• Caracas (Venezuela)

Hannia Gómez

Al instante

Una noche en el museo

 Latin America in Construction (f. John Hill, 2015 - Tomado de www. archidose.blogspot.com/)

Latin America in Construction (f. John Hill, 2015 - Tomado de www. archidose.blogspot.com/)

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1. The Backyard Diaries

Aunque las publicaciones, las películas y la red promuevan enormemente la discusión arquitectónica en el mundo, las grandes exposiciones en los museos siguen siendo el medio que impulsa con mayor fuerza el debate de las ideas. Su capacidad de comunicación es hoy todavía muy importante. De allí que continúen haciéndose, ambiciosas, elaboradas, muchas veces monumentales… Como los verdaderos edificios que deben ser.

Una gran exposición es una poderosa vía, por lo tanto, para intentar cambiar el mundo. Y por ello mismo, también una gran responsabilidad. Nosotros nos habíamos interesado en el ambicioso planteamiento hecho por Barry Bergdoll, curador jefe de arquitectura del MoMA, para la exposición Latin America in Construction: Architecture  1955-1980, desde 2010, el mismo día en que lo oyéramos exponerlo en la UNAM durante la conferencia de Docomomo International en México DF. (1) Nada más ver lo que pensaba hacer, sentimos vértigo y fascinación: el de quien está a punto de lanzarse a explorar un territorio totalmente desconocido, y nos contagiamos del mismo furioso deseo de conocerlo.

Desde entonces quisimos seguir la preparación y desarrollo de este proyecto. Y nos preguntábamos: ¿cómo estarán haciendo en el MoMA para lograr adentrarse en la verdad de cada país, en sus distintas realidades, en sitios donde a veces las cosas no están todas publicadas o se han perdido y los estudios y los documentos y las fuentes dependen, sobre todo, de las personalidades locales? ¿Cómo trabajar en una región a la que se ha relegado por décadas a tener “un rol subordinado”, que ha sido tan “pasada por alto” y “rutinariamente abandonada”? (2)

Luego de haber estado en el MoMA viendo la exposición la noche misma de su inauguración, confirmamos dos cosas: primero, que aquella imagen del plano invertido de Latinoamérica donde el norte era el sur y el sur era el norte con el que Bergdoll iniciara su charla aquella mañana en la UNAM, efectivamente logró que abarcara no solo al piso de la primera sala (Prelude Gallery) de la muestra recién inaugurada, sino también al espíritu entero de la exposición, volcada a mostrar a la región ya no más como un backyard de los Estados Unidos, sino como un “lugar de orígenes para ideas”. (3) Muy bien, como intención. Pero segundo, lamentablemente, luego del impacto inicial de encontrar las decenas de obras y documentos que la exposición logró reunir, empezamos a echar en falta las cosas importantes que no estaban. Los siete largos años de preparación, prórrogas incluidas, no fueron suficientes para la ambiciosa empresa. En todos los países había ausencias, y eso lo comentaba el público ya desde esa noche inaugural. Algo que a cada país le tocara reclamar, porque es una realidad tan importante como la misma exposición.

Contemplando los espacios del piso sexto donde se instaló este show de gran escala, donde hace dos años estuvo Le Corbusier: An Atlas of Modern Landscapes) –y cuyo montaje se le parece tanto, aunque ciertamente, mucho mas apiñado–, está claro que las grandes ámbitos temáticos (Campus Gallery, Brasilia Gallery, Main Gallery: Ciudades y Paisaje Urbano y Nuevos Bloques Urbanos, Escuelas, Vivienda y Previ, Arquitectura Sagrada, Muro Metropolitano y Sesc Pompeia y Utopia Gallery), y la gran pared de la cronología, dedicada a “Un cuarto de siglo de vivienda”, obviamente resultaron pequeños. Alguien dijo no sin sorna que el hacinamiento era bueno porque “obliga a crear relaciones entre los edificios, forzando al público a pensar”. Pero la verdad es que con un MoMA que hoy se presenta siempre buscando más espacio, ever-expanding sobre toda su cuadra en Midtown, no entendemos cómo no le dedicaron otro piso, o una parte dos, y entonces hacerle verdaderamente justicia al legado de la región.

La decisión tomada, recordemos, fue hacer esta vez una exposición histórica, “que mira atrás sobre veinticinco años de producción arquitectónica, desde la exposición Latin American Architecture since 1945, hasta los primeros años del Postmodernismo y los años Thatcher/Reagan”. (4) Y una exposición histórica no es como hacer un art show, donde si no me cabe no pongo el MAM de Caracas o despacho al Centro Simón Bolívar con una foto. Mas, ¿cómo explicar todo esto? Habiendo tomado partido, como hemos dicho, por una retrospectiva que arrancase en el punto donde el MoMA y Henry Russell-Hitchcock dejaran su reflexión  hace justamente sesenta años, el equipo curatorial asignó gran parte de la responsabilidad de las selecciones nacionales (aunque era su completa responsabilidad), a una lista de asesores locales. Fueron ellos quienes decidieron y propusieron qué iba y qué no iba, quién opinaba y quién no, cuáles obras visitarían los curadores en cada país y cuáles dejaban de visitar, para que hicieran su escogencia final. En el caso de Venezuela, donde existe un capítulo de Docomomo que jamás fue consultado, esto fue críptico y a nuestra manera de ver, incompetente. A esto, el MoMA deberá responder.

