• Caracas (Venezuela)

Hildegard Rondón

Al instante

A la memoria de Francisco López Herrera

  • Tweet:

  • Facebook Like:

  • Addthis Share:

Hay maestros que marcan la vida de sus estudiantes, independientemente del nivel de enseñanza en el cual operen. Para quienes fuimos alumnos de Francisco López Herrera, él será siempre uno de esos grandes formadores de los abogados de Venezuela porque tenía las condiciones para ello y, además, era titular del elemento fundamental de la enseñanza universitaria que es la universalidad conceptual, que impide que un especialista sea tan solo eso, ya que lo transforma en un humanista del derecho.

Para dejar huellas como profesor universitario es esencial la altura de los conocimientos que esté dispuesto a ofrecerle al estudiantado; la buena documentación con que acompaña cada una de sus enseñanzas y, naturalmente, algo que es esencial en todo pedagogo, el arte de enseñar, porque el dar clases exitosamente supera la barrera técnica para entrar en el campo más exigente de la capacidad de transmisión cognoscitiva.

Francisco López Herrera estuvo en el grupo de los brillantes juristas que conformaron la élite del profesorado jurídico de la Facultad de Derecho de la Universidad Central de Venezuela.

Es muy fácil conocer la biografía de Francisco López Herrera “cliqueando” simplemente su nombre en Google. Aparecerán así todos los detalles de su carrera, de su labor bibliográfica y de su desempeño profesional. En esta breve reseña que quiere rendirle homenaje a su memoria voy a hablarles de lo que no aparece cuando enuncias su nombre por Internet, y que es lo más importante de su trayectoria. En efecto, fue un modelo del profesional venezolano, consciente de sus grandes obligaciones para con la sociedad y depositario de las mejores virtudes del intelectual criollo, profundamente amante de todo aquello que le fuera conferido: un país hermoso; una familia unida estrechamente; una relación matrimonial larga y profunda y un trato humano, generoso y cordial.

Por lo que atañe a su hermosa familia, basta señalar sus 62 años de casado con Mercedes Fonseca Bazo de López, en una unión estrecha, amorosa y serena, y la sucesión de seis hijos; diecisiete nietos y cuatro bisnietos, todos ellos conformados bajo los valores sabios y prudentes de un triunfador en la vida privada y en la vida profesional. ¿A qué se debe esta riqueza de efectos? Se debe a su carácter disciplinado; a la conformación rigurosa de sus principios éticos; a la existencia de un ámbito familiar bien constituido y armonioso, a su amor hacia los niños; a su gusto por la música actual, la que nos comunica con la realidad existente, la que habla de las cosas hermosas, y nos permite escuchar a los grandes intérpretes.

No es posible dejar de señalar el significado que su obra jurídica tuvo en el campo del derecho, tales como. La nulidad de los contratos en la legislación civil de Venezuela (1952); Anotaciones sobre derecho de familia (1970); El régimen legal de la adopción en Venezuela (1974); Estudio sobre derecho de familia (1998 y 2001); y, El derecho de sucesiones (cuya última edición, 2003, tengo en mis manos), en el cual eleva su obra a la altura de los grandes tratados especializados, no solamente por la tecnología de la exposición, sino también por el lenguaje utilizado, por el carácter exhaustivo del tratamiento de los temas, por la presencia de todas las nuevas doctrinas que aparecen a lo largo de los años recientes en la materia y, sobre todo, por el acierto de ofrecerle a los jueces, a los estudiantes y a todo aquel que se tropieza en la vida con un régimen sucesoral, la posibilidad de conocer cuáles son los elementos que lo constituyen; donde están las vías expeditas y donde esos nudos conceptuales que es necesario desatar para entender a cabalidad el sistema jurídico. Con la obra de Francisco López Herrera en el campo del derecho de familia y el derecho de sucesiones, se le ha dado luz y brillo a la bibliografía venezolana para equipararla a lo más actual.

Con todo lo antes dicho, podemos entender que el tránsito vital de López Herrera fue luminoso y memorable, constituyendo un motivo de orgullo para Venezuela.