• Caracas (Venezuela)

Henrique Salas Römer

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Henrique Salas Römer

Muerte y renacimiento

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Cuando hayan pasado los años, el cruel asesinato de Mónica Spears, una mujer tan querida por los venezolanos, será visto como un acontecimiento decisivo en la vida política del país, no sólo por generado el clima emocional que provocó el mayor estallido juvenil de nuestra historia, sino por haber desnudado la naturaleza represiva del régimen venezolano y generado, posiblemente, las condiciones para un eventual juicio al Presidente por crímenes de lesa humanidad.

De ser así, no solo habrá marcado la vida política de dos jóvenes aspirantes, Leopoldo López y Henrique Capriles, uno por haberse adelantado y verse envuelto por la fuerza de la ola, el otro, por quedarse atrás, sino también la suerte de quien aún preside, en condiciones precarias, los destinos del país.

El nuevo año comienza cuando el poder de Maduro desvanece. Los que no asistieron al diálogo acordado por el grupito de Aruba, y puesto en escena en Miraflores, han sido despojados de sus derechos naturales. Leopoldo, confinado antes de la conjura, es la figura más emblemática. Lo acompañamos simbólicamente quienes fuimos, pública o discretamente, es mi caso, solidarios con los caídos, con los presos políticos, y con la juventud, y aquellos que comprendimos que el diálogo diseñado no sería entre las partes en conflicto, una de las cuales ni siquiera fue invitada, sino entre aquellos que, salvo notables excepciones, son expresión del sainete que, apadrinado por oscuros intereses, le ha servido al régimen para conservar visos de legitimidad.

Hoy, ese tinglado se desmorona. Las  realidades han puesto al descubierto la crueldad de sostener en el poder a quienes han provocado por acción u omisión, la destrucción moral y material al país. Su destino es no ser nada.

La escasez se ha convertido en emblema del gobierno de Maduro. Escasez de alimentos, de bienes y servicios esenciales, escasez de dinero y buenas intenciones, escasez de ese auctoritas del que se nutre el poder. Su destino también es no ser nada.

El colapso de los precios petroleros ha puesto al descubierto la ruindad de quienes en Venezuela y el mundo entero, pero singularmente en Venezuela, se hicieron poderosos solo porque una coyuntura circunstancial les proporcionó suficientes recursos para corromper.

Cuando haya transcurrido 2015, Venezuela será distinta. Al margen de querencias políticas y lealtades, las fuerzas del bien, apuradas por el caos que se avecina, se han ido agrupando. La lucha será cruenta, seguramente larga, pero el desenlace es previsible.

Cuando todo haya terminado, honraremos a Mónica y a todos los caídos, volveremos a respirar libertad… y de las cenizas, comenzará a renacer el país.