabajo. Están precedidas de bocetos rigurosos y tiempo reflexivo. El estudio analítico del espacio y del color le permitieron desplegar ese cosmos en movimiento que llena todas las salas. Es un laberinto geométrico hecho de laberintos, un trabajo híbrido, constituido por múltiples dimensiones: físicas, biológicas, psicológicas, poéticas y espirituales. A su interior las superficies planas de las obras se convierten en ecosistemas estéticos, en profundos universos virtuales. En la muestra, todo ha sido pensado y ensamblado para derribar los hábitos y socavar la comodidad de las miradas pasivas; para percibir cómo el espacio, el tiempo y las ideas preconcebidas sobre el arte se transforman en las obras.

 

Diálogo con el presente

¿Por qué Profundas superficies es una muestra contemporánea? Podemos decir que recoge y actualiza conceptos y experiencias presentes en las vanguardias del siglo XX: participación del espectador, autonomía del discurso plástico, gusto por la transgresión e investigación experimental. Sin embargo, hay algo más: las obras son propias de una poética del fragmento y del infinito; dos tendencias arraigadas en el arte de nuestro tiempo.

La ciencia y la tecnología de los últimos dos siglos le han otorgado a la conciencia humana un prodigio singular: la experiencia de lo invisible. Hoy la vida está sujeta a escalas vedadas a los sentidos: lo más pequeño y lo más grande del universo. Sabemos de la inmensidad del cosmos tanto como de las partículas subatómicas. Y aunque ambas son inabarcables las hemos ido ensamblando a través de fragmentos.

Las obras de Ángel Hernández tienen relación con ese juego de escalas. Ellas se comportan como las galaxias: sistemas que contienen sistemas. Como las partículas subatómicas: invisibles, indeterminadas y en constante movimiento. También como el microcosmos humano de la vida diaria: cambiante e interactivo. Su fundamento no está en el objeto físico expuesto sobre la pared, lo hallamos en la profundidad virtual de la geometría y en el conflicto “retinal” de la mirada. El espacio aparentemente plano se torna infinito porque el artista, con sus artilugios estéticos, engaña a la retina, la expulsa de lo cotidiano y le hace ver lo invisible. Ahí se revela una poética del instante, del juego y de la crisis del espacio habitual. La propuesta de Hernández nos hace imaginar pequeñas grietas sobre la pantalla de la realidad. Nos permite encontrar, a través de ellas, las cualidades ocultas, invisibles, de la constitución misma del cosmos.

La tarea del espectador en Profundas superficies no es entender sino aceptar las condiciones de ese juego y transformar su experiencia de vida. Por eso nunca se está frente a la obra; con respecto a ella no hay distancias, ni límites y mucho menos mandatos exteriores. Todo está en su interior, incluso nuestra propia condición humana.

El filósofo norteamericano C. S. Peirce dijo que el “placer es el único resultado concebible que se satisface consigo mismo”. El único resultado del arte es que sea arte, y para esta muestra es que la superficie sea realmente una infinita profundidad. Ángel Hernández, en complicidad con el Centro de Arte Daniel Suárez, ha creado un espacio contemporáneo, un fragmento del universo donde lo esencial es la libertad y la transformación.

hvaldivieso@gmail.com