• Caracas (Venezuela)

Héctor Faúndez

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Héctor Faúndez

¿Dos fusiles?

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El crimen y la violencia no son parte del lenguaje de la política; de manera que, más allá de las diferencias ideológicas, nadie puede regocijarse o sentirse complacido con el asesinato del diputado Robert Serra; a su manera y con su visión del bienestar general, él también trabajaba por el país. Repudiamos su asesinato del mismo modo que repudiamos la muerte de quienes, día tras día, son víctimas de la violencia y pierden la vida en Venezuela, y esperamos que su crimen no quede impune, sembrando la duda sobre la identidad de sus autores y sobre el móvil del mismo; sin embargo, también deploramos que algunos de sus camaradas intenten sacar provecho político de un hecho espantosamente atroz. Pero la información proporcionada por la prensa, indicando parte de lo que los asesinos se llevaron desde la residencia de Serra, nos deja igualmente perplejos; para nuestra sorpresa, además de dinero, ese botín incluyó, por lo menos, tres pistolas y dos fusiles (un M-16 y un AR-15), con su correspondiente munición.

Un fusil no es un arma deportiva, que se pueda adquirir en una tienda como si se tratara de una escopeta de caza o de un rifle de aire comprimido. Un fusil es un arma de guerra, utilizada por los ejércitos o por grupos guerrilleros. El M-16 y el AR-15 son 2 versiones de un fusil de asalto, fabricado en el imperio y utilizado por las fuerzas armadas de más de 80 países. En Venezuela, la FAN lo utilizó hasta el año 2000, reemplazándolo posteriormente por el AK-103, de fabricación rusa. En todo caso, el M-16 no es un arma para la defensa personal; esta es un arma de guerra.

Ningún ciudadano corriente necesita un fusil de guerra ni tiene la posibilidad de adquirirlo fácilmente. Además, en Venezuela existe una Ley para el Desarme y Control de Armas y Municiones, aprobada con el voto favorable del diputado Serra, la cual asigna a la FAN la responsabilidad en lo concerniente a la importación, exportación y comercialización de armas de fuego, y que regula estrictamente la posesión de armas de fuego con fines deportivos o de defensa personal.

De manera suficientemente justificada, usted, amigo lector, podrá obtener un permiso para poseer una pequeña pistola o un revólver; pero, de acuerdo con la ley, no hay ninguna posibilidad que usted, y mucho menos un diputado de oposición o un dirigente de la MUD, pueda poseer legalmente un fusil de asalto. Si llegara a ocurrir que alguien de la oposición tuviera en su poder un arma de esas características, no le quepa a usted ninguna duda de que ese hecho sería denunciado como parte de un plan para asesinar a Nicolás Maduro o para subvertir el orden público y alterar la paz social.

Son muchas las inquietudes y preocupaciones que plantea el hecho de que los asesinos de Serra se hayan llevado dos fusiles desde su residencia. ¿Cómo les consta a las autoridades que lo que se llevaron los autores de este crimen fueron dos fusiles y no seis o siete? ¿Se sabía, de antemano, que Robert Serra guardaba en su casa dos fusiles de asalto, con sus municiones? ¿Cómo y dónde los obtuvo? ¿Con qué objeto? Esto es lo que debería investigar la fiscal general de la república. En vez de invocar el Eclesiastés en un Estado laico, estas son las interrogantes que debería responder el ministro Rodríguez Torres. ¡Para eso está allí!

Considerando el pequeño arsenal que había en la residencia de Robert Serra, tenemos que preguntarnos, con absoluto desconcierto, ¿por qué un diputado del PSUV, que contaba con cuatro guardaespaldas, necesitaba dos armas de guerra? Tomándole la palabra al presidente de la república, que afirma estar promoviendo la paz y la concordia entre los venezolanos, ¿para qué un diputado oficialista guardaba en su casa tres pistolas y dos fusiles de asalto, con la correspondiente munición?