• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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La apoteosis del bufón

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El fin de la Guerra Fría en América

He hecho un esfuerzo colosal por tratar de leer todo lo que humanamente me fuese posible sobre lo acontecido en la Cumbre de las Américas.

Artículos, ensayos, entrevistas y comentarios de toda índole. También escuché las presentaciones de todos los presidentes americanos (me calé la del usurpador Maduro) y las exposiciones de las diferentes delegaciones diplomáticas, la magnífica reunión de los expresidentes y los eventos de la sociedad civil.

Buscaba -no lo niego- una interpretación que exaltara ante la historia la relevancia real de la Cumbre: el tardío fin de la Guerra Fría en América.

No lo conseguí, el despelote panameño, la mediocridad del eje madurista (Kirchner, Correa, Evo y Ortega) y las bufonadas de Nicolás hicieron que la única relevancia pasase inadvertida.

Ni hablar, así somos.

 

Un estrechón de manos

Europa, Rusia y Estados Unidos pasaron la página de la Guerra Fría el siglo pasado, el estrechón de manos entre Reagan y Gorbachov y la caída del muro de Berlín fueron los actos que simbolizaron su último desenlace. La declaración del fin de la Guerra Fría en la Cumbre de Malta por parte Gorbachov y Bush (sucesor de Reagan) fue su ulterior consecuencia.

Pese a las tensiones actuales, motivadas particularmente por el desmedido afán imperialista de Putin y su indudable nostalgia zarista, el estrechón de manos entre los gringos (Bush y Reagan) y el ruso (Gorbachov) derrumbó el bloque socialista soviético y desvaneció la patética presencia comunista en el este de Europa.

Sí, parece mentira pero es verdad, un estrechón de manos inició el fin del entarimado socialista y su evolución impensable -que dejó atónito al mundo y produjo una rabieta apocalíptica en Fidel Castro- fue la caída de la Unión Soviética.

Un estrechón de manos inició la desintegración del comunismo. Un estrechón de manos, otro, como el del presidente Barack Obama con el dictador Raúl Castro.

Quién podría haberlo imaginado.

 

Cuba, una nación limosnera

Para sobrellevar la rabia que le causó el estrechón de manos y su consecuencia: el derrumbe del bloque socialista, Fidel convirtió a la hermosa Cuba en una nación limosnera. Se dedicó a visitar Latinoamérica mendigando limosnas e implorando lástima; su excusa siempre fue la misma: el embargo gringo.

Los latinoamericanos, tan dados a la misericordia y a la culpa cristiana, cedimos. Otro dictador, Hugo Chávez Frías, no sólo cedió, le hincó la rodilla y le regaló un país.

La Cuba limosnera encontró el botarata que le hacía falta, pero al final, por más dinero venezolano que le fue mendigado, nada cambió. Cuba, semejante al bloque soviético, está arruinada, se desvaneció.

La penuria y la desgracia siguen y seguirán por una causa a un tiempo infranqueable e histórica: el comunismo y su sucedáneo el socialismo son un desastre, todo lo que tocan lo corroen y destruyen.

Cuba está congestionada de porquería socialista, por eso limosnea.

 

Una deuda saldada y un promisorio advenimiento

El estrechón de manos entre Raúl Castro y Barack Obama, que debió ser celebrado unánimemente por toda América y no lo fue por los anacrónicos e infantiles lloriqueos de Correa, de Kirchner, de Ortega y de Evo, salda una deuda que la región tenía consigo misma y con el mundo.

(Capítulo aparte merece el imbatible bufón Nicolás y su apoteosis de imbecilidad: el doble que presentó en la Cumbre. De eso hablaré adelante).

No creo que las cosas cambien en Cuba con rapidez mientras el decrépito Fidel siga vivo, lo que sí estoy seguro es de que el estrechón de manos entre Castro y Obama abre un futuro promisorio -e ineludible- de libertad para la isla.

Mi premonición deriva de que sé -sabemos- que el comunismo siempre termina, tarde o temprano, en la poceta de la historia.

En el caso de Cuba será más temprano que tarde.

Está cerca, la situación es insostenible. Ni la archimillonaria limosna venezolana salvó.

 

La lección de Obama

Debo confesar que me sorprendió positivamente el performance de Obama y de todo el equipo diplomático que lo acompañó; lamento, eso sí, que la relevancia política e histórica del fin de la Guerra Fría en América se hayan visto opacadas por Correa, Kirchner, Ortega y Evo, y por la indescifrable ópera bufa de Nicolás.

Los estertores del disparatado socialismo del siglo XXI son visibles, se ven, se sienten, el fantasma de la libertad recorre América Latina. El final de la Guerra Fría en América contribuirá a su fin.

Tuvo que venir -paradójicamente- un presidente gringo a aleccionar a los últimos nostálgicos del comunismo stalinista. Y vaya que lección que les dio.

No fue sólo Obama, tiene su mérito el vetusto Castro, quien, descartando a la momia de su hermano, entendió que desde la crisis de los misiles lo único que trajo el comunismo a Cuba fue desgracia.

Por eso se alió con Obama, es decir con el futuro. Fidel se tuvo que haber retorcido de la histeria, otro apretón de manos liberador signa su fatalidad.

Con el apretón de manos y la restitución de relaciones diplomáticas, me atrevo a predecir que más temprano que tarde pisaré -pisaremos- las calles nuevamente de lo que será La Habana liberada.

La historia no se equivoca.

 

El bufón predilecto

Nicolás encarna al bufón predilecto del socialismo del siglo XXI. Ya no hay nadie en la región que le dé crédito.

No sé cómo se le ocurrió ni qué estaría pensando con lo del doble, pero fue el hazmerreír latinoamericano otra vez. Lo celebramos.

Un estrechón de manos acabó con el comunismo y con el bloque socialista soviético; otro estrechón, acabará con el chavismo y con su ópera bufa: el madurismo.

En cuestión de tiempo, más temprano que tarde, pisaré las calles nuevamente de lo que es mi Caracas ensangrentada. Y en una bella plaza liberada me detendré a llorar -y honrar- a los ausentes.

¡Viva la historia que no se equivoca! ¡Viva el fin de la Guerra Fría en América!

¡Viva la libertad!

 

@tovarr