• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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El seminarista y el militar al desnudo

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Testosterona activista

Sé que soy un activista de la noviolencia y sé además que este artículo resultará escandaloso para muchos. La verdad, no me importa. El activismo no impide que uno sueñe despierto y en voz alta, como ahora.

Sueño poético, digamos, que justifico señalando que los activistas también escribimos arrecheras reivindicativas desde la testosterona. Sentimos, padecemos, gritamos de indignación e ira.

Los activistas no somos santos ni angelitos de muro de iglesia, nuestras pinturas aparecen plasmadas en las paredes –invisibles, anónimas, abnegadas– del quehacer social.

Los activistas somos –como los seminaristas que fueron desnudados en Mérida por las manadas criminales del chavismo– venezolanos de carne y hueso.

Y a veces escribimos, y a veces soñamos despiertos.

 

En esta esquina

Lo proclamo sin empacho y a los cuatro vientos, la descorazonadora y vergonzosa situación que vive Venezuela me produce unas ganas horripilantes de corretear a Diosdi Cabello en uno de esos octogonales alambrados de Ultimate Fighting donde un par de briosos gladiadores, siguiendo ciertas reglas convenidas por el deporte, se amarran a golpes, patadas y estrangulamientos. Es un sueño que quisiera hacer realidad. Encontrármelo ahí a solas, en modo deportivo, y liarme con él hasta que uno de los dos muerda la lona. Me encantaría comprobar si es tan cobarde como me dicen.

¿Lo imaginan? En esta esquina, Tovar “El Prófugo”; en la otra, Diosdi “El Cerdito”. Sería la cartelera política del siglo XXI, un evento singular y revolucionario en el cual cada quien mostraría lo que tiene de valor en el cuerpo a cuerpo, sí, con nuestras propias manos.

En el fondo, seamos realistas, el evento sería un fiasco, un infeliz correteo por los ochos costados a un cerdito despelucado y chillón que esconde, detrás de un perverso aparato dictatorial, su patética cobardía.

¿Habrá algún promotor pugilístico que se interese por un evento así?

Yo estoy dispuesto a hacer mi sueño realidad.

¿Y Diosdi?

 

La transparencia de su espíritu

Cuando el chavismo criminal que lidera Diosdi Cabello desnudó –con el ruin afán de humillarlos– a un grupo de adolescentes seminaristas (que ofrecen su vida nobilísimamente al servicio de Dios) y los hizo correr despojados de telas –pero vestidos de dignidad– por las calles de nuestra encumbrada Mérida, todo lo contrario a lo que se pueda pensar, no los degradó, los enalteció.

Hace 2.000l años unos malandretes de la misma calaña dictatorial y ruinosa que la chavista, intentaron humillar a un hombre excelso espiritualmente que decía ser el Hijo de Dios, lo desnudaron, lo golpearon, lo sometieron al escarnio público, le colocaron en la sien una corona de espinas, hasta lo crucificaron entre ladrones, y ese acto de perversidad inimaginable derivó en un cambió total de la civilización. La vileza quedó descubierta por los siglos de los siglos, al igual que el amor por el prójimo como por sí mismo. El tamaño de la crueldad fue directamente proporcional al de la virtud que la resistió.

El desnudo de los seminaristas mostró por una parte la transparencia de su espíritu, y por la otra, la oscuridad criminal (¿maldita?) del chavismo.

Una Venezuela se crece ante la impúdica perversión del chavismo.

Esa Venezuela está en ti.

 

Volver a la realidad

Por más que me anime y sueñe con una confrontación deportiva al modo Ultimate Fighting con el instigador innegable de la perversión chavista Diosdi Cabello (junto a Jorge Rodríguez y Cilia Flores), sé que no se dará. No sólo porque él la rehuirá cobardemente, sino porque no creo que exista promotor alguno que pague por un bochorno en el que uno de los púgiles persigue al otro por el octogonal, mientras éste chilla de pavor –como cerdito espoleado– y huye despavorido.

Me olvido entonces al sueño imposible y vuelvo a la realidad venezolana, la devastación chavista.

Llevo dos semanas escribiendo de manera llana, intimista, fraternal sobre el tema militar y ya comenzó el urgente diálogo. No sólo era justo, era necesario. Tanto los militares como los civiles estamos siendo víctimas y testigos de una depravación colosal, como nunca antes en la historia del país.

Tenemos que hacer algo juntos, esa es nuestra realidad.

¿Lo hacemos?

 

Es lo republicano, es lo moral

Como nada de lo que hago es secreto y como la lucha noviolenta para salir de una dictadura debe de ser siempre pública, responderé por esta vía las preguntas que algunos militares me hicieron de manera privada.

Lo primero que deben hacer –los militares– es organizarse sin miedo, con astucia, pero sin miedo. Conversar entre sí, hacer un juicio realista de valor sobre lo que está sucediendo en Venezuela, por ejemplo, el vergonzoso acto de fascismo cometido contra los seminaristas, y apoyar desde su ámbito y esfuerzo el constitucional y democrático llamado de la sociedad civil al revocatorio.

Las dudas deben cesar, los reconcomios con los políticos también. Está planteada una salida democrática e institucional a nuestro holocausto. El mundo civil y el mundo militar deben unirse para que se lleve a cabo. Es lo republicano, es lo moral.

Pero si no se lograse, si los mismos que desnudaron a los seminaristas, que son quienes han desnudado a Venezuela y la han hecho correr en pelotas por las calles del mundo, lo impiden, habrá que actuar con virtud y honor, la ley respetando e imponiendo la Constitución vigente.

No somos ángeles ni santos, somos activistas y forjadores de historia. Es la hora de que cada quien cumpla su rol. El poder constituyente y civil –el pueblo– ha dado un mandato: revocar al régimen. El poder militar se tiene que someter al poder civil. ¿Lo harán? Estoy convencido de que sí.

De esa decisión depende el futuro de Venezuela, es decir, él de ellos también.

Y los militares también quieren un futuro en libertad y paz.

Para ellos, pero en especial para sus hijos.

¿O no?