• Caracas (Venezuela)

Humberto Márquez

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Brochazos sobre el Esequibo

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Guyana no cederá “ni una pulgada” de su territorio, dijo a periodistas el entonces presidente Forbes Burnham, en el Hotel Tamanaco de Caracas el 3 de abril de 1981.

Para que no quedasen dudas, Burnham evocó que si Venezuela reclamaba 3/5 de territorio guyanés, Guatemala reclamaba “5/5” de Belice. Sin conseguir nada.

Burnham visitó Venezuela y su anfitrión Luis Herrera Campíns le comunicó la decisión de no prorrogar el Protocolo de Puerto España, que congeló durante 12 años (1970-82) la reclamación venezolana.

Por cierto, Burnham murió de un infarto que siguió a una operación de garganta, ejerciendo la Presidencia el 6 de agosto de 1985. Entre quienes le atendieron había médicos cubanos.

David Granger, nuevo presidente de Guyana, pertenece a una alianza política fundada sobre lo que fue el partido Congreso Nacional Popular (PNC), de F. Burnham.

El descongelamiento del diferendo dio paso a otra glaciación, la de los buenos oficiantes (todos oriundos del Caribe angloparlante), que ha durado desde 1983 hasta nuestros días.

El protocolo siguió a cuatro años (1966-70) de fracasos en dialogar o reunirse una comisión mixta que no pudo hallar un “arreglo práctico” del diferendo.

Es que la controversia, según el Acuerdo de Ginebra, surge de la contención venezolana de que el Laudo de París de 1899 es nulo e írrito. Guyana sostuvo siempre que entonces debía probarse primero que dicho laudo era nulo y sin valor.

La controversia pudo surgir una vez que el abogado Otto Schoenrich publicó en 1949 el famoso Memorando de Severo Mallet-Prevost, que narraba trapisondas en que incurrieron los jueces que trazaron la frontera en 1899.

Pero la sustanciación del reclamo venezolano fue sobre todo obra de dos jesuitas, Pablo Ojer y Hermann González Oropeza, que investigaron los archivos británicos sobre la materia, desclasificados medio siglo después de la herida causada a Venezuela.

Ya que Guyana quedó con la administración del territorio en disputa, el presidente Raúl Leoni ordenó patrullar como venezolanas las aguas atlánticas frente al Esequibo.

Desde entonces, y más con el Derecho del Mar y los hallazgos de hidrocarburos costa-fuera, avanzó en Venezuela la tesis de reivindicar “una salida al Atlántico” y áreas marinas y submarinas, como parte del reclamo, y una vía para su “arreglo práctico”.

Al embestir contra la Exxon, beneficiaria con su socia china Cnooc de concesiones costa-fuera, el actual gobierno de Venezuela da protagonismo al espacio marítimo.

En el espacio terrestre hay mucho por reivindicar. Desde la necesidad de una reparación para Venezuela, cuyo territorio continental no ha hecho sino encogerse al paso de los siglos, hasta la protección del ambiente y de las comunidades indígenas.

Por cierto, el fallecido historiador Daniel de Barandiarán, cuando visitó la Guayana Esequiba, encontró comunidades indígenas enteras devotas de la Virgen del Valle.

Esa advocación de la Virgen María es patrona del oriente venezolano. Desde los tiempos de la colonia los misioneros esparcieron la fe católica por todas las Guayanas.

Barandiarán llegó a sugerir que un “arreglo práctico” de la controversia encuadrase a esas comunidades dentro de las fronteras de Venezuela.

Guyana, con 214.970 km2 de superficie, encaja la reivindicación venezolana sobre 159.500 (74% de su territorio). También Surinam reclama la región de Tigri o New RiverTriangle, sureste guyanés de aproximadamente 15.600 km2.

De modo que si Guyana devolviera todo a sus vecinos quedaría con menos de 40.000 km2. Sería apenas una franja al este del río Esequibo en el mapa suramericano. Y Caracas debería entregar a Brasil parte del territorio recuperado, con aguas que van al Amazonas.

Pero Guyana no ha cedido ni un milímetro, “ni una pulgada”, como diría Burnham, y sube la apuesta: no quiere más buenos oficiantes, sino dirimir el asunto judicialmente.

En el plano regional, Venezuela ha sido solidaria con Argentina por Las Malvinas, un conflicto emparentado con el suyo por el Esequibo; con una salida soberana al mar para Bolivia, “la hija predilecta del Libertador”, y con la independencia de Puerto Rico para mantener a la isla en el regazo hispanoamericano al que ha pertenecido por siglos.

Queda por ver cuáles posiciones adoptarán respecto del Esequibo los nacionalistas que reivindican la historia en Buenos Aires, en La Paz y en el Caribe de habla castellana.

@hmarquez26