• Caracas (Venezuela)

Hannia Gómez

Al instante

Crónicas chorriguerescas

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Estancia f. Mansión, habitación en un lugar.

Tiempo que permanece un enfermo en un hospital o casa de reposo

(Sinón. Estadía, hospedaje, vacación). Amér. Hacienda o finca de campo. (1)

 

1. Muchas historias

Hay muchas historias que se conjugan para la creación de la ciudad estancial que es la urbanización Los Chorros dentro de la ciudad de Caracas (1914). (2)

El proceso se inicia hacia 1914 en el piedemonte al este del valle de Caracas, en uso terrenos carentes de mucha vegetación. Todo los que sería Los Chorros, con excepción de las selvas de galería del río Tócome y de las quebradas, no tenía grandes árboles. Más de 90% de los árboles que vemos hoy “fueron expresamente sembrados en terrenos privados por los pobladores originales de Los Chorros”. (3)

El río Tócome, antes de ser canalizado, se inundaba por la sabana, como han hecho desde siempre también las quebradas por los lados del Parque del Este. Pero el principal atractivo del lugar eran los saltos de agua y los pozos del río. Como el salto La Llovizna, de sugerente nombre. Las postales y los fotógrafos de principios del siglo XX, como A. Muller, se regodeaban en registrar la belleza natural de los chorros. Justamente ellos se convertirán en motivo de inspiración para muchos, lugareños o no.

Por esta atracción natural, antes de que existieran vías expeditas de comunicación ya existía tránsito hacia Los Chorros. Al decidir hacer un desarrollo urbanístico, lo primero que hubo que hacer fue volver más accesible el lugar y ampliar la línea del ferrocarril central, que tendría que llevar el servicio hasta allá.

Entre los personajes que iniciaron todo el proceso de urbanismo y que crean en conjunto este lugar de la ciudad, se encuentran Pío Schlageter, Henri Pittier, Carlos Guinand Sandoz, Monseñor Lovera, Alfredo Jahn López, Edgar Pardo Stolk, Salvador Álvarez Michaud y Eugenio Mendoza Cobeña. Pero fue Eugenio Mendoza Cobeña el verdadero promotor del urbanismo, al tener a su cargo los tranvías eléctricos de Caracas. Él es quien permite que el urbanismo se haga realidad. Monseñor Lovera a su vez, tenía importantes propiedades en la zona, Carlos Guinand Sandoz arquitecto y naturalista, es quien se las compra, y Henri Pittier, ingeniero y botánico, aportará una opinión importante en todo el giro que se le va a dar al lugar. Nada más el hecho de tener a Henri Pittier y a Carlos Guinand Sandoz metidos en esta historia, es un buen punto para empezar la defensa de Los Chorros. 

Mendoza tiende, pues, una línea que subirá en diagonal desde el cruce de Los Dos Caminos hasta los baños del río Tócome. Los tranvías se adquieren en Inglaterra. Todavía hoy se encuentran los rieles de ese tendido del tranvía veinte centímetros por debajo de la avenida principal de Los Chorros.

 

Go East

Al construirse en 1914, la urbanización de Los Chorros es previa a la gran controversia urbanística del abandono de la trama del centro histórico de Caracas, ocurrido en 1940 con San Bernardino, cuando se olvidó por completo el damero de las Leyes de Indias y se empezaron a hacer urbanismos distintos.

Encontramos así un trazado hecho a la manera americana durante en la conquista del oeste: luego que se construía el tendido de la línea del tren, y partir de esta hacia atrás arrancaba la retícula infinita de calles y manzanas. De la misma manera, como aquí el tendido fue en diagonal hacia los baños del río, pues entonces una parte de la trama fue en diagonal. Adicionalmente, se dice que en los planos del proyecto de la urbanización (que no se han encontrado todavía), el arquitecto Alfredo Jahn “trazó las avenidas de acuerdo con la pendiente para que los carros se movieran sin dificultad”. (4) El hecho es que la trama de Los Chorros, a pesar de tener cuadras, no sigue a la de la Caracas colonial, sino que está girada, con respecto a ella, 45 grados.

