• Caracas (Venezuela)

Hannia Gómez

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Desentiérrame

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“Admitimos la realidad,

si la podemos confundir con la imaginación”.

Alejandro Rossi. Manual del distraído (1978). (1)

 

1. Seoul On My Mind

Dos operaciones de renovación urbana sumamente notorias por la transformación monumental de la ciudad que conllevan se han convertido en el espíritu de los tiempos. Una, la demolición de las autopistas elevadas (elevados y segundos pisos) y dos, el desenterramiento de los ríos embaulados. Ambas conllevan ingentes cantidades de concreto a derruir y retirar del territorio urbano… y también ingentes cantidades de voluntades a convencer para poder lograrlas.

En el siglo pasado, de ser los sitios de solaz de la ciudad, las corrientes naturales de agua existentes en las áreas urbanas fueron crecientemente usadas y consideradas como vulgares colectores de aguas de lluvia y/o aguas servidas, por los que debían desaparecer de la vista y ser, por ende, embauladas, condenadas a quedar bajo tierra. Los ríos se enterraron, sus cauces se canalizaron o redujeron a su mínima expresión. La fisonomía hidrológica de muchas ciudades sencillamente se borró: de aquellas tramas de quebradas, arroyos y ríos urbanos solo quedó el recuerdo, y a veces apenas un nombre. Esto es muy evidente en ciudades como Londres, de la que son célebres los mapas subterráneos de sus aguas, por ejemplo, pero también Caracas, ciudad que, en sus inicios era conocida como la “Náyade del Anauco”.

Hoy, cuando la implosión de superestructuras viales para dar paso a más lentas, verdes y peatonalizadas avenidas urbanas que rinden a las ciudades amables es cada vez más la norma, el desenterramiento de los ríos interurbanos para devolverles sus cauces naturales se está convirtiendo en una magnífica oportunidad para crear nuevos tipos de parques lineales para los ciudadanos. A la ciudad subterránea que corre rumorosa bajo nuestras calles le ha llegado la hora de reaparecer. Esa trama secreta que atesora la memoria vegetal y geográfica de la ciudad, y que también esconde la clave para recuperar muchas de nuestras memorias del placer ciudadano.

El uso de los ríos urbanos regresa en una versión mejorada este milenio: en vez de tapar los cauces de agua para hacer largos espacios públicos peatonales arbolados, como fueron las ramblas de fines del siglo XIX (de las cuales el Paseo Anauco en La Candelaria es su mejor ejemplo y más cercano descendiente), las “ramblas” contemporáneas discurren ahora a flor de piel, en la superficie, por sus lechos fluviales reabiertos, y al nuevo paisajismo de sus largos recorridos se les agregan cascadas, espejos de agua, lagunas, esteros y todas las tipologías inimaginables que pueda encarnar el agua en la naturaleza.

El ejemplo más paradigmático de esto, el más conocido y más feliz, es lo que ocurrió con el río Cheonggye de Seúl, en Corea del Sur. En los años cincuenta, este río había sido embaulado bajo una autopista, el Cheonggyecheon (1976). Y así se mantuvo, oculto, durante un largo medio siglo. En 2005, gracias a un visionario alcalde, la autopista elevada que lo ocultaba y que atravesaba todo el corazón de la ciudad fue demolida, y el río desenterrado.

El proyecto de renovación urbana se volvió automáticamente célebre en el mundo: primero, porque fue la demolición de infraestructura más rápida de la historia, seis kilómetros en un año; pero lo más importante fue su éxito: al renacer el río y desaparecer el obstáculo que dividía la ciudad, el precio de la tierra a ambos lados del nuevo parque lineal se multiplicó, atrayendo hacia sí el turismo y los negocios. El renacer del río “transformó Seúl”. 


 

2. Memorias hidráulicas del río de Anauco

Y justamente en Seúl, la pasada semana se celebró la 13 Conferencia de Docomomo International, titulada en esta edición “Expansión y conflicto”. Seúl es prácticamente la antípoda geográfica de Caracas (entre ambas ciudades hay catorce horas de diferencia), y nosotros, que enviamos una ponencia para representar allá a Docomomo Venezuela, pasamos todo los días pensando en esa lejana ciudad, y en lo que la gran operación de transformación urbana del  desenterramiento del río Cheonggye significó para ella.

Y no pudimos dejar de hacer memoria urbana. Vino a nuestra mente el más ultrajado de los ríos de Caracas. Que no es el Guaire; pues al menos el Guaire sigue corriendo bajo el cielo azul. No: el río más despreciado de Caracas es el río Anauco. Que decimos río porque eso es en realidad. En las fotografías de Lessman de los años treinta tenemos el mejor testimonio de su naturaleza de cañón profundo, de su acusado meandro en torno al actual San Bernardino, de su cascada de Gamboa, de su lecho rocoso, de sus riberas pobladas de bambúes y, sobre todo, de sus puentes.

Desenterremos el Anauco, viejo camino de los indios a Macuto. Quién sabe si en esta su forzosa clausura no esté la razón por la que el desafortunado Paseo Anauco nunca pasó de ser un antro triste, fracasado, fantasmagórico y sepulcral.


 

Leyendas

1. El río Cheonggye, desenterrado (f. 2014, Corbis)

2. Paseo Anauco, la Candelaria (f. aporrea.org)

 

Notas:

1. Alejandro Rossi, Manual del distraído (1978).

2. “How London’s Rivers Got Their Names”, Londonist: http://londonist.com/2014/08/how-londons-rivers-got-their-names.php

3. “Stephen Walter’s Map Of Subterranean London”, Londonist: http://londonist.com/2012/05/stephen-walters-map-of-subterranean-london.php

4. Peter Simek, “What Other Cities Learned: Despite years of roadblocks and opposition, these five tore down highways and reaped the rewards”, Dwell Magazine, Mayo (2014): http://www.dmagazine.com/publications/d-magazine/2014/may/what-other-cities-learned-tearing-down-highways?single=1