• Caracas (Venezuela)

Héctor Silva Michelena

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El diario El Impulso en la horca

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Según un despacho de Associated Press, de fecha 10 de septiembre y firmado por la periodista Fabiola Sánchez, El Impulso, el diario más antiguo de Venezuela, ha anunciado su cierre. La fecha fatal, que confirma que al régimen castro-militarista de Maduro le molesta y le tema a la libre expresión del pensamiento y a la libertad de informar sin restricciones ejecutivas, ha sido fijada para el 15 de septiembre por su director Juan Carmona. La causa: la falta absoluta de papel, sumada a otras dificultades económicas, derivadas de la muy mala situación socioeconómica que azota a toda la nación. De esta manera, se elevarían a 11 los periódicos que han cerrado en el último año.

El director de El Impulso, Juan Carmona, dijo a AP, en entrevista telefónica, que la suspensión de la circulación será hasta que se logre superar las dificultades que llevaron a la paralización del diario que tiene 110 años de fundado y opera en el estado central de Lara. La directiva del medio indicó en un editorial que a partir del 15 de septiembre dejará de circular debido a la falta de papel periódico, algunos insumos y repuestos, y los problemas generados por la caída de la publicidad, la galopante inflación, que alcanzó en agosto una tasa anualizada de 63,4%, y la devaluación de la moneda.

En el diario regional laboran alrededor de 260 trabajadores directos. Carmona indicó que en la actualidad la directiva está en conversaciones con los empleados para definir las condiciones bajo las cuales se dará el cese de actividades, y el personal mínimo que quedará para mantener la página de Internet y otras operaciones.

Carlos Correa, director ejecutivo de la organización no gubernamental Espacio Público que se dedica a la protección de los derechos de los periodistas y la defensa de la libertad de expresión, afirmó el miércoles que el cierre de El Impulso representa “un hito en el agravamiento de la situación” de los medios venezolanos, donde aseguró que se ha venido dando una reducción de los espacios de debate de las diferentes tendencias opositoras del país.

En Venezuela se viene registrando desde el año pasado un cierre deliberado y progresivo del flujo de divisas oficiales para importar muchos bienes, incluso de la cesta básica, y con especial saña del papel periódico, un insumo vital para los medios impresos. Esta situación ha llevado a la mayoría de diarios del país a una compleja coyuntura cercana a la agonía. En el país está vigente desde hace once años un estricto control de cambio, que opera de manera oscura, ineficaz y burocrática, otorgando prebendas a personas naturales y jurídicas que le son afectas. Las empresas independientes están obligadas a solicitar un engorroso permiso de las autoridades para comprar divisas oficiales y hacer importaciones. Licencia que se otorga con enorme demora o, sencillamente, se les niega.

Es vox populi que, antes Cadivi y ahora Cencoex, han sido y son caldo de cultivo de una espectacular corrupción y desfalco al país. ¿Quién aprobó y otorgó esos 160.000 millones de dólares, según algunos voceros críticos del oficialismo, pero que militan en sus filas? ¿Quiénes son los beneficiarios, dónde está la famosa “lista” con la que hace gárgaras de sal la fiscal de la república? Siendo los medios radioeléctricos y la prensa escrita vehículos de opinión e información, ¿por qué se ignoran los artículos 57 y 58 de nuestra carta magna de 1999, en los cuales se garantizan los derechos de cada persona “a expresar libremente sus pensamientos, sus ideas u opiniones de viva voz, por escrito o mediante cualquier otra forma de expresión, y de hacer uso para ello de cualquier medio de comunicación y difusión sin que pueda ejercerse censura” (artículo 57)? En el artículo 58 se lee: “La comunicación es libre y plural, y comporta los deberes y responsabilidades que indique la ley. Toda persona tiene derecho a la información oportuna, veraz e imparcial, sin censura, de acuerdo con los principios de esta Constitución, así como a la réplica y rectificación cuando se vea afectada directamente por informaciones inexactas o agraviantes”.

Al negar el gobierno el otorgamiento de las divisas indispensables para importar el papel periódico, y al montar un monstruoso y ultrahegemónico aparato mediático, en todas sus aristas, ¿no está atentando contra estos derechos citados, y contra la pluralidad de la comunicación? Digámoslo sin tapujos: el régimen viola la Constitución de manera obscena y cínica y está ejerciendo la censura por otros medios distintos al censor de lápiz rojo: ha convertido a Conatel en un agente policial y represivo, y al Cencoex (antes Cadivi) en la mano que aprieta y sube el nudo de la horca en el cuello de la comunicación, la libertad y… ¡de los numerosos empleados que se ganan la vida laborando en los medios!

Según Correa, quien sabe muy bien lo que dice, la crisis del papel está afectando a “70% de los diarios” venezolanos que han tenido que reducir la paginación y limitar la circulación para mantener las operaciones. A consecuencia de la crisis del papel entre agosto de 2013 y lo que va del año han cerrado cerca de diez diarios regionales, entre los que se incluyen El Sol de Maturín, Antorcha, Caribe, La Hora, Versión Final, Los Llanos, Diario de Sucre, El Guayanés, El Expreso y Notidiario, según registros de Espacio Público.

Las autoridades competentes no han emitido, hasta el momento, comentarios sobre la crisis que enfrentan los diarios venezolanos. ¿Por qué comentar lo que se quiere callar? No es casual que la compleja situación que enfrenta la mayoría de diarios venezolanos ha coincidido con la venta de algunos importantes medios como el canal de noticias Globovisión, el grupo editorial de la Cadena Capriles y más recientemente el diario El Universal, que hace varias semanas publicó, en primera plana, una suerte de editorial dirigida a “Nuestros lectores”. Tratan de explicar y demostrar que, en ese viejo diario, no pasa nada, que todo sigue igual y que solo aplican su Manual de Estilo que contiene su código de ética.

Ignoran que, hace 2.500 a años Sócrates formuló la pregunta fundamental de la filosofía moral: “¿Cómo se ha de vivir? No es una pregunta trivial – dijo Sócrates– estamos hablando de cómo debe uno vivir”. La pregunta propone, entre otras cosas, la diferencia entre una ética del carácter y la idea de un sistema moral basado en la autonomía de la voluntad y el concepto de obligación moral. Antes de que la cicuta llegase a su cerebro, Sócrates llamó a su esclavo y le dijo: “Acuérdate de que le debo un gallo a Asclepio. Ve y págaselo”. Su deuda era con el dios griego de la medicina. En unas palabras, eso es la ética.