En el trazado también aparecen algunos elementos adicionales. Son herramientas, piezas del urbanismo. Como toda la informal infraestructura recreacional para divertirse con el río y con los saltos de agua, como las piscinas privadas dentro de las residencias cercanas al cauce, las estaciones de servicio y las plazas. Porque “hubo la necesidad, el deseo de hacer espacios públicos, que fueron muy exitosos y funcionaron como una especie de club social para el intercambio democrático de los pobladores”. (5)

La Plaza Los Chorros, por ejemplo, es un espacio con una plantación de árboles que se hizo frondosa con el tiempo, Mientras un segundo espacio público ubicado más al norte, hoy en día ocupado por un kindergarten, sospechamos que también era una plaza de la misma categoría.

 

Jardin de plaisance

Es muy importante hablar sobre el carácter del lugar. Y ese carácter “Los Chorros lo tiene desde el principio, distinto, aunque semejante, al de El Paraíso”. Los Chorros no se pensó como una ciudad, sino “como un lugar de estancia, de estadía, para temperar, con calles pequeñas”, donde la gente pasaba nada más que pequeñas temporadas, fines de semana o vacaciones. (6) Es importante el uso que va haciendo la población de la naturaleza, de los pozos, de las cascadas y como eso influye en sus jardines privados, y en el tipo sofisticado de lugar de plaisance que se va generando, con todo el mundo disfrutando de sus bondades. Luego esto trajo poco a poco que se fueran construyendo casas más permanentes.

El profesor Leszek Zawisza, en su libro Breve historia de los Jardines en Venezuela, escribió que el verdadero ingreso de la arquitectura paisajista en Caracas ocurrió en Los Chorros. (7) A la vez que se encargaban las comisiones de la arquitectura de las estancias, también se encargaban los proyectos de los jardines. Entonces implica que aparte de las casas, toda una imaginería arquitectónica paisajística va a producirse desde los años 10 hasta los años 80, con jardines de todas esas décadas hechos por paisajistas.

Como por ejemplo Alejandro Chataing, que ya desde los años 20 empezó a desarrollar las casas y los jardines a la vez. Como el que tenía la famosa Casa Ballesté –probablemente demolida–, un magnifico ejemplo para observar el abanico de recursos empleados: estanques, escalinatas, pérgolas, trellis… El trellis, por ejemplo, es un elemento típicamente chorriguerense.

También es muy importante el consenso de sus habitantes originales de “Vamos a sembrar”, en unos terrenos abiertos que tenían árboles solo en las selvas de galería sobre los cursos de agua. Había un interés común de crear una zona de recreación y de estadía, pero sobre todo también se entendía que “había que rescatar el verdor”. (8) Y sembrarlo fue sobre todo de Mangos, colocados de manera dispersa o alineados como una siembra comercial. “El Mango en Los Chorros es parte inmanente de su historia”. (9)

Cuando se fundan Los Chorros “se hicieron parcelas desde dos hasta diez mil metros cuadrados. Es decir que había cuadras que tenían hasta una hectárea que pertenecían a una sola familia y aunque durante un siglo esas cuadras se empezaron a subdividir, por lo general seguían en manos a los herederos, y los árboles se mantenían, porque servían incluso hasta de limite entre una parcela y la otra”. (10)

El carácter que permanece de Los Chorros a pesar de las agresiones, es gracias a “ese verdor” que es continuo desde el Ávila hasta prácticamente la zona de Montecristo, “como una extensión del verde en pendientes controladas, naturales, suaves”, donde las frondas de los árboles que salen de los jardines de las casas fueron formando túneles vegetales sobre las calles, “creando un valor que ya es urbano para quien lo recorre públicamente”. (11

Eso dio como resultado que hayan muchos árboles centenarios. Como el Ficus de la Avenida Los Mangos, el único árbol centenario de Los Chorros que está protegido desde 2006, gracias al IPC vía la Fundación de la Memoria Urbana. Esta gran escultura viva sigue allí, con más de un siglo de vida.

Entonces, el resultado del habitar de estas personas durante un siglo en Los Chorros es la creación de una foresta urbana, de un jardín continuo, que en algunos lugares donde todavía no hay rejas ni muros que nos impidan ver las maravillas que hay adentro y donde los jardines entre una casa y otra son continuos, todavía se conserva. Como un solo y gran jardín que abarcaba toda la urbanización. 

