• Caracas (Venezuela)

Héctor Faúndez

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Héctor Faúndez

El pragmatismo (o el cinismo) de Fidel

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El gobierno argentino acaba de desclasificar miles de documentos que reposaban en los archivos de su Cancillería, y que corresponden a la época de la última dictadura militar que sojuzgó a ese país entre 1976 y 1983. No debería haber nada de extraño en un gesto como este, propio de una sociedad democrática, que contribuye a la transparencia en la conducción de las relaciones internacionales. Podíamos imaginar que saldrían a la luz informaciones que revelaran la cobardía moral de la Junta Militar Argentina y de sus agentes diplomáticos; pero parecía delirante asumir que esos archivos pudieran proporcionar la prueba documental de una alianza entre regímenes con dos ideologías antagónicas, aunque unidas por su desprecio a la democracia y a la libertad.

Durante los años que esa tiranía permaneció en el poder, hubo más de 30.000 desaparecidos, se crearon numerosos centros clandestinos de detención, se recurrió al uso sistemático de la tortura y se persiguió con saña a militantes comunistas y peronistas, incluidos muchos funcionarios y ex funcionarios del actual gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. No es de extrañar que haya sido precisamente durante el gobierno de Néstor Kirchner que se anularon las leyes de “Punto final” y “Obediencia debida”, a fin de poder investigar y castigar los crímenes de la dictadura. Nadie puede sorprenderse porque Cristina Kirchner haya condecorado a Patricia Derian, que se había desempeñado como secretaria de Derechos Humanos y Asuntos Humanitarios del gobierno de James Carter y que, en esa condición, hizo uso de toda la presión del gobierno de Estados Unidos para poner fin a la represión en Argentina. Pero sí es curiosa la cercanía del actual gobierno argentino con el gobierno de Cuba, teniendo en cuenta que, según la información recientemente desclasificada a que ya se ha hecho referencia, el gobierno de Cuba fue un firme aliado de la dictadura militar argentina.

Siempre resultó extraño que, durante los años de la Junta Militar Argentina, Cuba y los demás países del bloque socialista se abstuvieran de condenar esa dictadura o de promover, desde la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, la creación de un grupo de trabajo encargado de investigar las atrocidades cometidas por los militares argentinos. Muy por el contrario, existían acuerdos de apoyo recíproco que le permitían a Cuba y Argentina intercambiar votos para acceder a los distintos órganos de Naciones Unidas. Durante la dictadura militar, Argentina le concedió a Cuba un crédito que, al parecer, aún no se ha pagado. Además, ahora se han develado detalles de la invitación que Fidel Castro hizo a Jorge Videla para asistir a la Sexta Conferencia de los Países No Alineados. Mientras tanto, guerrilleros entrenados en Cuba eran torturados y asesinados por la dictadura militar argentina.

Es perfectamente comprensible que muchos ciudadanos no estuviéramos al tanto de la cercanía que, en los momentos más terribles de la represión en Argentina, hubo entre Fidel Castro y Jorge Videla. Pero cuesta creer que la actual presidente de Argentina no conociera de estos hechos y que, a pesar de eso, mantenga tan cordiales relaciones con el régimen cubano.

Sin duda, algunos gobernantes pueden ser poco coherentes, enigmáticos e impredecibles; pero no al extremo de que renuncien completamente a los ideales que dicen defender y comportarse con absoluto cinismo. Cuentan que, cuando se produjo la intentona golpista del 4 de febrero de 1992, Fidel Castro fue uno de los primeros en llamar a Carlos Andrés Pérez para mostrarle su solidaridad, y su rechazo a los sediciosos; pero, pocos años después, Castro abrazó y alentó a Hugo Chávez en su aventura antidemocrática. ¿En cuál de esos momentos sería realmente sincero? Probablemente, en ninguno.