• Caracas (Venezuela)

Héctor Silva Michelena

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Turquía: Fin a una era de opresión

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El texto, del cual tomamos los datos, firmado por el periodista Burak Bekdil en Estambul, el 8 de julio pasado, merece unos comentarios por su relación con la situación política que vive y espera a Venezuela, en unas futuras elecciones parlamentarias, aún sin fecha. Por primera vez desde que su partido islamista obtuviera su primer triunfo electoral (2002), el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, no se dejó ver en la noche del pasado domingo 7. Tampoco pronunció el discurso de la victoria. De hecho, no pronunció discurso alguno.

Erdogan, jefe del gobierno durante 11 años y elegido presidente hace diez meses, lanzó todas sus fuerzas en la campaña para defender la idea de una reforma constitucional con el fin de instalar un régimen presidencial fuerte, un sultanato. La caída del AKP significa un fracaso personal para Erdogan y el fin de proyecto presidencialista.

No solo fracasó en su intento de conseguir la mayoría de dos tercios que quería para cambiar la Constitución: su Partido de la Justicia y el Desarrollo (AKP, islamista) perdió la mayoría parlamentaria y la capacidad para integrar un gobierno monocolor. Ganó 40,8% del voto nacional y 258 escaños, 19 menos de la mayoría absoluta (276). Erdogan es ahora el sultán solitario en su palacio presidencial de 1.150 habitaciones y 615 millones de dólares. Por primera vez desde 2002, la oposición tiene más escaños que el AKP: 292 frente a 258.

“El debate sobre la presidencia, sobre la dictadura en Turquía se ha acabado”, dijo un alborozado Selahattin Demirtas luego de los resultados preliminares. Demirtas, un político kurdo cuyo Partido Democrático del Pueblo (HDP) ha entrado en el Parlamento como tal por primera vez en su historia, aparentemente con el apoyo de los turcos laicos, izquierdistas y outsiders, es el carismático hombre que ha destrozado el sueño erdoganita de un sultanato electo. De la misma forma, el socialdemócrata Kemal Kilicdaroglu, líder del principal partido de la oposición, el Republicano del Pueblo (CHP), declaró a propósito de los primeros resultados: “Con medios democráticos, hemos puesto fin a una era de opresión”.

Lo que queda por delante está menos claro. En teoría, el AKP puede llegar a un acuerdo de coalición con el tercer partido más votado, el derechista Movimiento Nacionalista (MHP), aunque durante la campaña el líder de este último, Devlet Bahceli, ha cargado duramente contra Erdogan por las embarazosas acusaciones de corrupción que pesan sobre él. Así lo afirmó el líder nacionalista cuando se dirigió a sus seguidores tras conocerse los primeros resultados de las elecciones del domingo, 7 de julio de 2015. Por otro lado, una coalición CHP-MHP-HDP es improbable, dado que tendría que poner de acuerdo a los archienemigos MHP y HDP.

El AKP puede estar pensando en unas elecciones anticipadas, pero apenas cabe imaginar una razón para ello, salvo el riesgo de que sufra otra derrota electoral. El Parlamento puede tratar de conformar un gobierno minoritario, pero esto solo podría ser una solución temporal. Sea como fuere, dos cuestiones parecen claras: 1) el AKP está en un innegable declive; los votantes le han forzado a los compromisos en vez de permitirle gobernar en solitario, y es más que probable que viva luchas intestina, con las nuevas generaciones de conservadores musulmanes desafiando el poder del liderazgo actual; 2) las ambiciones erdoganitas de una presidencia ejecutiva islamista todopoderosa y autoritaria, sultanesca, han ido a parar al vertedero político, al menos durante los próximos años.

El AKP obtuvo la primera posición en las elecciones del domingo. Pero ese día marcó el principio de su final. Qué ironía: el AKP llegó al poder en 2002 con 34,4% del voto nacional, que se tradujo en 66% de los escaños del Parlamento. Casi 13 años después, gracias a los componentes antidemocráticos de una ley electoral que ha defendido fieramente, ha obtenido 40,8% del voto pero solo 47% de las bancas parlamentarias, lo que le impide llegar a la mayoría absoluta.

¿Qué le espera al señor Maduro y a al escudo milico-civil que nos gobierna? ¿Por qué un Maduro iracundo chilla: “Prepárense para un tiempo de masacre y muerte si fracasa la revolución bolivariana?”, mensaje apocalíptico recogido por la redacción de El Mundo Madrid, España, el domingo 7 de junio pasado. Maduro y sus espadones siguen engañando y engañándose recitando la coletilla de la “guerra económica”. Pero la verdad es esta que publica una conocida encuestadora, a fines de mayo. No extraña el uso de los términos del fascista Millán Astray cuando sus hordas chillaron: “No les tenemos miedo. Que vengan, que vengan…”. Se oyó una voz: “¿Qué es eso? Nada de gritar viva Millán Astray. Gritad todos conmigo, con toda la fuerza de que seáis capaces: ¡Viva la muerte! ¡Viva la muerte! ¡Viva la muerteee!”.

