• Caracas (Venezuela)

Héctor Faúndez

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La suerte de Padrino

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En lo que corresponde a una correcta interpretación de la Constitución, el presidente de la Asamblea Nacional, Henry Ramos Allup, instó a los militares que quieran hacer política a quitarse el uniforme y entregar sus armas. El carácter no partidista y no deliberante es la condición natural de la fuerza armada en cualquier sociedad democrática; pero el ministro de la Defensa, general Vladimir Padrino, no piensa lo mismo y se ha apresurado a manifestar su desacuerdo con lo dicho por Henry Ramos. En opinión de Padrino, el carácter apolítico y no deliberante de la Fuerza Armada quedó en el pasado, enterrado con la Constitución de 1961, siendo excluido de nuestra actual Constitución. El ministro Padrino recuerda que, según Aristóteles, el hombre es un “zoon politikón”, esto es, un animal político, que vive y se desarrolla en sociedad y que, por vivir en la polis, se relaciona con los demás. Pero, además de no percatarse de lo dispuesto por la Constitución que nos rige, el ministro Padrino tampoco parece haber captado el exacto sentido de lo dicho por Aristóteles.

En efecto, el artículo 328 de la maltrecha y tan pisoteada Constitución vigente (no la de 1961), señala que “la Fuerza Armada Nacional constituye una institución esencialmente profesional”, que “está al servicio exclusivo de la nación y en ningún caso al de persona o parcialidad política alguna”. Además, el artículo 330 de la Constitución que nos rige (no la de 1961), dispone que los integrantes de la FAN no pueden “participar en actos de propaganda, militancia o proselitismo político”. Esas disposiciones constitucionales, cristalinas como el agua, son una consecuencia lógica de lo que significa vivir en democracia, en cuanto proceso caracterizado por el diálogo y la concertación; por el contrario, un escenario, en el que una de las partes en el debate político está armada y se vale de esa circunstancia para intimidar a la población civil, no es propio de una sociedad democrática. La Constitución no ha previsto que quienes nos gobiernan dispongan de una guardia pretoriana para imponer su punto de vista y sojuzgar a los ciudadanos.

En cuanto a Aristóteles, es bueno recordar que este no era un ferviente partidario de la democracia sino del gobierno de los mejores, que es precisamente lo contrario de lo que hoy tenemos. Sin embargo, Aristóteles entendía la política como el diálogo civilizado y no como el monólogo impuesto por el que, además de tener el control de los medios de comunicación social, también tiene el poder de las armas. En realidad, de la constatación de que el hombre es un animal político, ni estirando mucho la cuerda se puede concluir que, alguna vez, Aristóteles haya sugerido que el estamento militar, esto es, aquellos a quienes el Estado les ha confiado las armas para garantizar la seguridad de la nación, puedan participar en política igual que el resto de los ciudadanos.

Como quiera que sea, el ministro Padrino ha reivindicado el derecho de los militares a participar en política y, una vez más, hablando en nombre de todos los militares, ha afirmado que estos son bolivarianos. Sin duda, Padrino y todos los militares tienen derecho a reflexionar sobre el tipo de sociedad que queremos y sobre la forma más adecuada de alcanzar el bien común. Desde luego, cada uno de los militares tiene derecho a tener su propia opinión sobre lo bien o mal que lo está haciendo el gobierno, y sobre lo acertado o desacertado de las políticas adoptadas por este. Pero de allí a manifestar esas opiniones y a intervenir en el debate político hay un trecho muy grande.

Cuando viene a nuestra memoria la aplicación de la lista Tascón y de la lista Maisanta, que cambiaron las vidas de millones de venezolanos, tenemos que admitir la tremenda suerte que tiene el general Padrino. Qué suerte la del ministro de Defensa, que puede opinar de política y que puede ejercer su derecho a expresarse sin que eso se traduzca en represalias o en sanciones de cualquier tipo. Qué suerte la de Padrino, que puede ejercer su derechos políticos sin el riesgo de que lo encarcelen y de que unos facinerosos ultrajen a su familia cuando lo van a visitar. Asumiendo que no se trata de mero pragmatismo, qué suerte que, a diferencia de tantos miles de venezolanos, Padrino pueda hacer alarde de su compromiso ideológico sin que lo destituyan de su cargo.

Es muy fácil ser bolivariano, socialista y chavista, cuando se cuenta con una guardia pretoriana que garantiza su seguridad personal, cuando no hay que hacer cola para adquirir comida o medicinas, y cuando no existe el temor de que, como represalia por sus ideas políticas, vaya Ud. a perder el empleo, le vayan a quitar la vivienda, o le obliguen a entregar el taxi con el que procura subsistir y ganarse la vida. Sobre todo, para cualquiera que esté provisto de un fusil, sea o no militar, es muy fácil alardear de sus ideas políticas en frente del resto de los ciudadanos. Pero ese no es el “animal político”, capaz de participar sin temor en un diálogo entre iguales, al que se refería Aristóteles. Quienes solo pueden exhibir fuerza bruta en abundancia no tienen nada de políticos.