Al contemplar desde el aire las copas de los árboles, abarcando la escala urbana de toda la ciudad, la principal verdad que le golpea a uno en la cara es que en Los Chorros hay un valor que hoy todavía Caracas tiene y que no debe perder. Porque la foresta urbana de Los Chorros es un logro, es una fábrica voluntaria, un paisaje artificial, una creación de los caraqueños.

 

Parque arquitectónico

Julio Volante, un arquitecto que tuvo su residencia en Los Chorros, pintó en su casa en los años 60 un bello cuadro que representa una imagen onírica del lugar, hecho de arquitecturas que están inmersas entre los árboles.

Para el Genius loci (el genio del lugar), las arquitecturas estanciales son también fundamentales en la construcción del carácter del sitio. La gran mayoría de ellas, como hemos visto, las hayamos dentro de un jardín y dentro de un bosque. Un paisaje idílico que todavía existe, aunque está en vías de desaparición. Por lo que nosotros tenemos que preguntarnos que es lo que este tiene decirnos y que es lo que queremos hacer con el, y si vamos a permitir que se conserve, o vamos a permitir que desaparezca.

Al empezar a crecer el parque arquitectónico, comenzaron a florecer como seres vivos, como plantas, como árboles, el sembradío de arquitecturas. De este umbráculo de la colección de arquitecturas de Los Chorros, muchas existen todavía y otras ya han desaparecido. Van desde casas pequeñas, más cercanas a la avenida Rómulo Gallegos, que aunque pequeñas eran también estancias. Porque tenían una veranda delante y también la característica escalera “volante” (como las llamaba Gio Ponti), saliendo del piano nobile de la casa, y proyectándose fuera del volumen principal de la fachada.

Luego, más al norte, aparecen las estancias grandes. Como Villa Regina, una casa que le atribuimos a Alejandro Chataing. Esta es una arquitectura gomecista, perteneciente originalmente a una de las hermanas de Juan Vicente Gómez, Regina y Elvira Gómez. La villa de Regina, con su bellísima marquesina y su escalera volante, todavía existe. Mientras que la casa de su hermana  Elvira, al cruzar la calle, de bellísima herrería de principios de siglo, ya fue demolida. Quedan las ánforas de la entrada y alguna que otra moldura sepultada dentro del muro perimetral.

También está la Villa Los Caobos, del ingeniero Ricardo Razetti, experto constructor de mucha de la arquitectura ferroviaria de Venezuela, y autor de planos de Caracas. Una casa que tenia elementos del Art Nouveau, que en Los Chorros, como pocos sitios en Caracas, se expresa en todo su esplendor.  La Villa Los Caobos, con sus tejas de cemento típicas de la arquitectura ferroviaria y una valla en el techo frente a la avenida principal de Los Chorros, que rezaba “Los Caobos”, para ser leída desde el tranvía. Ese techo todavía esta ahí.

También una casa que se llama Villa La Soledad, atribuida al maestro Manuel Mujica Millán, que incluimos en la exposición de Docomomo Venezuela, Suite IBERIA. (12) Con su fuente de azulejos y una escalera impresionante que da hacia el jardín, una de las escaleras exteriores más bellas que tiene Caracas.

En la avenida principal todas las casas tenían portales que marcaban la entrada, la reja, la herrería y la bella avenida central de ingreso. Como en la Neoclásica Villa Elena. En ella están presentes como en ninguna otra casa los típicos elementos decorativos de la arquitectura estancial chorriguerense. La bella estancia se presenta ante nosotros aun en toda su gloria, y es quizás la mejor conservada. En el jardín, hay fuentes alegóricas de la naturaleza con garzas y flores, como las de las antiguas casas de Antímano y de El Paraíso, y contiene una estructura parabólica de los años 50 muy interesante, diseñada por el arquitecto Carlos Guinand Sandoz. Villa Elena tiene también pisos de baldosas hidráulicas de varios diseños,  otra de las características (los llamados invariantes) de la arquitectura chorrigeresca. Como también los son los bellísimos patrones ornamentales de las cornisas de muchas estancias.

