• Caracas (Venezuela)

Héctor Silva Michelena

Al instante

Desde la Cumbre, ¡llamad a Cantinflas! ¡Ojo con Alex!

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Un poco de historia patria: El 22 de Junio de 1826 se instala el Congreso Anfictiónico de Panamá un viejo sueño de Bolívar. A este Congreso asistieron: Nueva Granada, Venezuela y Ecuador, como países grancolombianos, Guatemala, México y Perú; Provincias Unidas de Centro América, Chile y Buenos Aires no asistieron por la situación interna; Bolivia no llegó a tiempo, Gran Bretaña envió un observador.

Ya desde Jamaica, en 1815, Bolívar decía: “¡Qué bello sería que el Istmo de Panamá fuera para nosotros lo que el de Corinto para los griegos!...Ojalá que un día tengamos la fortuna de instalar allí un augusto Congreso,...” Lo que ambicionaba era el entendimiento entre todas las naciones, la unidad del Continente, “...formar de todo el Mundo nuevo una sola Nación...”.

Cuando el Libertador conoció, en Lima, los lineamientos generales de los Tratados firmados en Panamá, no pudo menos de sentir una gran desilusión. Y no le faltaba razón para ello. Los mecanismos de colaboración ideados en el Istmo bien poco podían contribuir al afianzamiento de una estructura supranacional capaz de generar, por su autonomía con respecto a las partes, el poder compensador que se requería para contener el fatal proceso de disgregación de las sociedades hispanoamericanas. De ahí la sinceridad con que se le escapó del alma, en carta dirigida al general Páez el 4 de agosto de 1826, el siguiente juicio sobre los resultados desalentadores del Congreso del Istmo:

“El Congreso de Panamá -le decía-, institución que debiera ser admirable si tuviera más eficacia, no es otra cosa que aquel loco griego que pretendía dirigir desde una roca los buques que navegaban. Su poder será una sombra y sus decretos, consejos; nada más”. (Cartas del Libertador. Recopilación de Vicente Lecuna. Caracas, 1929).

Así terminaba el primer acto de la malograda lucha de Bolívar por conservarles a las sociedades que antes fueron colonias españolas, el grado de integración requerido para que el Hemisferio Occidental no se dividiera, con todas las graves consecuencias que ello tendría, en los Estados Unidos del Norte y los Estados desunidos del sur.

Consulté una encuesta por Internet acerca de los posibles resultados de la Cumbre. Una mayoría abrumadora (76%) respondió:”No resultará nada”. Como dijo Ben Jonson: “Bendito sea quien calla cuando no tiene nada que decir”. Benjamin Jonson fue un dramaturgo, poeta y actor inglés del Renacimiento. Sus obras más conocidas son Volpone y El alquimista además de sus poemas líricos. Jonson leía mucho y tenía un apetito aparentemente insaciable por la controversia. Vayamos a ella, pues.

Cuando usted lea esta cosa, habrá tal vez finalizado la pomposa VII Cumbre de las Américas, habida en la amable Panamá. Escribo un día antes del comienzo y no sé qué pasará. Lo imagino: el tema “Prosperidad y Equidad” quedará bajo la sombra de tres protagonistas de la película en  viejo cinemascope, y del chismorreo impotente de sus 32 comparsas. Antes de leer, ruego pasar por su mente la letra y música de dos grandes canciones latinoamericanas, una es la “Opera do Malandro” de Chico Buarque (1937) cuyo coro final dice: “Sale el sol/ En el mar de Copacabana/ Para aquellos que vivieron/ Sólo el café y el banano/ Tiene navaja, Kibon/Almuerzo, Neón/ El Aceite/ Cinemascope, detergente en polvo/ Ban-Lon/ Champú, TV/ Cigarrillos largos y delgados/ Blindex ahumado/ Tener Napalm y Kolinos/ Tiene una cinta adhesiva y rai-ban/ Van y sedán/ Ese sueño/Cargador, Brasilia, Plutonio/ Shazam/ Qué orgía/ Qué energía/ La paz reina/ En mi país/ Dios mío/ Me siento muy feliz”.

De la otra va este fragmento de la letra de “Pedro Navaja”, nacido en el barrio humilde de San Felipe, ciudad de Panamá: “Y Pedro Navaja puñal en mano le fue pa’encima/ El diente de oro iba alumbrando to’ a la avenida "guiso fácil"/ Mientras reía el puñal le hundía sin compasión/Cuando de pronto sonó un disparo como una cañón/Y Pedro Navaja cayó en la acera mientras veía, a esa mujer/ Que revólver en mano y de muerte herida a él le decía Yo que pensaba hoy no es mi día, estoy salá’/Pero Pedro Navaja tu estás peor no estás en ná’/ Y créanme gente que aunque hubo ruido nadie salió/ No hubo curiosos, no hubo preguntas nadie lloró/ Sólo un borracho con los dos muertos se tropezó/ Cogió el revólver, el puñal, los pesos y se marchó/ Y tropezando se fue cantando desafina’o/El coro que aquí les traje y da el mensaje mi canción/La vida te da sorpresas, sorpresas te da la vida ¡ay dios!/Pedro Navaja ladrón de esquina/ Quien a hierro mata a hierro termina”.