 

Venezuela vista desde el Nor-noreste (1939 - Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

2. La ecuación del desarrollo

Aquella noche en el museo, la obra con la que abría la exposición, Ecuación del Desarrollo, el tablero de madera de Carlos Gómez Gavazzo (1960), de repente, inesperadamente, empezó a actuar como un talismán. Todos los objetos y los personajes de la historia de la arquitectura moderna de Latinoamérica, como por arte de magia, empezaron a cobrar vida. En la gran fiesta (que tuvo mucho también de happening histórico, tan variopinta era la fauna humana allí presente que se reencontraba y abrazaba), se reanimaron, estaban presentes, no solo los proyectos expuestos y los personajes presentes…  sino también los que no estaban.

Entre los que literalmente brillaban por su ausencia, ya hemos mencionado al MAM de Niemeyer, sus planos originales dibujados a lápiz por Fruto Vivas, quien tiene apenas un par de pequeños dibujos en la sala y en el catalogo, donde además es apenas mencionado en una línea por el Club Táchira. Algo inexplicable. Otro considerado menor es Cipriano Domínguez, cuyo Centro Simón Bolívar es inexistente para la galería de Ciudades y Paisaje Urbano y Nuevos Bloques Urbanos, y cuya otra foto en el catálogo tiene el tamaño de una estampilla. O la obra de Moisés Benacerraf y Carlos Gómez de Llarena, autores de la más importante renovación urbana de los ochenta en Latinoamérica, el Parque Vargas, y del mejor edificio de oficinas de la modernidad caraqueña, la Torre Europa (1975), y una vasta y admirable trayectoria, ausentes también nadie entiende por qué incluso del inusitadamente aburrido texto del catálogo. Hace falta un esfuerzo muy grande para no haberle mostrado la obra indispensable de estos arquitectos al equipo curatorial y para no incluirla en la exposición, tan evidente como es toda su significación arquitectónica y urbana en la ciudad. Y no es razón que en el caso de la avenida Bolívar, tanto el CSB como el Parque Vargas, (1954) y (1985) respectivamente, pudieran alegar que no se muestran por sus fechas, porque vimos cómo en otros casos las fechas no fueron manejadas al pie de la letra. Es inaudita la exclusión de tan importantes capítulos de la historia del diseño urbano en Latinoamérica. Ni qué decir la ausencia en la exposición de tantos otros arquitectos modernos venezolanos, Pietri, Vegas, Calvani, Oscar Tenreiro, Díquez, González y Rivas, Guinand, Gasparini, Montemayor, Pinzani, Zubizarreta, Tobito, Dorronsoro, Ferris, Bemergui, Menéndez, Posani, Hatch, Hernández, Legórburu, Borges y Pimentel, Lasala, Volante, Malaussena, Carbonell… y tantos más, todos de obra moderna llena de ideas, y quienes sencillamente no existieron tampoco para los asesores del MoMA. Finalmente, podemos dejar de señalar aquí el grave error de autoría de El Helicoide, cuyo verdadero autor, Jorge Romero Gutiérrez, es colocado de tercero tras sus arquitectos asistentes tanto en la sala como en el catálogo. Aunque por ese edificio recibiera el Premio Nacional de Arquitectura. Él solo.

Es justo que hagamos este reclamo. Porque el papel de Venezuela en la historia de la arquitectura moderna latinoamericana es fundamental. Muestra de ello son los autores venezolanos que sí fueron expuestos en la muestra, empezando por la amplia documentación de la obra de Villanueva, el autor con más dibujos en sala de toda Latinoamérica. Pero la selección de la que forman parte no es el reflejo completo de la verdad histórica. En todo caso, han hecho ustedes muy bien, amigos del MoMA, en llamar a esta muestra En Construcción. Con unos olvidos así, lamentablemente continúa el trato a nuestra región como backyard. A ustedes y a sus asesores venezolanos les recordamos que la ecuación del desarrollo con la que abre la misma exposición, seguramente incluye, idealmente, entre las pautas y convenios, la verdad.


NOTAS:

1. Latin America in Construction: Architecture 1955-1980, de Marzo 29 hasta Julio 19 (2015), MoMA, Nueva York: https://www.moma.org/visit/calendar/exhibitions/1499    

2. A place “of origins for ideas”, en: Samuel Medina, The Future Was Latin America, Metropolis Magazine, Marzo 2015: http://www.metropolismag.com/March-2015/The-Future-Was-Latin-America/

3. Samuel Medina, Op. Cit., (2015)

4. John Hill, Latin America in Construction, A Daily Dose of Architecture:

http://archidose.blogspot.com/2015/03/latin-america-in-construction.html