• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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La política, la antipolítica y tú…

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La política

La política es un sueño. Sí, en su estado ideal, quien hace política -el político- es un soñador. Sueña un país, un estado, un municipio; sueña una sociedad y la patria.

El político comparte su sueño con otras personas e intenta ganar sus voluntades, si lo logra organiza con ellas los sueños comunes, crea una organización política -partidos políticos- y se postula para lograr una representación de poder (político) que le permitirá lograr que sus sueños se hagan realidad.

El principal capital que tiene un político es un sueño de país compartido y organizado con miles de personas. Si la gente se siente identificada con el sueño, aunque no esté organizada en un partido político, es capaz de movilizarse para hacer realidad ese sueño.

El sueño político de toda Venezuela hoy en día es la libertad.

 

La antipolítica

No hace falta ser político para soñar un mejor país. Todos tenemos algún sueño, algún ideal nacional. Unos más que otros, pero todos anhelamos mejores condiciones de vida para la nación, mayor seguridad, bienestar, libertad y prosperidad.

Solo una mente criminal, como la chavista, no sueña con un mejor país. Lo único que les interesa son sus propios intereses, enriquecerse y controlar demencialmente el poder (político).

Ese tipo de arremetidas vehementes contra la sociedad como la que ha sufrido Venezuela con la peste autocrática del chavismo son las que promueven la “antipolítica”.

Aunque pienso que el término está mal empleado, pues no creo que el sentimiento sea contra la política, sino “antipolíticos” o anti partidos políticos, porque dejan de cumplir sus sueños, engañan y se siembran en el poder para beneficio personal y no de la nación, disculpo a aquellos que son críticos con los políticos o contra los partidos políticos porque a fin de cuentas ellos están, a su modo, soñando algo distinto, no están conformes con el estado de las cosas.

El sueño nacional, para ellos, no se está haciendo realidad, por eso son críticos.

Como ciudadano uno puede estar en contra de “políticos” o de “partidos políticos”, lo que no puede es dejar de soñar, organizarse y movilizarse por un mejor país. Eso es fatal.

Hacerlo, es decir, dejar de soñar, de organizarse y de movilizarse por un mejor país, provoca la llegada de fascismos, comunismos, nazismos, o todas las anteriores: chavismos.

 

La política y la pintura

Debo confesar que, pese a mis críticas, algunas de ellas descarnadas, admiro a las personas que hacen política, es decir, a los políticos.

Un político, cuando lo es de manera cabal e íntegra, es un espíritu amplio, sensible, visionario; ama un país y dedica su vida -organizando y movilizando soñadores- para lograr su mejoría y bienestar.

Aunque no lo parezcan, aunque se empeñen en ocultarlo o disfrazarlo, los políticos son soñadores.

En ese sentido, me gusta auscultar sus sueños e ideales, descubrir su textura, su color, su perspectiva, su luz y su transparencia, porque la política es como la pintura, se traza escenas ideales, imágenes nacionales, pinturas de país que pueden ser interpretadas con criterios estéticos: ¿cuál es el color de tu idea?, ¿cuánta transparencia usas para tus principios?, ¿es abstracta o figurativa la imagen que tienes del ser humano?, ¿hay luz u oscuridad en tus visiones?

La pintura de un político nunca debería de acabar, es una obra creada con millones de voluntades y de manos. Hay que reinventarla y restaurarla permanentemente o llega un pintor despiadado, como Chávez, que la destruye.

 

La ingratitud

El oficio del político es muy ingrato porque -a menos que sea un dictador como Chávez- no impone su sueño. Siempre habrá alguien que lo critique y acuse (sin que esto signifique que lo meta preso o torture, como hace Maduro), siempre habrá alguno que no esté de acuerdo con su accionar y, por lo general, siempre es más fácil criticar a un político que criticarse uno mismo ante una situación de deterioro nacional.

Si un país es libre, cada quien tiene derecho de tener su propio sueño, organizarse y movilizarse para lograr que se haga realidad. La crítica es normal, de hecho es una de las bellezas de la política en democracia, uno dialoga, debate, confronta a través del diálogo sueños, visiones e ideas.

Los políticos son personas sin descanso, como deben su vida a ganar voluntades, a lograr que mucha gente comparta sus sueños, no paran, andan -o deberían de andar- de un lado para el otro generando esperanza, invitando a la gente a soñar: organizando y movilizando sueños.

Y créanme, eso no es fácil, nada fácil. Es agotador e ingrato, sobre todo cuando el político -el soñador- enfrenta una dictadura cuya consigna es la muerte para aquellos que no se subyuguen a su socialismo.

Es decir la mayoría, por eso muere el país.

 

Pese a todo, soñar

El país está tan arrasado, la lepra chavista ha devastado tanto y a tantos, que entiendo que nos cueste soñar, que estemos desesperanzados, que la pintura cada día se vea más plana y gris.

Sin duda hay millones de razones para sentirse abatido y derrotado, engañado por algunos políticos y defraudado por otros, pero lo importante, lo fundamental, es que ni tú ni yo dejemos de soñar, que tú y yo, aunque no estemos en partidos políticos, soñemos un mejor país, nos organicemos y movilicemos para lograr un cambio.

El futuro no solo depende de la decisión de uno u otro político, depende de que tú seas el político, que sueñes, te pronuncies, organices, te movilices y venzas la frustración.

Soñar con una mejor Venezuela no depende de la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) ni de los partidos políticos, depende de ti y de mí.

Yo la quiero y me voy a movilizar para lograrla, espero que tú también.

Los colores amarillo, azul y rojo se encienden en nuestro grito de unidad, nueve estrellas -sí, nueve- salpican nuestro horizonte como ruta hacia la esperanza.

La novena será la estrella de la libertad.