Si unimos las imágenes de todas estas obras, inmediatamente aparece, se hace evidente, hace su epifanía, el espíritu del lugar. En la avenida Los Castaños, el conjunto de estancias intermedias que existen todavía, tienen un sabor de arquitectura Art Nouveau de reminiscencias nórdicas: de la arquitectura de Gunnar Asplund, o bien de la ciudad de Copenhagen, o bien de ambos, como por ejemplo la Villa San José y la bellísima Villa San Remo. O la Villa Santa Maria, donde aparece de nuevo el tema de los trellis, típico de la época, y la Villa Las Piedras, la casa original de Eugenio Mendoza Cobeña, todas en la avenida Los Castaños.

Y para hablar de arquitectura más reciente, la perdida quinta Alegría, de Arthur Kahn, aun en pie en 2006; la quinta La Muda, diseñada por Tomas Sanabria; la quinta La Barraca, remodelada por Gio Ponti, entre otras casas de Jorge Castillo, Fruto Vivas, Julio Volante, Mario Bemergui...

Finalmente, están las casas atribuidas a Carlos Guinand Sandoz, como son la Villa Guanape o la Villa N. 11. Y la propia residencia de Carlos Guinand Sandoz, la arquetipalmente chorrigueresca Atapaima. Y la casa de Gego, quien trabajara para Guinand como arquitecto, la Villa El Urape. Con el diseño de sus rejas, que es un dibujo sin papel, y quien tomó inspiración –según hipótesis de Frank Alcock– de los chorros del río Tócome para sus Chorros. Una analogía bellísima. (13)

 

Paisaje incólume

Hagamos memoria urbana. Hacia los años 60, apareció la necesidad de preservar el cauce del río, que no se perdiera. Había habido una situación de invasión en la cuenca del río Catuche por barrios que se empezaron a construir, y aquel cauce era muy bello también. Y hubo la necesidad de decidir "aquí no va a pasar lo mismo, vamos a hacer un espacio publico". Así, surgió el Parque Los Chorros. Allí el paisajismo se sembró de forma natural, muy adelantada para su época, en las orillas del río con los servicios en los flancos, logrando una imagen de un estado como no tocado por la mano del hombre. Hoy en día ha perdido lastimosamente (como a lo que pasa en el Parque del Este) toda la flora superficial, quedando desnudos la infraestructura y el cauce con su paisaje de piedras.

El Parque Los Chorros fue concebido como una magnifica puerta al Ávila y una promenade vertical. Fue pensado para llevarnos de la mano por el ascenso gradual hacia la montaña. Las caminerías conducen a los pozos sucesivos. Pero es muy importante también entender que son verdaderos belvederes en la montaña, desde donde se pueden contemplar Los Chorros y la ciudad.

La montaña, en el piedemonte, forma parte del paisaje de este lugar de Caracas. Y es allí desde donde contemporáneamente, podemos admirar la foresta urbana. Esa foresta que es el logro de los pobladores. Es decir, los jardines de las casas; porque no es la obra de una plantación por decreto, sino que es producto de cada quien en su casa haciendo un jardín.

Y el resultado es este bosque. Un bosque cuya flora que ha sido dibujada por el paisajista Francisco Oliva Esteva, de la manera mas bella posible. Una flora de gran riqueza.

La otra  intervención importante que hubo para preservar el cauce del río Tócome y el mismo Parque Los Chorros fue la Cota Mil y el viaducto Adolfo Ernst. Construido de manera asombrosa para salvar la topografía, salvar el cauce, y salvar el parque. Una decisión de ingeniería, y de infraestructura que hoy en día nadie tomaría. Porque hoy en día lo que suelen hacer es clavar columnas en medio del río Valle. Pero en esa época, no tan lejana, aún no. En esa época se saltaba el vacío para no tocar el paisaje. De allí que debamos aprender de lo que nosotros mismos hemos sido.

