• Caracas (Venezuela)

Héctor Concari

Al instante

Una bestia tan feroz…

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La clave de la película está en el más bien intraducible título original que el inglés le roba al francés. Un revenant es alguien que regresa del más allá, alguien que ha cruzado la línea de sombra y, por algún motivo de retintines siniestros, ha logrado volver al mundo de los mortales. En cualquier caso es alguien que ha estado en contacto con el más allá.

La trama no puede ser más básica, un grupo de cazadores al mando de un ex oficial son atacados por indios y diezmados en algún paraje remoto de la América profunda. En la huida deben abandonar su botín de pieles y atravesar un territorio hostil en pleno invierno para llegar al fuerte que les sirve de base. Uno de ellos es abandonado moribundo. La anécdota es raquítica, es cierto, pero sirve para establecer el mínimo patrón de humanidad de los protagonistas, despojados de casi toda la vestimenta moral del ser humano y reducidos a la pulsión esencial y primaria de la especie: sobrevivir. Porque el tono general de la película es la hostilidad última. El paisaje es en sí mismo un desafío porque no se trata de un mero entorno sino de un invierno activo, que castiga con nevadas, viento, lluvia y torrentes a los que se adentran en él, que, por otra parte, solo lo hacen por codicia o ansias de supervivencia económica. Apenas si hay mínimos atisbos de solidaridad que nacen al calor de las prioridades personales.

El jefe de la empresa deja al malherido a cargo de su hijo y les paga a dos más para que lo entierren cuando muera, pero él huye con el resto. Los custodios pelean, se matan y mienten para ocultar sus faltas y el que, in extremis, se libra de la muerte, no lo hace por un poético amor a la vida, sino por un afán de venganza que le da las energías no solo para sobrevivir, sino para emprender un segundo regreso al infierno helado con tal de cumplir una deuda de sangre. Hay un solo personaje positivo y no es humano, lo que lo pone a resguardo de toda categoría moral: se trata de la osa que, para proteger a sus pequeños que cree amenazados ataca al protagonista sobre el principio. Todo lo demás es un descenso a los infiernos, un coqueteo permanente con las pulsiones últimas del ser humano, que, en circunstancias extremas, revelan una crueldad terminal.

No hay bestia tan feroz que no conozca la piedad, pero yo no la conozco y por eso soy un ser humano maldice el Ricardo III de Shakespeare y la película le hace justicia. La  película registra al menos dos antecedentes: Dersu Uzala, de Akira Kurosawa en 1975 hundía a un explorador ruso y su guía en la Siberia de principios del siglo pasado para desenterrar, en la lucha con el paisaje, el sentido poético y la agonía de la relación del hombre con su entorno. Aún más cercana a este renacido era Jeremiah Johnson, de Sidney Pollack, en 1972, historia de un hombre de la ciudad que se refugiaba en las montañas y se fundía con el paisaje. Frente a aquellos cantos de optimismo por la condición humana se alza este pesimismo radical, tal vez acorde con los tiempos que corren. Todo emprendimiento humano es gobernado por el interés, no hay otro interés que no sea el individual y dentro de ese interés individual son las pulsiones más elementales del ser humano las que lo gobiernan: la codicia que pone en marcha toda la empresa, y, en la retirada, el afán por sobrevivir a costa de lo que sea, y la sed de venganza que emana de las tragedias que la supervivencia conlleva.

No hay colores vivos en la película que transcurre enteramente en un tono de grises y blancos que hostiga a los personajes, porque todo parece moverse en contra de ellos y no hay diálogos sino duelos. Las relaciones son todas antagónicas, excepción hecha de la alusión a un núcleo familiar mínimo que forma parte de un pasado también violento y motor de venganza en sí mismo. Tal vez el mérito último del libreto sea no emitir ningún juicio, apenas describir, con la intensidad y la crueldad propia de sus mismos protagonistas, los hechos descarnados en un contexto de crueldad última para dejar que el espectador concluya porque el mundo es como es. Descontada alguna largueza e imagen flotante que sobra en el contexto de un filme de ribetes épicos es una de las películas más interesantes en varios años. 

Revenant. El renacido. USA. 2015. Director: Alejandro Gonzalez Iñárritu. Con Leonardo DiCaprio, Tom Hardy, Will Poulter