• Caracas (Venezuela)

Humberto Márquez

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Humberto Márquez

Unasur y periodistas

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La resaca de la Cumbre de las Américas, y los reflectores regionales alumbrando los encuentros Cuba-Estados Unidos y los desencuentros Venezuela-España, darán paso, en las semanas y meses por venir, a la presencia (o ausencia) de Unasur (Unión de Naciones Suramericanas) en los acontecimientos políticos venezolanos.

Los 12 países de la Unasur –es decir, sus 12 gobiernos– designaron una troika, las cancillerías de Brasil, Colombia y Ecuador, para ocuparse de “promover el diálogo” entre los contendores políticos en Venezuela. Esa fue una manera a la vez práctica y limitada de ocuparse del tema venezolano.

Práctica porque, obviamente, no puede congregarse una docena de cancilleres para constatar a cada paso la evolución (o involución) del acontecer político venezolano, y el trabajo se encomienda a tres cancillerías cercanas por su geografía, intereses o simpatías. Limitada porque no pueden ocuparse de los muchos “rollos” de Venezuela sino solo de los aspectos relativos a la mayor conflictividad política.

Es de suponer que, de común inteligencia, las tres cancillerías han dispuesto hacer de la discreción y parquedad una doctrina para el tratamiento de la política venezolana. Los malpensantes tienen derecho de suponer que prefieren que los venezolanos primero (se) cocinen (en) su propia salsa.

Se prevé una elección parlamentaria y un acompañamiento de Unasur a ese proceso, en el marco de una situación de anomia con indicadores asaz conocidos de inflación, carestía, desabastecimiento, controles estatales, restricciones a libertades económicas vigentes en la mayor parte de la región, deficitarios servicios públicos esenciales, reclamos ante retrocesos en materia de libertad de expresión, judicialización o militarización de la vida política y asedio de la criminalidad sobre la población común.

Si los cancilleres apuestan por la discreción y la parquedad, hay otros observadores de su misma materia que trabajan con diferentes visiones y perspectivas. Son los profesionales de la prensa, que no se deben a los gobiernos ni a las nociones de estabilidad favoritas de los Estados, sino a los públicos a los que sirven y por cuya preferencia compiten.

Los cancilleres tienen su ritmo. La opinión pública el suyo.

De los comunicadores que se ocupan de mantener informada y con elementos de valoración a la opinión pública vale la pena destacar, sobre esta materia, el papel que cumplen los corresponsales de la prensa internacional. Por una razón elemental: son los encargados de llevar información y opinión a los públicos de las naciones suramericanas, es decir, a los pueblos que eligen los gobiernos de los que son parte los cancilleres.

Estos asuntos, propios del abecé de la política y la comunicación, no merecerían insistencia si no fuera porque la realidad, y más concretamente la calle, a menudo los ponen en cuestionamiento, como con ganas de echarlos al olvido: el año pasado la agitación política vivida en medio centenar de ciudades de Venezuela –y con el lamentable saldo de víctimas conocido– produjo decenas de obstrucciones al trabajo de la prensa y agresiones a periodistas.

Los corresponsales de la prensa internacional encajaron su dosis de agresión.

Entre los periodistas existe, obviamente, aprehensión ante la perspectiva de que el discurso de confrontación que rige la lucha política en Venezuela, a las puertas de un proceso electoral, se traduzca en la calle en nuevas agresiones sobre su trabajo, sus equipos y sus personas.  

Desde la Asociación de la Prensa Extranjera en Venezuela y la Unión Suramericana de Asociaciones de Corresponsales se han enviado mensajes solicitando a las autoridades y actores políticos que incluyan en su discurso llamados al respeto por los profesionales de la prensa y por su trabajo.

También a la troika de cancilleres y a la Secretaría General de Unasur. Esos diplomáticos tienen la posibilidad de influir y la oportunidad de relievar los mandatos que han recibido si oportunamente advierten en contra de los excesos y en favor de libertades, tolerancia y respeto para quienes con la comunicación como herramienta sirven a sus mismos pueblos.

Su palabra en ese sentido puede apalancar el resto de su trabajo y subrayar su interés por Venezuela. Ojalá.