En “Si yo fuera diputado” (1951), Cantinflas interpreta a un humilde barbero que tiene de cliente un anciano abogado con el cual intercambia cortes de cabello por lecciones de leyes. El anciano, al ver que ya no puede seguir llevando los casos del pueblo, empieza a meter a Cantinflas al mundo de los abogados y la defensa de juicios, teniendo de base las simples lecciones que él le dio y claro, con la picardía inconfundible del personaje principal. Cantinflas después de combatir algunos juicios, será lanzado como diputado del pueblo, dónde tendrá que contender en contra de Don Próculo y sus artimañas para quitarle la diputación del pueblo.

En el  México de aquellos años, así como ocurre hoy en día en  los discursos políticos se basan en las mismas reglas que las del pícaro, donde no importa si lo que se dice tiene sentido o no, si tienen bases o cifras que los comprueben, basta con que suene convincente para el pueblo, que pinte una esperanza y que sea entonado majestuosamente para darle veracidad. Puedo citar a Miguel Ríos cuando dice: “Es como si Cantinflas fuera, más que nadie, el dictador mexicano del optimismo. Coquetea con la política como si fuera el político más experimentado. Se convierte en líder y proletariado con sólo cambiarse el sombrero o una frase”. [2] Este tipo de comportamiento, lo podemos encontrar sobretodo en los políticos de izquierda, quienes se rebajan al nivel del pueblo, y se vuelven sus amigos a la hora de hablar, usando una jerga coloquial y una falta de vocabulario profesional.

Aunque Cantinflas sea el héroe de la película no podemos dejar pasar el hecho de que consigue lo que quiere por medio de la corrupción y la picardía, esto se debe a que, según María Casas de Faunce:

“La filosofía picaresca se ríe de la sociedad, de sus prejuicios y, en ocasiones, de lo que considera sus mitos (amor, honor, patriotismo, trabajo, virtud…). Con amable sonrisa o punzante sarcasmo penetra en la sustancia de la realidad para liberarla reflexivamente de lo superfluo y presentarla al desnudo, como una serie de valores puros y universales desprovistos de artificio”.

 La parte que completa de este reflejo sociocultural es cuando Cantinflas está a punto de dar su discurso para lanzarse como candidato para diputado del pueblo y uno de sus compañeros le dice “Échele dialéctica”. Esta frase en la cultura mexicana, válida también en muchos de los países representados en la Cumbre de Panamá, se refiere al uso exagerado de palabras, a hablar de más con tal de que el público se sorprenda más que con lo que dices, con cuánto lo dices. Carlos Monsiváis dice: “Todos los diálogos de Cantinflas lo que intentan es rendir al interlocutor que, ante la incomprensión, acaba fatigado, desmayado y dispuesto a aceptar lo que el otro le diga”. Deléitese a continuación con el celebérrimo discurso del genial Cantinflas:

"Pueblo que me escucha, aquí me tienen delante de ustedes y ustedes delante de mí y es una verdad que nadie podrá desmentir. Y ahora me pregunto ¿y porque estoy aquí? Y enseguida tengo mi “respuestación”, porque soy muy rápido en todo. Estoy aquí porque no estoy en ninguna otra parte y porque ustedes me llamaron y si el pueblo me llama, el pueblo sabrá por qué lo hizo. Yo, contrariamente a lo que dijo cierto sujeto, que no quiero pronunciar su nombre pero que lo estoy viendo, no represento a ningún partido y no represento a ningún partido porque me represento yo solito, porque como dice el dicho "más vale solo que mal acompañado”.

“Agradezco estos aplausos tan desnutridos a la par que merecidos, que me incitan a seguir discurseando. Y ustedes se preguntarán: Este joven de tan tierna edad, de aspecto tan distinguido, de facciones regulares y agradables, ¿será capaz de conducir la nave a buen puerto? ¿Será capaz de sortear todos los peligros, hasta encontrar el faro de la felicidad donde les deje positivamente seguros? Y este joven, este mismo, que entre paréntesis es el que les habla les contestará: A pesar de ser tan pollo, tengo más plumas que un gallo y sobre todo, tengo ganas de hacer justicia y darle al pueblo lo que el pueblo necesita. Yo al revés que otros les voy a dar pan, pero que mucho pan, no bolillo como siempre les han dado”.

Esto sí que es un político y no lo que tenemos ahora... Y mientras esperamos que nos llegue un "peladito" que mejore el discurso político actual (sea cual sea la tendencia), dispóngase a recibir bolillo. ¿Qué es un bolillo? Yo lo he comido en México, es pan blanco económico y muy popular elaborado con harina de trigo, no es considerado dulce. ¿Qué es un “peladito”?, lo he visto en la gran capital mexicana-. El escritor Samuel Ramos, en su libro El perfil del hombre y la cultura en México, 1934, Ediciones para la Colección Austral de Herederos de Samuel Ramos; 1951 Espasa Calpe, Madrid. Trigésima séptima reimpresión: agosto del 2001, lo define así:

“Un individuo que lleva el alma al descubierto, sin que nada esconda en sus más íntimos resortes. Ostenta cínicamente ciertos impulsos elementales que otros hombres procuran disimular. El “pelado” pertenece a una fauna social e categoría ínfima y representa el desecho humano de la gran ciudad. En la jerarquía económica es menos que un proletario y es intelectualmente un primitivo”. ¿Qué opina usted, hipócrita lector, hermano mío, del discurso pronunciado por el “peladito” en el Foro?

