• Caracas (Venezuela)

Henrique Salas Römer

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Henrique Salas Römer

¿Como perros y gatos?

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Hace poco falleció un amigo muy cercano, un hombre que, habiendo ocupado posiciones relevantes desde su juventud, era dueño de una proverbial humildad. Tenía además una característica singular. Acompañaba sus relatos con sonidos que le daban vida a la narrativa, vocalizando con naturalidad el crujir del piso, algún gruñido...

—¿Tú sabes por qué los perros y los gatos pelean? –Conversábamos tranquilamente un atardecer cuando me sorprendió con la pregunta–. Te explico, cuando el perro va a atacar, baja la cola, en cambio cuando el gato se enfurece, la sube. No son enemigos, es un problema de comunicación... no se entienden.

Le preocupaban disputas insensatas como las que hoy nuevamente están presentes. 

Con motivo al diálogo, por ejemplo, ha regresado la noción de que en política “todo es negociable”. Fue en 2004 cuando lo escuché por vez primera. Se habían recogido firmas suficientes para llevar a Hugo Chávez a un referéndum revocatorio, pero de estas, el CNE desconocía más de 1 millón, pese a haber sido consignadas a la luz del día, en papel bancario, en presencia de testigos de las partes y de observadores internacionales. Yo era miembro del G-5, la comisión que lideró el proceso, y la insistencia en renunciar a derechos ya conquistados para buscar una solución negociada me pareció indigna.
No recuerdo bien si en aquel momento me sentí perro o me sentí gato, pero lo cierto es que señalé airada y públicamente que “los principios no se negocian”, pronunciamiento que no sirvió de nada, pero que a propósito del nuevo “diálogo”, ha vuelto a resurgir.

El asunto viene a cuento porque esta semana se ha señalado que algunos partidos que hacen vida en la MUD mantienen una posición contraria al diálogo, violando las normas establecidas. La verdad es que allí no existen normas que no sean para concurrir a elecciones. Pero, mentirijillas aparte, lo cierto y sustancial es que, mientras la línea que ha sido impuesta por algunos partidos asume que el gobierno de Maduro es democrático, los jóvenes que encabezan la protesta (y han sufrido las consecuencias de la más brutal represión) no se sienten representados y piensan –al igual que importantes líderes y partidos, y gran parte de la sociedad– que frente a una dictadura, no se puede “negociar”. 

Ruido también lo hay en el oficialismo. Es muy distinta la visión militarista a la perspectiva civil, y muy distante la visión de los seguidores de Fidel de la de aquellos que, sintiéndose socialistas, están indignados por la entrega a Cuba de nuestra soberanía. Ni hablar de la avaricia o de otras miserias humanas.

De allí que Venezuela sea hoy teatro de tan duras confrontaciones. Se enfrentan en bando y bando creencias diferentes, culturas políticas distintas, modelos mentales contrarios, legítimas demandas, principios fundamentales, poderosos intereses, vergonzosas venalidades...

Con frecuencia actuamos como perros y gatos, pero, a decir verdad, hay casos en los cuales los perros y los gatos no se merecen tal comparación.