• Caracas (Venezuela)

Héctor Silva Michelena

Al instante

WhatsApps desde mi agujero negro

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El agujero negro se forma por un colapso de una estrella del tejido del espacio-tiempo tan profundo que nada, ni siquiera la luz, puede escapar de ellos. En el centro de un agujero negro se ubica lo que los físicos llaman la "singularidad", o un punto donde inmensas cantidades de materia se trituran hasta convertirlas en una cantidad de espacio infinitamente pequeña, explicó el físico Sabine Hossenfelder del el Instituto Nórdico de Física Teórica. "Desde un punto de vista teórico, la singularidad es algo que se convierte en algo infinitamente grande".

¿Qué es WhatApps, gringo viejo? Pues, para los subcorticales, va esta explicación: un mensaje de texto o de voz que no paga SMS. ¿Y esto? Pues, las siglas (palabra formada por el conjunto de letras iniciales de una expresión complejo) de un servicio de mensajes cortos, servicio de mensajes simples, cuyas siglas son Short Message Service. ¿Entendido?

Recibo de estos mensajes instantáneos en mi agujero donde vivo desde hace tiempo y recibo mensajes que son captados por la rosa de los vientos de la garganta humana. Tuve el cuidado de poner una antena sobre mi túnel, una materia donde los venezolanos respiramos la desesperanza aprendida.

Escucho voces diciendo que la partida física de Hugo Chávez sirvió para contrastar la dicotomía que vive Venezuela: la de un gobierno que dice mantener su legado y la de una parte de los venezolanos desencantados de él. No son pocos los decepcionados de Chávez y de su sucesor porque ven cómo las colas para comprar alimentos y la emigración en Venezuela se ha vuelto algo cotidiano. Los venezolanos emigran huyendo de la inseguridad, a costa de la unión familiar. Utilizaré el término Wazap, para hablar en criollo.

Wazap1. Una mujer le habla a un hombre ordinario, cuyas manos se apoyan sobre el negro y frío mármol con el que está cubierto el féretro. Por segundo año, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, le rindió honores a Hugo Chávez, quien antes de morir lo designó su heredero político. ¿Qué ha pasado? ¿Es el legado el que ahoga a Maduro? ¿O Maduro ahoga al legado? Una u otra cosa; tal vez ambas, pienso. El legado de Chávez no es otro que la historia de un hombre que dio su ida para mantenerse en el poder a toda costa. Se creía del linaje de Bolívar. En su guerra a muerte, amenazó a los manifestantes opositores con “gas del bueno”, y llevó a la muerte a Franklin Brito, productor agrícola de 49 años de edad, que mantuvo sucesivas huelgas de hambre en protesta contra la confiscación de sus tierras productivas. En el portal Bajo la Luz el Día, colocaron este post: La miseria Humana cobra vida, esta vez  en  manos del  Dictador Hugo Chávez, quien no solo nunca atendió el llamado de este productor agropecuario, sino que utilizando los organismos que están bajo su mando , lo tildaron de loco, para luego llevarlo en contra de su voluntad a un hospital militar del estado y tenerlo ahí preso hasta el día de su fallecimiento, es así como ya a las víctimas que mueren  cada fin de semana, producto de la inseguridad reinante en el país, ahora se suma a todas las víctimas del régimen, esta lamentable muerte, que no hace más que aumentar su expediente de casos de lesa humanidad, aquí la noticia y su recorrido por el globo terráqueo https://theofher.wordpress.com/2010/08/31/muere-franklin-brito-brazo-ejecutor-de-la-misma-hugo/ ).

Wazap2.Largo maestoso. (El término maestoso se emplea para indicar a los intérpretes que toquen un determinado pasaje de música de una manera majestuosa, digna y señorial). Título: Crónica de la suprema felicidad. El gobierno de Venezuela asegura que los venezolanos son más felices ahora, aunque recientes sondeos de opinión reflejan lo contrario. Los venezolanos invierten parte de su día buscando los alimentos básicos y haciendo colas para poder comprarlos.

La inseguridad separa familias en Venezuela. Así como las colas para comprar alimentos, la emigración en Venezuela se ha vuelto algo cotidiano. Los venezolanos emigran huyendo de la inseguridad, a costa de la unión familiar. Es la esperanza de los desesperados. En la última semana la situación de los venezolanos se ha vuelto agobiante, tras haber sido testigos de la actuación de un presidente que no ha dado respuestas concretas a los graves problemas que viven. El gobierno del presidente Nicolás Maduro pretende ocultar la verdad, como quien busca tapar el sol con un dedo.

