• Caracas (Venezuela)

Humberto González

Al instante

La muerte del diálogo abrirá el camino a la negociación

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El diálogo promovido por el gobierno murió al nacer. Concebido por el régimen como una estrategia política y mediática para tratar de liquidar el referéndum revocatorio no podía tener otro final. Esta estrategia también intentaba aliviar las presiones de la comunidad internacional sobre Venezuela para que cumpla con su propio ordenamiento jurídico y se ocupe de resolver su crisis. Aquí entran incluso países amigos del gobierno venezolano para quienes cada día es más difícil justificar su solidaridad automática con la revolución bolivariana.

Cada vez que una crisis política amenaza las bases del régimen este trata de abortarla diluyendo esa energía en falsos esfuerzos de concertación. En este sentido, se repite el mismo patrón de conducta del gobierno en 2002 y 2014. Los diálogos de entonces simplemente sirvieron para tomar una foto de representantes del gobierno y la oposición sentados en una mesa. Imagen que sería luego utilizada por el gobierno para tratar de desacreditar a la oposición ante sus propios seguidores presentándola como débil y conciliadora.

Para quienes luchan encarnizadamente por mantener o tomar el poder no es posible invocar el diálogo como un esfuerzo para salvar el país del casi inevitable desastre nacional. Eso sería loable. Pero en estas horas de oscuridad no hay espacio para la ingenuidad ni las buenas intenciones. La realidad es que tanto gobierno como oposición están embarcados en una guerra a muerte que esta vez parece definitiva. Y la lógica que se impone en ambos bandos es salvar sus propios ejércitos para luego tratar de salvar el país.

En este contexto, el diálogo más que una oportunidad para pacificar el país y recuperar la gobernabilidad es un teatro de operaciones para ensayar ejercicios militares más complejos. Para el gobierno sólo tiene sentido en la medida que ayude a liquidar el Referéndum Revocatorio y que la maniobra sea reconocida como legítima por la comunidad internacional. Para la oposición, el diálogo sólo tiene sentido si logra concretar la convocatoria al Revocatorio. Ninguno tiene incentivos reales para sentarse a dialogar.

El grupo de ex presidentes mediadores ha invertido más esfuerzos en las formas que en el fondo del conflicto. La inclusión del Vaticano en el grupo de acompañamiento y el cambio de República Dominicana como sitio de reuniones han sido presentados como avances importantes que en realidad no son tales. Aún hay condiciones de forma esenciales que no han sido resueltas y que son absolutamente rechazadas por el gobierno tales como la participación de la OEA en el grupo de acompañamiento. El tiempo se agota y todavía no se comienza a discutir la agenda que podría abordar ese diálogo.

Con el referéndum revocatorio como piedra de tranca es prácticamente imposible que el diálogo se pueda materializar. Esto pone al gobierno en situación de tomar ciertas decisiones para liquidar el Revocatorio por otras vías. Tendrá que resolver si es el CNE o el TSJ quien le de la estocada final. Esto vendría con un importante costo político que el régimen trata de evitar. No solo es decretar la muerte del chavismo como movimiento político al negar una salida democrática a la crisis, también es quedar ante la comunidad internacional como lo que es, en esencia una dictadura con velo democrático.

El fracaso del diálogo y la virtual liquidación del Referéndum Revocatorio agotarían todas las vías institucionales para salir de la crisis social y política. La escalada autoritaria del régimen lo llevaría a tomar medidas irracionales, unas más suicidas que otras. Este es un escenario de ingobernabilidad y caos social donde todos, gobierno, oposición y pueblo, perdemos.

Es posible que sobre las cenizas del diálogo y al calor de la tragedia nacional surjan los incentivos para que estos actores entablen una negociación pragmática que respete los ámbitos de cada uno, establezca las bases de cohabitación y conduzca a una eventual transición política negociada.

Pero a esto no se llegará por obra de los buenos deseos en una mesa de conversación, sino por la dramática fuerza de las circunstancias.

@humbertotweets