Pero no hay que hacerse ilusiones. Cuando asome el alba, sus trasnochados Jefes que mal leyeron la Naranja Mecánica, la afilada novela del gran Antony Burgess, y se escandalizaron al verla película homónima del no menos grande director Stanley Kubrick, olvidaron a Cantinflas y llamaron al personaje Alex De Large (Malcolm McDowell), un delincuente psicópata y carismático, cuyos placeres son la violación y la “ultraviolencia”, y es líder de una banda de matones (Pete, George y Dim), a los que llama drugos (del término ruso друг, «amigo», «colega»), con los que comete una serie de violentas fechorías. Alex narra la mayor parte del filme en nadsat, una jerga adolescente ficticia que combina lengua eslava (especialmente ruso), inglés y la jerga rimada cockney.

Este es el discurso de Alex: “Ahí estaba yo. Es decir, Alex y mis tres drugos. O sea Pete, Georgie y Dim. Estábamos sentados en el Korova Milk Bar, exprimiéndonos las rasureras para encontrar algo con que ocupar la noche. En el Korova Milk Bar servían lacta plus. Leche con velloceta o con dencromina… que es lo que estábamos tomando. Eso nos aguzaba los sentidos y nos dejaba listos para una nueva sesión de ultra-violencia”. Hace una pausa calculada y continúa: “Qué paz, qué paz celestial, era la suntuosidad y la untuosidad hechas carne, como un pájaro de un raro metal celeste o como un vino de plata fluyendo en una nave espacial. La ley de la gravedad ya no cuenta para nada, mientras escuchaba, vi imágenes maravillosas”. Escucha entonces en su cuarto la novena sinfonía de Beethoven y grita, enfurecido: “¡No pueden hacerle eso al gran Ludwig Van! ¡Él sólo hizo música!”.

Alex prosigue su narración: “Mientras andábamos por el borde del muelle, iba yo aparentemente tranquilo. Pero cavilando todo el tiempo, así que Georgi seria ahora el general, dictando lo que teníamos hacer o no hacer, y Dim su perro faldero de sonrisa boba. Pero de repente caí en la cuenta que el pensar es para los atristos y que los ominosos cuentan con la inspiración y con lo que el señor manda. Porque ahora venía en mi ayuda una música deliciosa, había una ventana abierta, con un tocadiscos en marcha, y en seguida videé el camino a seguir…”, y lo explicó de seguidas: “Nadie puede decir nada contra mí, hermano señor, la milicienta no me ha echado la ruña en mucho tiempo. Es curioso que los colores del mundo real solo parecen verdaderos cuando los videamos en una pantalla”.

Como no caminaban por la escondida vía, dieron con un mendigo que les preguntó: “¿Tenéis unos acortantes, hermanos?”. Le respondieron con una paliza a un Anthony Burgess disfrazado: “¿Qué mosca os ha picado? Hemos estudiado el problema, llevamos estudiándolo casi un jodido siglo pero no lo sacamos adelante. Aquí tienes un buen hogar, tus padres te quieren, no eres demasiado estúpido. ¿Qué te ocurre? ¿Se te ha metido el demonio dentro?”. Un inspector de policía le señala: “La violencia engendra violencia.  Es evidente a los vidrios. Ni trampa ni cartón. Nada de magia, mi querido Alex. Un trabajo para dos, que estaban en edad de trabajar: la policía y tú”.

De repente en las tinieblas algo sucedió camino del Foro. Alex abrió los ojos de par en  par. “Me desperté... los dolores y las náuseas volvieron a mí como una fiera... entonces comprendí lo que pasaba, la música que sonaba abajo era la de mi viejo amigo Ludwig Van y su terrible Novena Sinfonía...de pronto videé lo que tenía que hacer, lo que quería de verdad hacer, evaporarme de una vez, largarme para siempre de este mundo cruel y sin piedad, un instante de dolor una vez y después el suelo para siempre por los siglos de los siglos”.

Un periodista que cubre la Cumbre explicó todo en un tríptico, pagado con su bolsillo: Las extrañas expresiones y palabras que utilizan como jerga Alex y sus drugos se encuentran originariamente en la novela en la que se basó la película, de Anthony Burgess; en ésta, el autor adjuntaba un pequeño diccionario para poder entenderla. Alex, el más avezado de la pandilla, narra la mayor parte del filme en nadsat, una jerga adolescente ficticia que combina lengua eslava (especialmente ruso), inglés y la jerga rimada cockney.

Dixi et salvavi aninam meam (He dicho y salvado mi alma).