• Caracas (Venezuela)

Héctor Cruces

Al instante

¿Necesitas grasas en tu dieta?

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No cabe duda de que la alimentación y estilos de vida condicionan de manera directa nuestro estado de salud. Mediante estudios científicos, además de la práctica clínica, puedo observar el paulatino y desmedido aumento en la aparición de enfermedades crónicas degenerativas no trasmisibles (diabetes, patologías cardiovasculares, cáncer, etc.) todas ellas tienen como génesis común la prevalencia de “malos hábitos de alimentación”. Según la Organización Mundial de la Salud estas causan más de 68% de las muertes en el mundo.

Las enfermedades cardiovasculares y coronarias (hipertensión arterial, infartos al corazón, enfermedades cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca, angina de pecho) continúan siendo la principal causa de defunciones en el mundo, así lo refieren las cifras de la OMS. Nuestro país no escapa de esta realidad y es que las transgresiones alimentarias, el consumo de grasas industrializadas y animales son cada vez mayores, esto sin contar los múltiples hábitos y actitudes malsanas que ponen en jaque la salud del venezolano.

Técnicamente hablando, las grasas o lípidos son sustancias químicas que están presentes en muchos alimentos, proporcionan energía al organismo, las hay de distintos tipos.

Las trans son un tipo de grasas modificadas artificialmente en las industrias, cambiando su bioquímica (parcialmente hidrogenadas), provienen de los aceites vegetales, de ellas se pueden obtener grasas semisólidas tales como: margarina y manteca.

Por otro lado encontramos las grasas saturadas, provienen principalmente de los alimentos de origen animal, como leche de vaca, yemas de huevos, mantequilla, carnes, salmón y algunos productos vegetales como aceites de chocolates.

El consumo de ambos tipos de grasas en elevadas cantidades tienen la facultad de aumentar los niveles de colesterol LDL y por consiguiente predispone a la aparición de la enfermedad cardiovascular, así lo confirmó un trabajo científico canadiense publicado en la revista British Medical Journal. En este mismo contexto, un estudio de la Universidad de California concluyó que la desmedida ingesta de las grasas trans saturadas puede tener un impacto negativo en la disminución de la memoria; entonces ¿qué nos queda? Lo ideal es ser comedidos. El consumo de grasas saturadas no debe superar 10% de las calorías ingeridas con la dieta, mientras que las grasas trans se deben mantener por debajo de 1%, con el fin de aminorar los riesgos.

Por fortuna, no todo es negativo, dentro de esta clasificación también encontramos algunas más nobles, comúnmente conocidas como “grasas buenas”, estas son esenciales para el cuidado de nuestra salud, las grasas insaturadas monoinsaturadas (omega-9) presentes en el aceite de oliva y palma; de igual forma los poliinsaturadas (omega-3 y omega-6) hallados en el pescado, aguacate, aceite de soya, frutas secas, semillas de girasol y chía, cumplen con funciones estructurales y reguladoras, nos permiten asimilar fácilmente la vitamina A, D, E y K , además de aumentar los niveles de colesterol bueno (HDL) disminuyendo la predisposición de padecer enfermedades cardiacas

Un estudio realizado por el Hospital de Brigham demostró que este tipo de grasas reducen el riesgo de sufrir enfermedades arteriales, cardiovasculares, inflamatorias y algunos tipos de cáncer, e incluso conllevan a mejorar los niveles de presión arterial, lo que indica que tienen un efecto protector sobre el corazón

Recomendaciones:

En la moderación está la salud, sea comedido (a). Evite caer en los excesos, sean “saludables o no” cada gramo de grasa aporta 9 calorías, por tanto su alto consumo predispone al sobrepeso.

Retire toda la grasa visible (previa a cocción).

Use aceites vegetales (canola, oliva, maíz, sésamo) solo para aderezar vegetales.

Disminuya la ingesta de alimentos procesados, suelen ser más sabrosos pero “poco saludables”, esa sensación viene gracias a la incorporación de altos niveles de grasa para mejorar sus propiedades organolépticas (color, sabor, olor, textura).

Lea e interprete el etiquetado nutricional.

Un alimento es REDUCIDO DE GRASA cuando contiene 30 % menos de grasas en comparación con un producto similar.

Un alimento es BAJO EN GRASA cuando no contiene más de 3 g de grasa por 100 g en el caso de los sólidos o 1,5 g de grasa por 100 ml en el caso de los líquidos.

Un alimento es  SIN GRASA cuando no contiene más de 0,5 g de grasa por 100 g o 100 ml.

 

Nutricionista Dietista ULA / Estudios en alto rendimiento deportivo

CENTRO ODONTOMÉDICO EL RECREO –Urb. Bello Monte/ Sabana Grande calle Coromoto entre Av. Casanova y Venezuela – Piso 1 – Consultorio Nro. 10 Teléf. 02129527160- 9523064

Twitter, periscope e instagram: @SportDiet

Nutricionista colaborador: Jesús O Guerire