• Caracas (Venezuela)

Héctor Faúndez

Al instante

Un criminal entre nosotros

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El 15 de octubre de 1998, en las páginas del periódico inglés The Guardian, con el título que reproduce este comentario, se publicó un artículo de opinión del periodista Hugo O’Shaugnessy, en el que denunciaba que, en ese momento, en algún lugar de Londres, se ocultaba un terrorista extranjero, responsable, entre otras cosas, de la tortura de la médico británica Sheila Cassidy; según O’Shaugnessy, si ese hombre escapaba del Reino Unido, mucha gente querría saber por qué. Poco después de la medianoche del día siguiente, en cumplimiento de una orden del juez español Baltazar Garzón, el ex dictador Augusto Pinochet fue detenido en una clínica de Londres. Este sería uno de los casos pioneros en la aplicación de lo dispuesto por la Convención Internacional contra la Tortura en materia de cooperación internacional y procedimientos de extradición.

Al arresto de Pinochet en Londres, en cumplimiento de una orden de detención emanada de un juez español, por actos de tortura cometidos en Chile, le han seguido numerosos otros casos de torturadores que tampoco han podido encontrar refugio en un tercer Estado y que han debido responder ante la justicia. Ese es el caso, por ejemplo, de Adolfo Scilingo y Ricardo Cavallo, dos ex militares argentinos condenados a 1.048 años de prisión el primero y a cadena perpetua el segundo, gracias a la citada Convención. Estos son solo parte de una larga lista de criminales que no se han salido con la suya.

Ya está firmemente establecido que la responsabilidad por el delito de tortura se extiende no solamente a quienes la cometan sino a quienes la fomenten, ordenen o toleren. No obstante, el caso de Pinochet tenía algo de especial pues, por primera vez, se trataba de la aplicación de la Convención contra la tortura a un ex jefe de Estado; pero este precedente no tardó en ser seguido por otros igualmente notables. El 22 de septiembre de 2007, Alberto Fujimori fue extraditado desde Chile, para enfrentar cargos que incluían la práctica de la tortura durante su mandato como presidente del Perú. Ahora es el turno del ex dictador chadiano Hissène Habré que, después de conquistar el poder en 1982, durante ocho años, mediante la tortura y el asesinato, impuso en el Chad un régimen de terror que condujo a la muerte de alrededor de 40.000 personas. Tras ser derrocado por su hombre de confianza en el ejército, luego de una breve estadía en Camerún, Habré se refugió en Senegal con el producto de su rapacidad, donde vivió impunemente durante más de 20 años. Después de varios intentos fallidos para que se le procesara en el mismo Senegal o en Bélgica, finalmente Habré será juzgado por tortura y otras violaciones de derechos humanos cometidas en Chad.

Ante la negativa de Senegal de extraditar al ex dictador Hissène Habré, Bélgica recurrió ante la Corte Internacional de Justicia, la cual, el 20 de julio de 2012, decidió que, según los términos de la Convención contra la Tortura, si no lo extraditaba, Senegal tenía la obligación de someter, sin más demora, el caso de Hissène Habré a sus autoridades judiciales competentes, para los efectos de ser juzgado por los delitos de tortura que se le imputaban. Finalmente, el juicio de Habré está previsto que comience el próximo 20 de julio, ante un tribunal de Senegal (Cámara Africana Extraordinaria). Se calcula que más de un centenar de sus víctimas acudirán a rendir testimonio del calvario al que fueron sometidas.

Por lo menos desde 1980, la jurisprudencia venía señalando que el torturador (como antes los piratas y los traficantes de esclavos) es un enemigo del género humano. Con el procesamiento de Hissène Habré se ha dado otro importante paso para que no haya espacio para la impunidad, y para que los torturadores no puedan encontrar refugio en ningún lugar del planeta; pero la tortura sigue siendo el instrumento predilecto de los autócratas y de los canallas. Pinochet, Fujimori o Habré no son los únicos seres envilecidos. ¿Quién será el próximo en ser detenido, juzgado y condenado en tierras extranjeras?