• Caracas (Venezuela)

Héctor Silva Michelena

Al instante

Liberando a las esclavas sexuales

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Esta es una información valiente, humana, dada a luz por el periodista Jesús Del Toro (Pulso USA, 08-09-15); en la nota se delatan los tatuajes que los llamados “chulos” aplican a la piel de mujeres y niñas para prostituirlas y hacerlas esclavas de su propiedad. He elaborado este artículo a partir de la nota de Del Toro, resumiéndolo apretadamente, pero ceñido a la verdad.

Para las mujeres, muchas de ellas menores de edad, que sufren la grave lacra de la esclavitud sexual, además de la violencia, el abuso, la violación y la reclusión que eso implica, existe un elemento ominoso que, cada día, les recuerda su condición y a quién le deben sumisión y obediencia.

Forzadas a practicar la prostitución para beneficio económico de individuos y grupos dedicados a la trata de seres humanos, muchas tienen en su piel la marca de su “chulo”, su “patrón”: un tatuaje que, como al ganado, les fue impuesto para mostrar a quién le pertenecen. Un signo de que, más que un ser humano, la mujer tatuada es una cosa, un objeto al servicio del “jefe”.

Esa marca, además de inhumana y dolosa, es para las mujeres sometidas a la esclavitud sexual un estigma que las persigue, incluso cuando logran sacudirse del yugo de la prostitución y rehacen su vida.

Según relatos recogidos por la cadena CNN, esos tatuajes son frecuentes entre las víctimas de trata sexual. Por ejemplo, el caso de Adriana: ella tiene en su pecho un tatuaje que llama “su herida de guerra”. “Lo obtuve cuando tenía 14 años, y él era uno de mis chulos”. Ella tiene el nombre del sujeto tatuado en su pecho. Ese tipo de marcas, de acuerdo con oficiales de policía entrevistados por CNN, le indican a otros chulos a quién “pertenece” la mujer.

Una circunstancia dramática e inquietante es que, al principio, muchas de las mujeres no ven esa marca como algo negativo. La propia Adriana contó a la televisora que al principio ella estaba “orgullosa de tenerlo”. Le parecía una suerte de promesa de que el sujeto nunca la dejaría, que la protegería.

Pero tarde o temprano esa percepción cambia, bajo el peso del abuso y la esclavitud sexual y de caer en cuenta de que, en realidad, esa marca las convirtió en un objeto, aunque muchas de ellas, como la propia Adriana, a veces prefieran suponer que todo fue por su propia elección.

Y decidir dejar todo eso es difícil. Pero algunas lo logran y es allí cuando Jennifer Kempton y la organización Survivor’s Ink entran en acción.

Kempton, narró también la cadena CNN, fue víctima de esclavitud sexual, de violación, de adicción a drogas y muchos otros abusos. Y en su cuello le fue colocada la marca de su “chulo”, como identificador de a quién le pertenecía. Un día, tras ser violada como nunca, ella decidió que ya no podía más y trató de suicidarse. Pero la cuerda con la que intentó ahorcarse se rompió y eso le abrió la posibilidad de empezar de nuevo. Decidió dejarlo todo, encontró fuerza en su fe cristiana, comenzó su rehabilitación para salir de las drogas y, cuando logró reunir el suficiente dinero, pudo cubrir el tatuaje de su chulo con un nuevo símbolo, en el que destaca la palabra “Love” (amor) y se cita un versículo de la Biblia.