• Caracas (Venezuela)

Henríquez Arsenio

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Existe la idea generalizada de que el origen de la actual crisis venezolana es la economía. Que la inflación, la devaluación y los bajos precios del petróleo son esencialmente la causa del caos y el desastre que viven los ciudadanos venezolanos. Vale decir, se analizan las consecuencias sin estudiar las causas.

Pero un estudio de la realidad puede determinar que el origen de nuestra crisis está ligada a tres instituciones de la política: el Estado, el gobierno y la Presidencia.

El Estado es una  institución política explotadora, expoliadora y parasitaria, cuya mejor virtud es la de servir a una élite gobernante de turno. Un artificio, una máquina, un instrumento para ejercer el poder.

El gobierno se caracteriza por ser un grupo de políticos sin valores éticos, incapaces e ineficientes, cuyo fundamental propósito es salvaguardar sus intereses de grupo, y personales.

No existe en estas dos instituciones dicotomía alguna, todo lo contrario, confluyen en una legitimidad constitucional que las blinda y protege de toda protesta que puedan hacer los ciudadanos y la sociedad civil.

Ahora bien, estas dos precitadas instituciones políticas son dirigidas por el presidente de la república, que de conformidad con la Constitución es el jefe del Estado y el jefe de gobierno, y en razón de lo cual tiene poderes exacerbados, determinantes y vinculantes.

Como diría Álvaro d’Ors, un verdadero rey sin corona. Es el funcionario con mayor responsabilidad en la dirección política del Estado y del gobierno, y por ende el principal culpable de la devastadora situación que vive el país.

Desde la Presidencia se vulneran los derechos de los ciudadanos cuando se legislan leyes habilitantes contrarias a los intereses de los consumidores y de los empresarios; se regula, se controla y se prohíbe el libre desenvolvimiento del mercado y la libre competencia empresarial; se dictan leyes laborales que perjudican a los trabajadores y patronos, y se persiguen a políticos y empresarios de oposición.

Estas tres instituciones políticas son una verdadera perversión, que significa el origen de la tragedia que vive nuestro país y para la que, con toda seguridad y urgencia, los venezolanos tenemos que buscar una alternativa.

En razón de lo anterior se hace necesaria una revolución constitucional que reduzca y limite los poderes del Estado, del gobierno y del presidente, y fortalezca los poderes legítimos de los ciudadanos y de la sociedad civil. Es decir, producir un cambio sustancial en lo conceptual de nuestra Constitución para darle vialidad al desarrollo de los derechos de los ciudadanos con instituciones verdaderamente democráticas y participativas.

 

*Abogado