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Heinz Sonntag

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Carta abierta al presidente de la Asamblea

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Para ser sincero, le confieso que no sé cómo abrir esta misiva: con el encabezamiento civil “Estimado señor Cabello” o “Distinguido capitán Cabello” o “Eminente señor presidente”. Como no soy sino un conciudadano de los millones que hay en nuestro país, opto por la civilidad: Estimado señor Cabello: me voy a referir a unas declaraciones suyas que leí en la prensa nacional del día jueves, bajo el título “Cabello pide que militancia se sincere”. Usted empieza diciendo: “No hay uno más crítico que nosotros mismos, el presidente Chávez era el primer crítico pero comenzaba criticándose él primero”.

Añadió: “Nosotros todos los días criticamos y tratamos de buscar ser por lo menos un poquito mejores para parecernos a Chávez”. Inmediatamente después usted señala: “Como triunfos propios las críticas que se hacen del chavismo al chavismo” y que nosotros que tenemos diferencias fundamentales con el “proyecto en marcha” estamos locos por asesinar al compañero Nicolás Maduro. Continúa usted: “La revolución trabaja como una tormenta de ideas para hacer y construir patria. En cambio, la derecha (o sea nosotros) ni siquiera siente amor por el pueblo, ellos solo reciben órdenes desde Estados Unidos y obedecen como unos lacayos”. Como yo y más o menos la mitad de mis conciudadanos somos críticos de la “revolución” y del “socialismo” y usted y sus compinches nos tildan permanentemente con los epítetos más groseros, estoy acostumbrado a escuchar los insultos cotidianos que ustedes nos dedican desde los innumerables medios de comunicación que siguen acumulando en su afán de establecer definitivamente la “hegemonía comunicacional”. Pero yo he decidido no calarme más ese tratamiento denigrante.

Usted es ciudadano como yo, pero el hecho de pertenecer a una de las corrientes del pensamiento político venezolano no le da el derecho de despreciarme (y a millones más) en nuestra condición ciudadana y humana. Los que somos partidarios de la Alternativa Democrática defendemos la civilidad. Hasta donde yo puedo recordar, cuando hemos criticado políticas y anuncios del gobierno y de su partido obediente, nunca hemos utilizado el ataque civilista y ad personam. Mi  militancia antitotalitaria es tan antigua que encuentro sus raíces en los últimos años de mi bachillerato y ciertamente durante mis tiempos de estudiante universitario. Ello se explica porque pertenezco a la generación que empezó a indagar acerca de los orígenes del nazismo en el pueblo alemán. Estudiamos y peleamos con todas nuestras fuerzas para aclarar la historia de nuestro pueblo y hacer públicos todos los resultados de nuestros estudios y discusiones, incluso los que surgieron de las conversaciones con las generaciones anteriores a nosotros.

Uno de los peores instrumentos comunicacionales que la dirigencia del PSUV, el gobierno y sus demás instituciones, incluyendo a los militares, es la reiterada invención de que nosotros estemos implicados no solamente en promover un golpe de Estado sino hasta el magnicidio del presidente de la República. De todas las denuncias que se han hecho en los tres lustros de su permanencia en el poder cuasi absoluto no existe ni una sola prueba comprobable ni mucho menos testigos reales. En una lamentable cadena hace como dos semanas el psiquiatra-alcalde Jorge Rodríguez acusó con nombre y apellido a conciudadanos venezolanos de larga y limpia actividad política. En los días siguientes tanto María Corina Machado como Pedro Mario Burelli,  Diego Arria, Gustavo Tarre Briceño y últimamente hasta Henrique Salas Romer presentaron suficientes pruebas de que la acusación de Rodríguez no se basaba en ninguna investigación, sino que surgieron de una interpretación gratuita y fantasiosa de unos cuantos correos que el Sebin había copiado o tal vez inventado.
 
Pero ustedes han presentado estas suspicacias como si todo lo que afirmaron fuese comprobado. Y como ustedes han hecho del Poder Legislativo y del Poder Judicial brazos del Poder Ejecutivo, para no hablar del Ministerio Público y la Defensoría del Pueblo, nunca se han realizado investigaciones serias en torno a sus denuncias.

Hay una denuncia adicional que es la de tildarnos de lacayos de los servicios secretos del imperio. Es otra forma de ofender a los ciudadanos en su dignidad. Hasta donde yo recuerde la única denuncia que nosotros hemos sostenidamente mantenido es la subordinación de muchas parcelas de nuestro sistema político, incluyendo las Fuerzas Armadas, a los mandatos de Cuba. Es difícil de creer que ustedes hayan aceptado esa sumisión a lo que manden los hermanos Castro si uno de los objetivos más reiterados por el comandante eterno fue la soberanía de la República y del pueblo.

Para que usted pueda divertirse me permito citarle un pensamiento-afirmación de la filósofa alemana Hannah Arendt: “Es decisivo que un gobierno totalitario sea diferente de dictaduras y tiranías. La habilidad de distinguir entre lo primero y lo segundo es, de ninguna manera, un tópico académico  que podría ser con seguridad dejado para los ‘teóricos’, pues la dominación totalitaria es la única forma de gobierno con la que la coexistencia no es posible.” El manejo de los asuntos públicos y políticos por parte del “comando político de la revolución” es una vez más una comprobación empírica de lo expresado en esta frase.

Le escribo esta carta porque estoy profundamente convencido de que el restablecimiento de la democracia implica adecentar las formas y los métodos de comunicarnos como ciudadanos que ustedes han denigrado. Esta es una tarea en la que debemos estar permanentemente tanto la Alternativa Democrática como los que están en el poder.

A lo mejor peco de ingenuo, pero es mi profunda convicción de que uno de los modos de convivir implica que podamos decirnos la verdad.  

Firma: Heinz R. Sonntag, Dr. En Ciencia Social, Profesor Titular de Sociología de la Universidad Central de Venezuela.