Intenta desaparecer las largas colas que debe hacer la gente para comprar alimentos, aspirando así acabar con el grave problema de escasez que sufren los venezolanos, y que es reflejo de la crisis económica que no ha tenido respuesta de su parte. Bueno, pero  según lo dijo el presidente de la Asamblea Nacional, Diosdado Cabello, el 13 de enero pasado, "este es un pueblo feliz y todas las encuestas lo dicen, este es un pueblo atendido", pero la cola en el supermercado no es reflejo precisamente de lo felices que son los venezolanos. Para tapar el frasco, el gobierno ha amenazado a los comercios que tengan colas fuera de los locales acusándolos de querer promover una sensación de desabastecimiento.

Así que las colas deben hacerse adentro. El calor de medio día las agudiza porque cientos de personas, agolpadas en todos los pasillos de un automercado, deben hacer la fila dentro del local para poder comprar azúcar. Las empresas que permitieron colas y dieron la “sensación” de desabastecimiento han corrido con peor suerte, como una red de farmacias y tiendas de conveniencia, que tienen a sus ejecutivos presos e imputados por boicot y desestabilización económica, delitos con penas de hasta 12 años de prisión y confiscación de sus bienes. Paréntesis de este observador: me parece que sensación se define como la impresión que las cosas producen por medio de los sentidos. Sí, escuálido, pero ¡los sentidos engañan! La realidad puede ser disparatada y fuera de sentido. De aquí la disconformidad que hay entre las palabras y las acciones del ingenioso hidalgo Quijano. De esta disconformidad él mismo se da cuenta en la segunda parte en más de una ocasión; primer paso en el retorno hacia la cordura:

“¿Quién duda, señor don Diego de Miranda, que vuesa merced no me tenga en su opinión por un hombre disparatado y loco? Y no sería mucho que así fuese, porque mis obras no pueden dar testimonio de otra cosa. Pues, con todo esto, quiero que vuesa merced advierta que no soy tan loco ni tan menguado, como debo de haberle parecido.” Esto lo dice a propósito de la aventura de los leones, de la que dice Cervantes «hasta aquí llegó el extremo de su jamás vista locura. Pero sigamos con los wasap”.

“No me siento más feliz”, dice Ricardo Contreras, un obrero de 30 años. “Para ellos todo está bien, pero nosotros somos los que estamos pasando las dificultades. Tengo cuatro horas haciendo cola por dos kilos de azúcar y mi bebé en los brazos”, se queja. Al caminar con dificultad entre las personas se repite la imagen: carritos de compra en los que el único producto que va es azúcar, y solo dos kilos por persona. “No me siento feliz”, también repite la frase como respuesta Eduardo Sánchez, un docente de 43 años. Y luego se lamenta: “¡Mira la cola que estoy haciendo! Tengo que pedir permiso en mi trabajo, y cuando no, estoy como hoy en mi hora de almuerzo haciendo cola para poder comprar.

"Ahora tenemos que hacer la cola en Farmatodo, esa red de farmacia contra la que actuó el gobierno, en el sótano, en los estacionamientos para que la gente no vea la cola en la calle y vea que hay patria, como dice el gobierno”, ironiza Sánchez, recordando la frase que dijo el fallecido Hugo Chávez el 8 de diciembre de 2012 en su última alocución antes de viajar a Cuba: “¡Qué nadie se equivoque, hoy tenemos patria”.

Hay otras personas en la fila, como Carolina Martínez, una profesora de 55 años, que, para responder si es más feliz en la actualidad, se remonta a otra de las polémicas decisiones del gobierno: la creación del Viceministerio para la Suprema Felicidad Social del Pueblo, (2013) una oficina para gestionar las “solicitudes de ayuda que recibe el presidente”. “Más feliz no, –dice Carolina– pero yo pregunto, si un día me siento triste ¿puedo llamar al ministerio de la Felicidad para ver si me pone en buen estado, que me cuente un chiste o me resuelva mi problema? En el mundo de él quizás sean felices, pero en este no”.

En el más reciente sondeo de opinión de la empresa Delphos, 80% de los venezolanos culpa a Maduro de sus problemas. Pero no todos piensan igual y hay quienes, en medio de la cola, manifiestan sentirse felices. Luis, de 40 años, y dedicado al trabajo de construcción, quien también estaba haciendo la cola en su hora de almuerzo, fue parco al responder si era más feliz ahora. “En mi caso sí soy feliz, porque tengo vida y salud”, dijo, cortando cualquier posibilidad de repregunta. Si tenía preferencia política o no por el gobierno, Luis también estaba haciendo la cola, porque ningún venezolano, común y corriente, escapa de la realidad que los consume: la escasez, el desabastecimiento, la inflación, que el gobierno justifica haciéndose la víctima de una supuesta “guerra económica” que dice estar combatiendo para la tranquilidad de la población

Pero lejos de caminar hacia el “mar de la suprema felicidad” como prometió Chávez a los venezolanos, estos sufren una crítica situación económica. Maduro carga sobre sus hombros y alienta un modelo económico inviable sustentado en el llamado “Socialismo del siglo XXI”. Las promesas de Chávez, y la realidad que se vive tras su muerte, quizás le habrán venido a la mente a Luis Pereda quien desde el oriente de Venezuela, en la isla de Margarita, vio a Maduro rindiendo tributo a Chávez por la prensa o la televisión.

