• Caracas (Venezuela)

Héctor Silva Michelena

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Héctor Silva Michelena

¿Dilma o Marina?

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Como se sabe, el próximo cinco de octubre tendrá lugar la primera vuelta de las elecciones presidenciales en Brasil. Dado que con este grande e importante país, Venezuela mantiene relaciones estratégicas, ya que bajo el mandato de Lula da Silva, el fallecido presidente Hugo Chávez estableció una suerte de entente política, de apoyo recíproco, presentamos a continuación un cuadro de cómo se presentan las posibilidades de la reelección de Dilma Rousseff, sucesora de Lula, y su aguerrida y ascendente adversaria socialista Marina Silva. Esta candidata reemplazó a quien era el candidato presidencial del Partido Socialista, Eduardo Campos, quien murió con 6 de sus compañeros en un accidente aéreo, muerte que se convirtió en un verdadero “Cisne Negro” de Rousseff, en estas elecciones brasileñas.

En función de los sufragios se han realizado dos debates televisados, los días 27 de agosto y 1 de septiembre. Como en el primer debate la candidata socialista salió favorecida, Rousseff carga contra ella en un segundo debate para tratar de recuperar terreno. La presidenta brasileña acusó a la candidata de vaguedad en sus propuestas y ésta le reprochó la mala marcha de la economía, según informa la prensa internacional.

La regla de oro del segundo debate televisado de las elecciones presidenciales brasileña estaba clara: cualquier candidato podía preguntar, de primeras, a cualquier otro candidato. Le tocó el primer turno a la presidenta Dilma Rousseff, del Partido de los Trabajadores (PT), que no dudó y eligió el blanco: la candidata Marina Silva, la reina reciente de las encuestas, la aspirante inesperada de los socialistas brasileños después del infortunado de avión que segó la vida, el pasado 13 de agosto, del líder del Partido Socialista Brasileño, Eduardo Campos. Y la presidenta disparó: “¿Cómo se las va arreglar para conseguir todo el dinero que necesita para cumplir todas las promesas que está haciendo?”. La candidata Silva respondió con vaguedades, sin cifras (“Haremos las elecciones debidas, no elegiremos mal”). Y Rousseff contraatacó machacando en el mismo lado: “Usted habla y habla pero no responde”.

De esta forma se encauzó el debate que, sobre todo, fue un duelo particular entre las dos personas que, según los sondeos, más posibilidades tienen de ganar las elecciones presidenciales brasileñas. Por un lado, Rousseff trató de acorralar a Silva acusándole de falta de concreción y de arroparse en discursos vaporosos. Marina Silva, por su parte, criticó la, a su juicio, miopía de Rousseff para ver sus propios errores y le recordó la (mala) marcha de la economía brasileña, que acaba de entrar en lo que los especialistas denominan recesión técnica. El tercero en discordia, Aécio Neves, del más conservador Partido de la Socialdemocracia Brasileña (PSDB), pasó más desapercibido aunque también incidió en la necesidad de mudar el rumbo económico del país “para que Brasil vuelva a crecer”.

El debate, en el que participaron siete candidatos (de ellos, sólo los tres citados tienen posibilidades ciertas de vencer), fue seguido con interés porque se trataba de saber cómo Aécio Neves y Dilma Rousseff tratarían de contrarrestar el efecto-Marina Silva, que desde que decidió dar el paso y sustituir al fallecido Campos se ha convertido en la auténtica estrella de la campaña, objeto de todo tipo de artículos en la prensa brasileña y protagonista absoluta. De ahí que Dilma Rousseff, que ve como Silva, ex ministra de Medio Ambiente, ya le supera en los sondeos la eligiera de nuevo como blanco en la siguiente pregunta. Ahí le interrogó sobre otro punto flaco del programa, esto es, la explotación de los recursos petrolíferos en aguas profundas de Brasil, el conocido como presal. Silva volvió a responder sin comprometerse, aludiendo a la explotación pero también al fomento de otros tipos de energía menos contaminantes y dañinas, como la eólica y la solar. Rousseff volvió a atacar en el mismo sitio, dejando clara su postura ante la ambigüedad calculada de su oponente: “Esos yacimientos son riqueza para el país. Son recursos para fomentar la educación y la sanidad. Usted no se compromete con nada. Su discurso está lleno de frases genéricas”.

Por su parte, Marina Silva apeló a uno de sus mensajes clave de su campaña, el cambio de “las viejas formas de hacer política” a una “nueva postura”. Y reprochó a Dilma Rousseff que no asuma su culpa en la derrota económica del país: “No es justo que diga que cuando el país va bien es porque usted lo hace bien, y cuando va mal es por culpa de la crisis económica de los otros países. Sus errores los está pagando la gente que no tiene buenos servicios y que salió hace más de un año a protestar a la calle a por eso”.

Neves, que hasta la irrupción de Silva era el oponente directo de Rousseff, quedó relegado a tercer lugar, precisamente el lugar en el que le dejan las encuestas. Si éstas tienen razón, el líder del PSDB no pasará la primera ronda, que se celebrará el próximo cinco de octubre. Da la impresión de que las elecciones brasileñas cada vez más es cosa de dos.

¿En quién se inspira intelectualmente la candidata, Marina Silva? ¿En la lectura de qué textos ha bebido sus reflexiones que a muchos le parecen enigmáticas, crípticas e ilusorias, diferenciadas del lenguaje común de los otros políticos?

Una de sus fuentes es la pensadora alemana de origen judía, Hannah Arendt, fallecida en 1975, que perdió, durante la Segunda Guerra Mundial su nacionalidad alemana y sus derechos políticos por diez años. Los conceptos políticos barajados por Marina, se encuentran en los escritos, por ella citados, de esta filósofa alemana, como la crítica dura a la “vieja y arrogante política” de los partidos, la predilección de la democracia directa a la representativa, el uso de plebiscitos para dar voz a la gente, la puja por reunir a los diversos, y hasta la idea de conjugar política con sueños, milagros y hasta religión. ¿Logrará Marina su propósito, vista la diversidad cultural existente en Brasil? Junto a estratos medios bien educados de las ciudades y alrededores, aún existe una amplia periferia excluida secularmente de los frutos del desarrollo económico, político y cultural de Brasil.

Ya no es el país de los Tristes Trópicos (1955) de Claude Lévi-Strauss, ese gran antropólogo que estudio muy bien las relaciones de parentesco de los indígenas de Mato Grosso, sino el Brasil multicultural donde la pobreza de los Sin Tierra y de las favelas sigue prevaleciendo. El mensaje de Marina Silva, sobre la democracia directa, puede incentivar a los que se sienten excluidos aunque no entiendan muy bien su significado actual, y lo que fue en el pasado (soviets, comunas, consejos obreros, etc.).

Sin embargo, su personalidad y el deterioro del gobierno de Dilma Rousseff, parecen haber abierto una brecha por donde puede irrumpir la candidata socialista.

Todas las encuestas divulgadas en las últimas dos semanas dicen que ninguno de los candidatos superará 50% de los votos en la primera vuelta del 5 de octubre y que será necesaria una segunda, en la que Silva vencería a Rousseff, hasta hace quince días favorita, con una diferencia de entre 5 y 10 puntos.