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Humberto Márquez

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Humberto Márquez

La antipática prensa internacional en Venezuela

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Diez años demoró el fallecido presidente Hugo Chávez en ganarse la antipatía de una buena parte de la prensa internacional. Su sucesor, Nicolás Maduro, diez meses.

Como periodista cubrí algunas de las presentaciones internacionales de Chávez. Al principio, vi a colegas de otros países que, ante sus respuestas o declaraciones, hacían a un lado libretas y grabadores, sin poder reprimir las ganas de aplaudir. Unos años después, asaeteaban al mandatario, inquiriéndole sobre derechos humanos, yerros políticos, por sus pleitos con Vicente Fox, Álvaro Uribe, Alan García o el rey Juan Carlos, y soportando con expresión incrédula lo que replicaba el comandante.

Era Chávez un formidable portavoz de sus propios puntos de vista. La prensa internacional lo acogió, a veces hasta con júbilo. Pero cuando presentó sus verdades como hechos, esa prensa global prefirió ver con sus propios ojos y oídos la situación del país y la América Latina que describía el comandante. Por cierto, como él solía repetir: “El que tenga ojos que vea…”.

Ese líder no se resignó. Promovió leyes, empujó el cierre de medios que lo adversaban, creó la cadena Telesur, estableció una red gubernamental y comunitaria de medios, multiplicó sus alocuciones encadenadas, sostuvo Aló, Presidente, usó profusamente tribunas internacionales… Pero el dorso de ese esfuerzo fue, de cara a la prensa global, la falta de una política informativa y de relación constructiva con los medios, por parte del Estado. Sus responsables no pudieron hacerla, o sintieron que no debían, no querían, o no sabían, o se concentraron en sus propios medios y en los quehaceres de la burocracia.

Así, hemos tenido más consignas que datos, más propaganda que información, más declaraciones que demostraciones, más retórica que concreciones, “mucha pluma y poca carne”, como el refrán dice. Emblemático, y paradójico, que se padezca opacidad en logros que se vocean, como la recuperación de millones de hectáreas para los campesinos y su conversión en fincas productivas, o la explotación de hidrocarburos con riguroso respeto de normas ambientales. ¿Y por qué cuesta tanto que declaren abiertamente los médicos cubanos en Venezuela?

Sí, los medios globales han visto campañas electorales, comunas, misiones, cifras de alfabetización, canaimitas, metrocables. Consideran las versiones oficiales, pero no pueden solo repetirlas o reiterarlas sin traicionar sus deberes para con sus públicos. Y tienen la obligación de recoger e informar cifras y hechos de violencia, las contradicciones de política económica, la inflación, el desabastecimiento, el control cambiario, los desastres ambientales, las violaciones de los derechos humanos, los padecimientos de los medios de comunicación, las tribulaciones de alcaldes y gobernadores, las estridencias en el Parlamento, el rechinar a veces de la política internacional, las postergadas demandas de los pueblos indígenas.

Ese panorama recibido por el presidente Maduro no ha tenido cambios sustantivos. ¿Dónde está una nueva política hacia los medios internacionales, cuáles son las medidas positivas, propositivas, para favorecer su trabajo, incluso para acompañarlo? Ejemplo entre muchos: como las largas cadenas, las “ruedas de prensa” con respuestas de una hora de duración a preguntas sencillas y concretas son intraducibles al lenguaje de la prensa internacional. Pero se siguen convocando y realizando.

Los medios han sido señalados como partícipes, cómplices, agentes o protagonistas de las maldades que desde el exterior se quieren hacer sobre este país, dicen en las alturas del poder y repiten escaleras abajo en la pirámide estatal. Puede que las líneas editoriales de algunos medios internacionales sean opuestas a la ideología y políticas de quienes gobiernan en Venezuela. ¿Cuál es el problema, si en un mundo con tantos medios la pluralidad es campo fértil para la verdad? Puede que algunos periodistas agreguen pasión crítica a su trabajo. ¿Y? ¿No son esas oportunidades para contrarrestar, mostrando con datos duros y una conducta aperturista la verdad gubernamental? Descalificar al conjunto, meter a todos en el mismo saco, sembrar dudas sobre el profesionalismo de los corresponsales no son respuestas que conduzcan a resultados positivos, es decir, favorables al derecho que tienen los públicos de estar adecuadamente informados.

El lugar común de arrojar culpas sobre medios y periodistas internacionales, trillado durante 2013, se convirtió en una palanca o recurso del gobierno al confrontar con sus opositores que tomaron las calles este febrero. El cenit del asunto se alcanzó al cerrarse para los venezolanos la señal de NTN24, canal de noticias basado en Bogotá, y colocarse bajo observación a la estadounidense CNN en Español y a sus enviados y corresponsales. Hubo otras agresiones a los reporteros de medios internacionales. Entre muchas quejas estuvieron las de la asociación que agrupa a los corresponsales en Venezuela y la de la Unión Suramericana de esas asociaciones.

¿Y medidas de política? Del lado oficial no llegan disculpas, cambios efectivos o al menos llamados de las altas autoridades y del liderazgo político y de las fuerzas de seguridad para que se respete el trabajo de la prensa internacional. Un error sobre otro, y sobre el segundo, otro. Parece que no se entiende que la manera de salir del foso informativo no es seguir cavando.