• Caracas (Venezuela)

Héctor Faúndez

Al instante

Los ojos del mundo

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Para las elecciones parlamentarias del próximo domingo, el gobierno (y obviamente también el CNE) no ha aceptado la presencia de observadores internacionales independientes; sin embargo, todo indica que estas serán las elecciones más vigiladas en la historia reciente de Venezuela. Las naciones vecinas (con gobiernos de derecha e izquierda, incluyendo los de Brasil y Uruguay), la ONU, la OEA, la Unión Europea, el secretario general del Consejo de Europa, ex jefes de Estado o de gobierno, artistas e intelectuales (incluido uno galardonado con el Premio Nobel de Literatura), al igual que prestigiosas organizaciones de derechos humanos, como Amnistía Internacional, han manifestado su preocupación y su interés por que, dentro de lo que se puede esperar, podamos tener unas elecciones limpias y transparentes, sin violencia y sin intimidación a los electores.

Desde hace meses, distintos actores internacionales vienen observando, con preocupación, cómo se ha desarrollado el proceso previo a las elecciones, en lo que concierne a las garantías de igualdad entre los distintos grupos políticos que concurren a las elecciones, el respeto a los derechos políticos de todos y la imparcialidad del árbitro electoral. Ahora, esos mismos actores tienen interés en observar cómo ha de transcurrir la jornada electoral, cómo se procederá al recuento de votos, cómo se mantendrá oportuna y debidamente informados a los ciudadanos sobre el resultado electoral, y cuál será la reacción de los dos bloques principales que concurren a esta contienda. No obstante, el gobierno desea que estas elecciones se celebren en la más estricta privacidad, como si se tratara de un asunto doméstico o de un secreto de Estado y no de lo que, en una sociedad democrática, es del mayor interés público.

Mientras el mundo entero tiene sus ojos puestos en las elecciones venezolanas, nuestras autoridades se comportan como si hubiera algo muy turbio que ocultar; como si se estuviera fraguando un hecho vergonzoso, o como si, a espaldas de los ciudadanos y detrás del escenario, se estuviera complotando para cometer un fraude descomunal que permita acabar con la democracia. Es posible que eso esté muy lejos de la verdadera intención de las autoridades; pero lo cierto es que hay la sensación de que no se está actuando correctamente y de que hay algo que se quiere esconder. No es aceptable que haya fundadas razones para sospechar del gobierno o del CNE. Es bueno recordar que, en política, las apariencias tienen mucha importancia; por eso, las autoridades electorales tienen que ser como la mujer del César: no solo tienen que ser honestas, sino que también tienen que parecerlo.

Puede que los medios de comunicación social venezolanos no le hayan dado el valor que merece a hechos y circunstancias que, sin duda, pueden tener una importancia decisiva en la voluntad del elector, inclinando la balanza en uno u otro sentido; pero la prensa internacional ha seguido con mucho interés los acontecimientos recientes que han marcado la campaña electoral. Tanto lo que aquí se ha logrado silenciar como el tipo de mensajes que, por el contrario, han tenido amplia cabida en los medios controlados por el Estado no ha pasado desapercibido para la prensa internacional.

Venezuela se ha convertido en una inmensa vitrina, en la que comparten un mismo espacio el horror y la esperanza; el estancamiento y las ansias de progreso; la amenaza de la fuerza y el llamado a la razón; los mensajes de odio y el deseo de vivir juntos. Dos visiones distintas del país que queremos, dos formas de transmitir un mensaje al elector, y dos estilos diferentes para alcanzar lo que cada uno considera que es “el bien común”. Pero, como no vale cualquier medio y como no sirve alcanzar el triunfo “como sea”, la comunidad internacional tiene la mirada puesta en estas elecciones. Independientemente de quiénes sean los elegidos, o de cuál sea el resultado electoral percibido y el anunciado oficialmente, la forma como este sea recibido por ganadores y perdedores marcará el rumbo de la Venezuela del futuro.

Obviamente, la comunidad internacional quiere saber quiénes resultarán vencedores; pero, sobre todo, le interesa conocer las circunstancias en que han obtenido el triunfo puesto que, a fin de cuentas, esto es lo que indicará hacia dónde se dirige Venezuela. Eso sería más fácil de apreciar con observadores internacionales en el terreno, a los que se les facilite el cumplimiento de su misión; sin embargo, el no haber permitido su presencia no impedirá que el mundo pueda percatarse de qué es lo que aquí está ocurriendo y qué es lo que se está cocinando. Que todas las miradas estén pendientes de nosotros no es un hecho menor, carente de relevancia. ¡Nada de lo que suceda podrá ocurrir impunemente!