• Caracas (Venezuela)

Héctor Concari

Al instante

Una pedrada al espejo

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Una ironía reveladora de la historia del cine hizo que Hollywood reclutara muchos de sus guionistas de su época de oro, de las páginas de los periódicos. Era, de alguna forma, un homenaje que la fábrica de sueños rendía al registro de una realidad social de la que buscaba alejar a sus audiencias en épocas de depresiones económicas. Era, más pragmáticamente considerada, una forma de reclutar escritores disciplinados, encadenados a sus máquinas que, según la leyenda, debían estar tecleando en todo momento so pena de levantar los gritos de los patrones de estudio que deambulaban por los pasillos. En todo caso, las películas sobre el periodismo formaron con los años un género en sí, que abarcó desde la crónica policial (Mas allá de la duda, Fritz Lang), la crónica social y vitriólica (El gran Carnaval, Billy Wilder) y la comedia (las cinco remakes de Primera Plana entre 1931 y 1988, incluyendo dos memorables a cargo de Howard Hawks en 1940 y Billy Wilder en 1974). El género llegó a su culminación en 1976 con la impecable Todos los hombres del presidente que cubría el mayor hito del periodismo norteamericano, la investigación por dos periodistas del Washington Post de la serie de diabluras que terminaron con la presidencia de Richard Nixon. De alguna forma era el encuentro entre dos hermanos lejanos: la crónica periodística, género inmediato si los hay, y el thriller político, al cual los rupturales 60 y 70 habían dado patente de seriedad. Más importante, la película ponía de relieve un aspecto lateral, pero imprescindible del periodismo: la investigación minuciosa, precisa y paranoicamente verificada.

Spotlight, quiere decir, literalmente, foco de luz y es el nombre de la unidad investigativa del Boston Globe, que en 2001 decide hincarle el diente a un tema tabú. Las sucesivas acusaciones de pedofilia por sacerdotes católicos y su posterior encubrimiento por la jerarquía eclesiástica. Lo que es clave en la trama es el contexto. Boston es la ciudad católica por excelencia de Estados Unidos, pero además tiene un aura que la aparta del resto. Boston es la ciudad culta, universitaria, cuna de los Kennedy, de Poe. En los últimos años, sin embargo, esta imagen impoluta se ha visto cuestionada. Era en Boston que se explayaba la brutalidad de los gangsters del neoyorquino Martin Scorsese (Los delatores), los asaltantes de bancos de Ciudad de Ladrones (Ben Affleck) o la maldad de Río Místico de Clint Eastwood. Esta lucha entre una ciudad que se siente inatacable y la proximidad de sus letrinas éticas tiene un vehículo, los periodistas y un catalizador. El nuevo editor en jefe, del diario viene de Miami, es judío y es, además, en una sociedad de complicidades y microcosmos de poder, un lobo solitario que dirige y apoya, como el haz de luz del título, los esfuerzos por parir la verdad.

Hay un ingrediente que hace el éxito o el fracaso del virtual género descrito. Toda película sobre una investigación triunfa en la medida en que la trama se despoja de artificios para mimetizarse, con el rumbo de la investigación. Y esta es la principal virtud de Spotlight. No hay otra pretensión que contar, muy bien contada la historia de una obsesión. Los personajes están definidos por dos constantes: la pulsión del investigador que descubre un hueso y hala hasta desenterrarlo y el contexto ya señalado en el cual se da esa tarea. Lo interesante del caso es que difícilmente estamos hablando de presiones fácticas. Las indicaciones de que es mejor apartarse de la senda iniciada son más bien de índole moral. No es conveniente meterse con la Iglesia católica, no es sano dañar la imagen de la ciudad, no es correcto cuestionar la moral de ex compañeros de clase. Lo que hace a la película apasionante, no es solo el hilo de la investigación que va develando una trama de mentiras y encubrimientos inaceptables en cualquier contexto, sino el peso de ese contexto y el empeño puesto por los hombres de poder en contener la ola de podredumbre que afecta al pilar esencial de esa sociedad. La película es capaz de dibujar, siempre a través del progreso de la búsqueda, la pasión de sabueso de los investigadores y la sutil y creciente madeja de intereses que se mueven en torno a ellos. Es imposible no subrayar la ironía cruel de comparar estos pequeños chantajes morales con las presiones, ciertamente más cercanas a la prensa en nuestro contexto.

 

Spotlight. EE UU. 2016. Director Tom McCarthy. Con Mark Ruffalo, Michael Keaton, Rachel McAdams.