• Caracas (Venezuela)

Henrique Salas Römer

Al instante

Se ganó la batalla pero… La guerra continúa

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La victoria opositora fue contundente, qué dudas quedan, sobre todo en número de diputados. Sin embargo, hay que advertirlo. El triunfo fue del pueblo, y de factores invisibles que, en el seno de nuestras Fuerzas Armadas y en el ámbito internacional, obligaron al régimen a jugar limpio... por primera vez.

No quiero subestimar el papel que jugó la MUD, o los méritos de Chúo Torrealba, por ejemplo, en lograr que la coalición de partidos funcionara unitariamente, pese a sus contradicciones. Pero seamos objetivos, no nos engañemos, la MUD fue una maquinaria, una herramienta, si se quiere un tubo, a través del cual, pero no por el cual, se expresó la voluntad popular.

“Por favor, no repitan un Carmonazo”, escribe una señora por las redes sociales, refiriéndose por supuesto a aquel sueño que nació y murió en 72 horas, quizás unas horitas más, porque al no tener un líder a la cabeza, ni en el campo civil ni el militar, no pudo pasar de allí.

La MUD tiene jefes políticos, sí, pero, reconozcámoslo de una vez. No tiene un líder que la aglutine.

Por eso debemos seguir unidos.

El 6-D la oposición derrotó al gobierno perola guerra continúa.

Es una guerra larga que se libra en muchos frentes, uno de los cuales es, por supuesto, el del gobierno actual contra la coalición opositora. Otro, el del socialismo a la cubana contra a la libertad económica y el pluralismo. Un tercero, entre el centralismo atosigante y la descentralización y el empoderamiento ciudadano. Pero el frente que prevalece sobre todos los demás es por el rescate moral e institucional del país.

No hay nada más difícil que administrar la victoria. Y si es larga la guerra, como yo lo creo, hay que actuar a la vez con prudencia, firmeza y humildad.

Esa gran mayoría que votó por la MUD no lo hizo por las caras bonitas de nuestros candidatos, o por preferencias partidistas, ni por la mano con el dedito, sino en contra de una orientación política que le ha asestado un duro golpe a sus condiciones de vida, y amenaza con cercenarnos definitivamente la libertad.

El camino está abierto hacia nuevas victorias. No lo dudemos.

Pero los escarceos iniciales de algunos diputados electos, las expresiones altivas, prepotentes, las bravuconadas que me reportan, se parecen demasiado a un estilo que el pueblo ha llegado a despreciar. También comienzan a darle vida al derrotado, a unificar los vencidos, a abrir espacio para endilgarles mañana a los vencedores de hoy la responsabilidad de un descalabro económico que le corresponde asumir al gobierno y que, a falta de cambio radical, se seguirá agravando, sin que nada ni nadie lo pueda revertir.

El gobierno sigue siendo dueño del poder, de hecho, de casi todos los poderes. Hemos dado en gran paso adelante, pero la pelea no es de igual a igual, como algunos novatones y vejentones envalentonados parecen creer. La contienda no es ni de igual a igual, jamás, a menos que esos factores invisibles que hicieron posible el respeto a la voluntad popular vean en la nueva Asamblea y en la MUD  hombres y mujeres de Estado que merecen su respaldo y tienen apoyo popular.