Esta es la verdad. Entre 7 y 8 de cada 10 venezolanos consideran que los problemas económicos del país, como el desabastecimiento y el alto costo de la vida, vienen empeorando, de acuerdo con los resultados de la encuesta Monitor País de Hinterlaces, agencia de estudios de opinión cuyos informes son usados por el propio gobierno. El estudio que ha circulado hace unos días contiene datos levantados entre el 22 y el 27 de mayo, precisa que 73% de los encuestados consideran que el desabastecimiento de alimentos se está agudizando al tiempo que 21% cree que se está resolviendo. Mientras que en lo referente al desabastecimiento de productos de cuidado personal la cifra de quienes sienten que está empeorando sube a 76%, y 21% que está mejorando.

Por su parte el alto costo de la vida está empeorando para 83% de la muestra, y baja a 14% quienes aseguran que está mejorando. Al mismo tiempo la percepción sobre la evolución de la inseguridad coloca en 87% la cifra de quienes perciben que este problema está empeorando, y solo 10% siente que se está resolviendo.

Sin embargo, los problemas económicos son los más graves para los consultados, incluyendo el desabastecimiento, con 42%, la inflación con 12% y otros problemas económicos con 10%. Esto ante la pregunta sobre el principal problema del país.

Mientras que la percepción sobre el segundo problema ubica la inseguridad con 35%. Sin embargo, la suma de los problemas económicos supera con 47% ese primer lugar relacionado con la inseguridad.

La caída de Maduro costará sangre y violencia a Venezuela. Estas infernales palabras excluyen, desde luego, la sangre de Maduro, y revelan su odio y resentimiento contra el que piense diferente. Trató de enfurecer a los presentes, imitando a Hugo Chávez, quien exhibía los mismos gestos histriónicos para cerrar filas “rodilla en tierra”, en tiempos temidos.

De acuerdo con la nota publicada en el medio español, durante una semana repleta de apariciones públicas, el “hijo de Chávez” ha dejado constancia, sin decirlo, de que las encuestas son catastróficas para el chavismo: entre 15 y 20 puntos separan a los candidatos de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) de los oficialistas. El índice de popularidad de Maduro no llega a 25%, “la gestión peor evaluada de la historia nacional”, según el editorial de Tal Cual, el diario reconvertido en semanario del perseguido Teodoro Petkoff. De ahí al llamado a “repolarizar” al país para seguir con los “logros” de la llamada revolución bonita.

“Llamo al despertar nacional frente a una oligarquía que se dedica a buscar malandros (delincuentes) para pagarles con dólares y droga para que se cometan crímenes horribles en las calles”, añadió el mandatario, sin pruebas, en el mismo día que una banda de la caraqueña Cota 905 arrinconaba a efectivos policiales lanzándoles granadas y a tiro limpio. El hampa desbordada, como nos gusta resumir a los venezolanos democráticos.

El Mundo de España recuerda que Venezuela es el segundo país del mundo en homicidios (casi 25.000 el año pasado) y el primero, por goleada, en el ranking de la inflación. Pese a que el Banco Central de Venezuela (BCV) no publica cifras, este viernes se supo que la inflación interanual, la que va desde mayo de 2014 al mes pasado, ya ha superado los 3 dígitos: los precios aumentaron 105,9%, frente a 3,8% de Colombia, 4% de Ecuador o 5,2% de Bolivia, según la proyección de Latin American Consensus.

“Hace unos meses la escasez era el principal mal que afectaba a la familia venezolana. Poco a poco está siendo desplazada por la inflación”, afirma Henkel García, director de Econométrica. La recesión (-6,5% en el PIB) acompaña las colas que siguen inundando las calles de gente en busca de alimentos, productos básicos y medicinas.

“La voraz crisis económica y la violencia salvaje forman parte del día a día de los venezolanos en su ejercicio cotidiano de supervivencia. Una situación que guarda parecido con el famoso Periodo Especial cubano, pero donde la política es muy distinta: la oposición reclama desde hace semanas que el Consejo Nacional Electoral (CNE) haga pública la fecha de las trascendentales elecciones parlamentarias, que tanto preocupan a Maduro”, concluye la nota publicada en el diario El Mundo.

Las elecciones parlamentarias son ineludibles, quiéranlo o no los beneficiarios del botín del Estado. Será inevitable que brillen las palabras del socialdemócrata turco Kemal Kilicdarog: “Con medios democráticos, hemos puesto fin a una era de opresión”.