• Caracas (Venezuela)

Humberto Valdivieso

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Si Venezuela no existiera, no existiría Santiago Pol

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Santiago Pol realizó su primer cartel, Semana del INCIBA, en el año 1968. Estaba recién llegado de sus estudios de artes plásticas en París. En el vuelo de regreso a Caracas decidió convertirse en diseñador de carteles, un formato rentable y propicio para la libertad creativa. Comenzó su carrera en el Instituto Nacional de la Cultura y Bellas Artes (INCIBA) y hoy, cuarenta y siete años después, con más de 500 carteles en su portafolio y abundantes piezas de diseño corporativo y editorial, es uno de los comunicadores visuales más relevantes de Latinoamérica y el mundo. Ser miembro del catálogo de la exquisita Alianza Gráfica Internacional, estar incluido en el libro Latin American Graphic Design de Taschen y aparecer en la reciente lista de Cato Brand Partners que recoge a los doscientos cincuenta mejores diseñadores del mundo dan cuenta de ello. Numerosas razones técnicas, estéticas y conceptuales justifican estos logros. Todas aparecen en un libro que aún está en el horno del proceso editorial, esperamos algún día tener el apoyo necesario para sacarlo de ahí y servirlo en la mesa de los amantes de las artes gráficas. Mientras tanto, dejaré algunas de ellas en esta pequeña columna de opinión. 

La carrera de Pol ha estado centrada en productos y bienes culturales. Los motivos de sus trabajos no son perfumes, autos o zapatos sino Venezuela, México y Francia; Berlín, Caracas, París y Beijing; El Quijote y la poesía venezolana; el cine venezolano, latinoamericano y europeo; la danza contemporánea; las bellas artes y la artesanía; las universidades; la música de las orquestas sinfónicas y el jazz; la gastronomía y el Metro de Caracas. Cuando elabora un cartel tiene el reto de pensar más en la belleza, la paz, los ideales, el sabor, el clima, las miradas y el amor que en productos comerciales. Sus obras expresan las creencias y emociones de pueblos enteros, de valores humanos donde la información funcional es minimizada con respecto a la fuerza creativa. Diseñar centrado en la cultura siempre le ha ubicado frente a un reto con múltiples compromisos: cumplir con la institución que lo contrata, sorprender a la gente en las calles y comprometerse con la memoria colectiva de una región o un país.

Los emblemas del Consejo Nacional Electoral, el Orfeón Universitario y la Dirección de Cultura de la UCV; los carteles del Festival Internacional de Teatro de Caracas, Festival de Cine Latinoamericano de Trieste y la Cinemateca Nacional; el diagrama de las líneas 1 y 2 del Metro de Caracas de 1982, la campaña Valores en Tránsito de la UCAB, los carteles para Expo Shanghai 2010, las Olimpiadas de Beijing, la ONU y los congresos de la Alianza Gráfica Internacional; las nueve portadas de discos para agrupaciones como Dimensión Latina y Serenata Guayanesa; las veinte estampillas venezolanas de distintos motivos, la portada de la revista Feriado del diario El Nacional en su décimo aniversario y la Edición Aniversario del diario El Universal en 1994; los carteles para RCTV y el Colegio Nacional de Periodistas; los libros de Margarita D’Amico y J.J. Castro, los carteles para Marcel Marceau, Sara Vaughan, Francisco Bellorín, Jorge Luis Borges y Gutemberg entre otros; y hasta uno sobre sí mismo diseñado para Autojalada, una tesis audiovisual de la UCAB, son respuesta a ese reto de múltiples compromisos.

Sus carteles le han otorgado galardones nacionales e internacionales, lo han incluido en las colecciones de artes gráficas del Museo Carlos Cruz Diez en Caracas, del MOMA en Nueva York, del Museo de Artes Decorativas y del Afiche en el Palacio de Louvre en París, del Israel Museum en Jerusalem, del Museo del Afiche de Polonia y de la National Library de Washington entre otros. Le otorgaron la membresía honoraria de la Bienal del Cartel en México y lo llevaron a representar a Venezuela en la 51ª Bienal de Venecia.

Todos estos logros parecieran suficientes a la hora de justificar la carrera de un maestro de las artes gráficas. Sin embargo, hay algo más profundo, menos técnico y oculto a la formalidad de los títulos: sin importar el tema sus carteles reflejan con pasión el color, el calor y el amor de nuestro país. Él mismo lo ha dicho en varias oportunidades: “Si Venezuela no existiera, no existiría Santiago Pol”. 

hvaldivieso@gmail.com