• Caracas (Venezuela)

Humberto Valdivieso

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Educación y diseño hoy: nuestro planeta en crisis

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En el artículo anterior diserté sobre la necesidad de formar comunicadores visuales dispuestos a escuchar y hablar; profesionales abiertos al diálogo social y a la integración con las comunidades. Propuse dejar de lado el desarrollismo autoritario y transformar el ego de la actitud “creativa” en talento para trabajar en equipo y disciplina para la investigación. Hoy necesitamos más lectores y menos inspirados, más dudas y menos afirmaciones, más inteligencia y menos recursos, más relaciones y menos  herramientas. Saber leer libros y documentos, espacios urbanos, entornos naturales, datos científicos, emociones y necesidades humanas, tiene un valor incalculable en el desarrollo de un proyecto. Me refiero a una lectura activa, analítica; subversiva. También precisamos de profesionales entrenados para la escucha, capaces de cambiar territorios hostiles en oportunidades para el intercambio.

Es muy difícil decir algo útil sin haberse involucrado primero. Y no es posible involucrarse sin haberse ganado la escucha; sin tener la confianza del espacio y sus habitantes. Ronald Shakespear, maestro del diseño bonaerense, dice sobre “hacer legible la ciudad” lo siguiente: “Cuando me enfrento a un problema, empiezo con la audiencia, la gente. Entender a la audiencia implica descifrar sus códigos. Ellos me ayudan a definir el problema. En definitiva, el diseño es para ellos”.

Un primer paso en esta dirección pide ubicarse en el contexto del siglo XXI. El mundo está compuesto por sociedades complejas: la ciencia, la tecnología, el intercambio inmaterial, las ambiciones desmedidas y la intolerancia han transformado las relaciones, las identidades, las formas de consumo y los modos de habitar el planeta. Hay ganancias y pérdidas como en todas las épocas, pero hoy ocurren a velocidades inimaginables. 

Las crisis ya no son eventos excepcionales sino formas de vida. Mario Vargas Llosa habla de sociedad del espectáculo, Zygmunt Bauman de sociedades líquidas y Alain Touraine afirma que “la sociedad ya no existe”. Toda crisis acarrea desplazamientos y estos generan necesidades: establecer nuevos conceptos, responder de forma distinta y adecuar la percepción a los lenguajes emergentes. La vida cotidiana está en constante reacomodo, los ciudadanos transitan por espacios y tiempos múltiples, y se han acostumbrado a la desigualdad. El filósofo Antonio Pasquali dice que estamos en la “era de la velocidad y el jadeo”: pensamos poco y nos expresamos a base de fragmentos.

El consumo también ha cambiado, las audiencias son los nuevos lobos. La tecnología instauró la movilidad y modificó las relaciones de poder. Para Moisés Naím “la conversación es ahora, por necesidad, entre muchos”. El individuo pasivo frente a los medios tradicionales se convirtió en cazador. Antes pastaba  en las praderas de la cultura de masas y era presa fácil de las industrias culturales. Las redes sociales y “el Internet de las cosas” dispersaron las pasivas manadas y las volvieron depredadores.

Consumir ya no es recibir, es buscar. Sin embargo, este nuevo poder de las audiencias no trajo una utopía sino un campo de batalla; las corporaciones han respondido con nuevas estrategias de seducción y dominio.

Antonio Pasquali en Bienvenido Global Village afirma que la ciudad contemporánea ofrece “cada día mayor abundancia de comunicaciones vicariales, seudo comunicaciones o erzatz de diálogo y de contacto, y cada día menos ocasiones de sentirse prójimo de alguien”.  La abundancia de medios y datos parecieran aumentar el aislamiento y la exclusión. Sociedades moviéndose a grandes velocidades no son necesariamente sociedades más justas. Tal vez nuestro mundo no ha dejado de ser el que describen los versos de Eugenio Montale: “Existe un solo mundo habitado/ por los hombres/ y esto es más que cierto/ un solo mundo, un globo en el cual la cacería al hombre/ es el deporte en el que todos están de acuerdo”. Sin embargo, no tenemos otro y a este debemos responder.

Situados sobre las condiciones de nuestro planeta en crisis, debemos apostar a premisas indispensables para integrar la educación en diseño a la innovación social y al emprendimiento de las comunidades. Aprender a leer,  a dialogar y a narrar es esencial para lograrlo. Sobre esto hablaremos en el próximo artículo.  

hvaldivieso@gmail.com