La belleza de Los Chorros es inigualable y, afortunadamente todavía esta incólume. (14)  Por ello, debemos buscar una solución para ayudar al gobierno de la ciudad a iniciar una reflexión más profunda y más responsable sobre la que significa la densificación del área de Los Chorros. Para preservar el carácter ambiental, arquitectónico y urbano de un paisaje regado por las aguas de los manantiales del Ávila.

Si observamos el panorama aéreo de toda esta zona, encontramos que entre la avenida Rómulo Gallegos y el Ávila, dentro del perímetro de todo lo que es Los Chorros está un área que se llama Montecristo. Montecristo se desarrolló mucho después, al sur de Los Chorros, y es toda de densidad baja. Está más cerca del metro, más cerca del transporte público, más cerca de los servicios, y sin embargo vemos que lo que se está desarrollando es el norte, la zona que cuenta un bosque patrimonial inspirado por Henri Pittier y Carlos Guinand Sandoz y una colección de arquitecturas únicas en el valle.

Entonces, nos preguntamos: ¿cuál es la razón de ser de todo esto? ¿Dónde se debe densificar? Esa historia no tiene porque desaparecer necesariamente. Porqué la ciudad tiene que crecer, y la ciudad se tiene que desarrollar y la ciudad tiene que ser próspera. Pero, ¿acaso la ciudad tiene que ser próspera a costa de su propia historia? ¿Por qué no densificar mejor donde no existen prácticamente valores urbanos, paisajísticos y arquitectónicos, donde es más lógico que todo ocurra? ¿Cuándo podríamos expandir las calidades de Los Chorros, haciendo que el verde llegue hasta la Rómulo Gallegos? ¿Por qué no sembrar Montecristo como sembraron los primeros vecinos? Allí los edificios altos tendrían en verdad sentido y mantendríamos intacto el carácter de Los Chorros.

Impulsemos, pues, un nuevo Plan Maestro para Los Chorros. Moderno, pero en el sentido contemporáneo de la palabra. Un plan más amplio, que tenga en cuenta la memoria urbana, que aporte ideas para el futuro y en el cual no perdamos nada de lo que ya tenemos sino que ganemos una ciudad más inteligente y más humana. Una ciudad en la que Los Chorros y su foresta urbana sean un solo Bosque Patrimonial para disfrute de las generaciones futuras.

NOTAS

1. Miguel de Toro y Gisbert. Pequeño Larousse Ilustrado, Editorial Larousse, (1970): p. 437.

2. Frank Alcock, Elías González, Hannia Gómez y Carlos Sierra. La Ciudad Estancial: Memorias Urbanas de Los Chorros (I). Sala TAC, Caracas (2015): https://www.mixcloud.com/traficovisual/la-ciudad-estancial-memorias-urbanas-de-los-chorros/

3. 4. Carlos Sierra. Op. Cit. (2015)

5. Frank Alcock. Ibid (2015)

6. Elías González, Idem (2015)

7. Leszek Zawisza. Breve historia de los jardines en Venezuela, Oscar Todtmann Editores, Caracas (1990).  

8. E. González, Ídem (2015)

9. 10. C. Sierra, Ídem (2015)

11. E. González, Ídem (2015)

12. Docomomo Venezuela. Suite IBERIA, Sala TAC, Caracas (2013).

13. F. Alcock, Ídem (2015)

14. Hannia Gómez. La ciudad estancial, ElNacionalWeb, Caracas 1 de diciembre (2015): http://www.el-nacional.com/hannia_gomez/ciudad-estancial_0_748125366.html


Ilustraciones:

1. La estancia Villa Consuelo, Los Chorros (f. Elías González, 2016)

2. Del lago de los cisnes al velo de la novia. La compañía de Anna Pavlova en Los Chorros, 1917 (Postal. F. M. Steadman. Tomado de Caracas en retrospectiva)

3. Los Chorros. Julio Volante, c. 1960 (f. Hannia Gómez, 2015)

4. Estancia chorrigueresca (f. Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

5. El Parque Los Chorros (Archivo Fundación de la Memoria Urbana)

6. El viaducto Adolfo Ernst y el Parque Los Chorros (Postal. Tomada de Asieravenezuela)

7. La Ciudad Estancial, Memorias Urbanas de Los Chorros II (Postal, CENTRO de la Ciudad, 2016)