• Caracas (Venezuela)

Hannia Gómez

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Hannia Gómez

El visionario

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“Hay que examinar todas las cosas

y recordar lo bueno".

San Pablo. 1

 

 

1. Edificios-palimpsesto

Uno de los momentos más clave que he vivido como arquitecto interesada por el patrimonio, fue el día en que aprendí del profesor Graziano Gasparini que la restauración se puede enseñar y estudiar, pero que una buena restauración solo ocurrirá si el arquitecto restaurador tiene talento. Talento, buen gusto, refinamiento, sabiduría, cultura, intuición, sensibilidad, ojo alado en fin, son indispensables en esta rama de la arquitectura para que alcance a ser llamada arte de la restauración.

Siempre había creído que si todo era mera técnica, algo tan importante para nuestro destruido país podría crecer y multiplicarse y saldar fácilmente la deuda enorme que tenemos pendiente con nuestro patrimonio. Pero ocurre lo contrario: por todo el territorio de Venezuela se prescinde no solo del genio personal, sino de la misma técnica, y toneladas de personas irresponsables se abrogan el título de “restauradores”, vendiéndose falsamente como tales y metiéndole mano al patrimonio en cuanta alcaldía existe, alegando que van a “renovar” y “revitalizar”, cuando en realidad lo que hacen es acabar con lo que nos queda de nuestra herencia arquitectónica y urbana.

Tan vital es este asunto del ojo alado en la restauración, que hoy se celebra el bicentenario del nacimiento del hombre que dio origen justamente a la discusión sobre la visión del arquitecto restaurador, desde hace largo tiempo ya saldada. “Viollet-le-Duc: las visiones de un arquitecto” es el nombre del homenaje con que saluda en Paris la Cité de l’Architecture et du Patrimoine al genio del primer arquitecto restaurador y sabio más ampliamente enciclopédico de la Edad Media en Francia".2 Cuando la figura de Eugène Viollet-le-Duc (1814-1879) emerge, corrían los años 1830. En ese momento se iniciaba en Francia el re descubrimiento del patrimonio monumental antiguo y la necesidad de restaurarlo luego de los tormentos de la Revolución y del Imperio".3 Francia y sus monumentos estaban en el piso, así como hoy,Venezuela y sus monumentos están en el piso: destruidos, abandonados, saqueados, o mal restaurados.  

La tarea era enorme. Había que saldar siglos de olvido y la pérdida de mucha información, para poder abordar el problema ético del estatuto de la verdad frente a la restauración de tan inmensa herencia construida. Y es aquí donde entra la paradoja del visionario que restaura. Para el gran Viollet-le-Duc, maestro de maestros, llamado el gran “arquitecto de las quimeras”, la verdad constructiva era una “verdad del decir dentro de una estructura de ficción". En dos platos, frente al pasado desconocido y un paisaje de ruinas regadas por las ciudades y por el campo, solo el visionario ilustrado podrá recuperarlas. Solo el arquitecto con talento esta capacitado cabalmente para decidir y escoger: esta moldura rota, esta cúpula colapsada, esta escultura robada, esta gárgola desparecida en la oscuridad de los tiempos, cuyas formas hemos perdido, solo el podrá rescatarlas de las capas superpuestas en la historia de cada edificio. Por ello, en el “paisaje metafísico viollet-le-duciano” los edificios se tornan en palimpsestos que el arquitecto restaurador deberá descifrar. 4 Es así que surge la restauración concebida como “develamiento”.

Esta visión del edificio-palimpsesto Viollet-le-Duc la aplicara en toda su vasta obra: a Notre-Dame de París, Saint-Denis, Amiens o Carcassone… y para ello, echara mano de todo: de sus viajes, de la pintura y de los grabados antiguos, de la literatura, de la arqueología, de la biología, de la geología, de la música, incluso. No es de extrañar que su divisa (y lema de su ex libris) fuera la máxima del apóstol san Pablo: “Hay que examinar todas las cosas y recordar lo bueno”.

2. Delirio sobre el Coliseo

Muchos viajes por Europa hizo el joven Eugene para llegar a ser el artífice políglota de todos los estilos y futuro ángel de anunciación de la modernidad que hoy celebramos. Buscando la verdad por si mismo, ya en 1836, con solo 22 anos, expresaba en la acuarela “La restitución del Teatro de Taormina” la primera fantástica idea donde empieza a tomar “literalmente, sus deseos por realidades”, y da inicio a una obra monumental que estaría siempre marcada por la tensión entre lo real y lo imaginario, entre la "razón delirante y el delirio razonado”.

La exposición hace un alto en la vasta memoria urbana del autor del Dictionnaire raisonne para explicarnos esta condición. En una sala en semi penumbra del museo, se lee la inscripción: “En el Coliseo. La imaginación lo trae. Veo al Coliseo con su inmenso mar de gradas cubiertas de la multitud romana; aquí los senadores; veo el velo púrpura extendido sobre esta multitud cuyo murmullo parece el del mar en la distancia; luego este murmullo cambia a gritos de gozo, a gritos salvajes, y esta arena hoy tranquila, silenciosa, la veo tenida de sangre”. A su lado, cuelga en la pared otra acuarela suya, esta vez del Coliseo, restaurado según estas palabras.

Tales “visiones, fantasmas, o alucinaciones de formas, de colores o sonidos” acompañaron a Viollet-le-Duc a lo largo de toda su vida, tanto en su obra escrita y gráfica como en la construida. Eso lo llevaría a enunciar su más famosa máxima teórica: “Restaurar un edificio, es restablecerlo a un estado completo que puede no haber existido jamás”. 6 Hoy, los aportes del visionario arquitecto son considerados patrimonio junto con las obras que restauro, como es el caso de Carcassone.

 

 

1.  Eugène Viollet-le-Duc en 1878, por Nadar (f. Tomado del catálogo de la exposición “Viollet-le-Duc: Las visiones de un arquitecto”, 2014)

 

 

2. Vista de la exposición “Viollet-le-Duc: las visiones de un arquitecto”  (f. 2014, Hannia Gomez para @elnacionalweb)

 

NOTAS:
1. “Viollet-le-Duc hizo de su divisa y su ex libris la fórmula de San Pablo: "Hay que examinar todas las cosas y recordar lo bueno", en: Viollet-le Duc: Les visions d'un Architect, Cité de l'Architecture et du Patrimoine, Norma éditions, Paris (2014): p. 35.

2. Op. Cit. (2014): p. 16.
3. Ibid (2014: p. 3

4. Idem, p. 11

5. Idem, p. 9

6. Idem, p. 11