• Caracas (Venezuela)

Henrique Salas Römer

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Henrique Salas Römer

Mr. Carter ¡go home!

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Se anuncia la próxima visita de Jimmy Carter, ¡cuidado!

En el año 2005 le manifesté al embajador de Estados Unidos en Venezuela que me había enterado por fuentes cercanas a la Casa Blanca que el entonces presidente de ese país, George W. Bush, se había enojado con su secretario de Estado por haber permitido que Jimmy Carter convalidara el resultado, evidentemente fraudulento, del referéndum revocatorio de 2004.

El embajador, hombre de gran habilidad, me respondió sin responderme: “No me pida que hable mal de mi jefe, señor gobernador”. Se refería al general Colin Powell. Digamos, más bien, que Jimmy Carter había estado tan envuelto en la situación política venezolana, y el Departamento de Estado tan ausente, que era imposible, tratándose de un ex presidente, que el general Powell hiciera otra cosa que aceptar como propia la decisión que este había tomado.

Quienes seguimos de cerca aquel referéndum, para cuya realización fue necesario recoger dos veces las mismas firmas, la derrota de Chávez fue contundente. Simplemente invirtieron los resultados y Carter, ya entendido con Chávez por trascorrales, acordó abrir, a manera de auditoría, las cajas que “aleatoriamente” había seleccionado el propio CNE. Lógicamente, el resultado fue impecable y Chávez fue declarado ganador.

Yo había tenido hasta entonces una magnífica impresión de Jimmy Carter. De hecho, en una ocasión conversamos larga e informalmente en el VIP del aeropuerto de Atlanta, y luego nos tomamos una foto que él me remitiría con una amable dedicatoria.

De manera que, en un intento por racionalizar su conducta, llegué a pensar que su actuación en Venezuela había obedecido a su tendencia de privilegiar la paz por sobre la justicia, un orden de prioridades posiblemente válido en situaciones de guerra, pero solo allí.

Después especulé sobre otra de sus razones: el deseo de recibir el Premio Nobel de la Paz, coincidiendo con las posiciones más atractivas para el socialismo europeo. De allí sus carantoñas a Fidel, pensé, y posiblemente su interés en complacerlo aquí.

Todo ello había pasado por mi mente en un intento por comprender su conducta, hasta que llegó a mis manos una columna que le dio un viraje a mis percepciones. Venía firmada por uno de los profesores más prestigiosos de la Universidad de Harvard. Su título: “President for Sale”. En castellano: “Se vende un ex presidente” http://www.factsandlogic.org/outstanding_dershowitz2.html.

Allí, el profesor Alan Dershowitz, que fue asesor de Jimmy Carter, da cuenta pormenorizada del hombre que fue descubriendo y concluye: “Él no es nada distinto de aquellos políticos norteamericanos que, una vez fuera del poder, se venden al mejor postor y se convierten en promotores de las causas más despreciables. Ese es hoy el triste legado de Jimmy Carter”.

Se anuncia que Carter quiere volver a Venezuela. ¡Cuidado!