Desde hacía 15 años Pereda, pescador de oficio en la semana, vendía cocos los fines de semana por necesidad frente a los restaurantes que había en playa El Agua, uno de los lugares más populares para turistas nacionales y extranjeros. Pero ahora no sabe cómo ganará dinero, porque el gobierno de Maduro demolió los locales comerciales privados, con la promesa de construir un bulevar más atractivo para el turismo. “Uno lo que anda es llorando porque ahora no tiene trabajo. Esto se ha caído por este gobierno, todo lo ha echado a perder. Yo voté por los dos, por Chávez y Maduro, pero estoy arrepentido por lo que están haciendo”, dijo una voz femenina.

Teme que cuando las obras estén listas no lo dejen estar frente a la playa vendiendo cocos. “Aquí va a estar mucha gente de real y no nos van a dejar entrar a trabajar”, agregó. El parecer de Pereda contrasta con lo prometido por el chavismo: igualdad para todos. Mas, en lo único que hay igualdad hoy en Venezuela es en la dificultad para conseguir alimentos, y en que durante el año que culminó su valor se incrementó en 102,5% según cifras oficiales.

A los chavistas ni siquiera la oración creada en honor a su líder los ha salvado de esa realidad que perciben en sus bolsillos cuando de llevar el pan a casa se trata. "Danos hoy tu luz para que nos guíe cada día, no nos dejes caer en la tentación del capitalismo, mas líbranos de la maldad de la oligarquía, (…) Por los siglos de los siglos amén. Viva Chávez", invocaron en septiembre pasado por primera vez, sin ver resultados. El gobierno, encargado de continuar con lo que llaman “su legado”, se ha ocupado en el último año de demostrar, a los venezolanos y al mundo, que hay confabulaciones que intentan separar a Maduro del poder, postergando por esta causa, de forma recurrente, la toma de decisiones para hacer frente a la crisis.

Diversos voceros del oficialismo han dedicado su tiempo a promover la confrontación política con la oposición venezolana y constantemente con países como Estados Unidos. Maduro incluso pidió este 5 de marzo, durante uno de los múltiples actos conmemorativos por los dos años de la muerte de Chávez, que salieran a la calle si algo le pasaba.

Exclamó: “Si ustedes amanecieran con una noticia de que me ha sucedido algo, salgan a la calle a restablecer la paz”, instó Maduro. Pero la cosa de la crisis total – económica, política, social y moral – va en serio. Así, tristemente, la inseguridad separa familias en Venezuela. Así como las colas para comprar alimentos, la emigración en Venezuela se ha vuelto algo cotidiano. Los venezolanos emigran huyendo de la inseguridad, a costa de la unión familiar.

Wazap 3.La inseguridad es junto a la escasez y el desabastecimiento uno de los principales problemas de los venezolanos. Miguel Robles pierde su vista por la ventana al recordar ese episodio de su vida que creía lejano pero que hoy vive de nuevo en la carne de su hijo: ser inmigrante. El aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Venezuela, fue el lugar donde pasó las primeras 24 horas de su vida en Venezuela; a donde llegó con $50 dólares en la cartera en 1983. Huía de la dictadura de Augusto Pinochet en Chile. Ese aeropuerto será el mismo lugar donde, la primera semana de febrero, despedía a su hijo de 21 años que se va de Venezuela, pero no huyendo de una dictadura, sino de la inseguridad, uno de los principales problemas que enfrentan los venezolanos.

En Venezuela murieron en forma violenta 24.980 personas en 2014, según cifras de la organización no gubernamental Observatorio Venezolano de Violencia (OVV).El gobierno no ha entregado cifras oficiales de personas que mueren asesinadas a manos de la delincuencia. El presidente Nicolás Maduro omitió hablar del tema de la inseguridad durante su mensaje a la nación en enero de este año. Su caso no es el único. Los venezolanos que tienen los recursos económicos, anteponen la seguridad para preservar la vida de los jóvenes por encima de la unidad familiar, en un país donde sus funcionarios han dicho en el pasado que la inseguridad es un asunto de “percepción”.

Wazap 4.Venezuela o la esperanza de los desesperados. En la última semana la situación de los venezolanos se ha vuelto agobiante, tras haber sido testigos de la actuación de un presidente que no ha dado respuestas concretas a los graves problemas que viven. Los venezolanos salen a diario a la calle invocando la suerte para conseguir alimentos básicos o las medicinas que necesitan. Los venezolanos salen a diario a la calle invocando la suerte para conseguir alimentos básicos o las medicinas que necesitan. La salud y la vida no pueden esperar. La justicia, aunque ciega, llegará. Y se hará la luz.