• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

Al instante

¡Unidad! ¡Unidad! ¡Unidad!

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Y llorar…

De pronto encontré que por mis mejillas caían dóciles, levísimas, pero arraigadas en un hondo dolor, dos o tres lágrimas. Estaba a solas. Observaba imágenes por las redes sociales de la ensordecedora Venezuela que estamos siendo estos días. Una señora, una venezolana, una madre doblegada por la impotencia, invocaba la posibilidad de envenenar a sus hijos (niños venezolanos) para que no siguieran padeciendo enfermedad y hambre.

Sí, enfermedad y hambre, en un país multimillonario que los usurpadores y corruptos agentes del chavismo han convertido en un horror de estragos y furia humanas. En un apocalipsis.

Enfermedad y hambre, una madre venezolana clamando un envenenamiento “redentor” y el llanto de la conciencia de una nación que está herida de muerte. 

Y llorar, como venezolano, a solas.

 

¿Valió la pena esperar?

Pienso que es tarde para reproches. El levantar reproches entre venezolanos agobiados, en plena asfixia, es inútil. Sin embargo, con el único fin de que no volvamos a flaquear en los momentos cruciales que se avecinan, deseo recalcar que mucho de lo que estamos sufriendo en este instante pudo haber sido evitado si –unidos– como fuerza opositora hubiésemos reivindicado la victoria electoral de 2013.

Esa duda, esa desmovilización, nos ha enfrascado en una de las crisis más severas y abrumadoras que hayamos soportado jamás. Estamos pagando caro el costo de la indeterminación.

Venezuela está sumida en una anarquía. Todo parece indicar que nuestra liberación de la peste chavista será muy traumática. ¿Valió la pena esperar? ¿Se justifica este caos? No. Ni moral ni políticamente se justifican. Había que encarar y luchar, como ahora lo estamos haciendo.

Ojalá hayamos –unidos– aprendido la lección.

 

El rol de Primer Justicia  

Lo que en su momento invocaron María Corina Machado, Leopoldo López, Antonio Ledezma y los estudiantes, que llamaron “La salida”, está más vigente que nunca. Si entonces hubiésemos enfrentado –unidos– a la dictadura con movilización y desafío político habríamos evitado en gran medida esta desgracia.

Pero como digo antes, es tarde para reproches. Tenemos una nueva oportunidad con el empinado e improbable referendo revocatorio. Henrique Capriles y el partido Primero Justicia se reivindican y se están fajando –con sangre, sudor y lágrimas– para hacerlo realidad. Será casi imposible lograrlo. La dictadura lo evitará a toda costa. Sin embargo, hay que luchar y Primero Justicia lo está haciendo de manera desafiante, organizada, pero sobre todo, con movilización social y protesta urbana. Eso marca la diferencia.

Si no hay voto, la opción es tomar las calles. El rol de Primero Justicia está siendo fundamental. Llegará el momento de la toma nacional del poder, hay que prepararse.

No podemos volver a flaquear.

 

Las dudas deben cesar

Vemos, otra vez, la nariz de un valeroso Julio Borges despedazada a golpes por la mafia chavista (vaya un saludo admirado a él); la tunda que le meten a un Capriles resteado y tenaz en su ruta hacia el Consejo Nacional Electoral (CNE); el coraje de Requesens, entre empujones e insultos, exigiendo justicia; a Andrés “Chola” Schloeter desmayado, cargado por sus compañeros, de tanto resistir gas lacrimógeno y porrazos; o la movilización social valiente y sostenida que ha propuesto Primero Justicia para materializar el revocatorio pese emboscadas y continuas agresiones de los colectivos chavistas; y todavía hay aquellos que son recelosos y dudan de su compromiso y labor.

¡Por favor! ¡Dejémonos de pendejadas! ¡Luchemos unidos!

Las dudas deben cesar.

 

¡Unidad! ¡Unidad! ¡Unidad!

Por otro lado vemos a un digno Leopoldo López –para mí la reserva moral del país después de la lección de virtud y honor que le dio a Zapatero– que aun siendo inocente está preso, aislado, padeciendo las condiciones carcelarias más injustas y deplorables que se puedan conocer; a su esposa Lilian Tintori vejada, maltratada, con sus hijos a cuestas, en una cruzada enaltecedora, transparente y –como ella– llena de nobleza, por la libertad de los presos políticos o para abastecer de insumos médicos y medicinas a los miles de compatriotas que lo urgen, invocando lo más generoso y humano del venezolano; y uno escucha comentarios perspicaces y mal intencionados, de más está decirlo, absolutamente lunáticos, sobre ellos. ¡Dios, no puede ser!

U observamos a María Corina, cuya ejemplar lucha la ha desarrollado sola, sin apoyo de nadie, quien además también ha sido golpeada, perseguida, insultada y ultrajada por su gallardía y principios indoblegables; y vemos con desilusión que todavía hay quienes tienen la desvergüenza de desconocerle su excepcional esfuerzo, que no solo la encumbra a ella en lo personal sino a toda la mujer venezolana.

Y urjo, lo ruego, por favor, ¡paremos!, reconciliémonos, reivindiquemos nuestra gentileza y magnanimidad venezolanas.

¡Unidad! ¡Unidad! ¡Unidad!

Eso es lo que necesitamos para enfrentar, como bloque liberador del país, los atroces tiempos de organización, desafío y movilización que se avecinan. Unidos somos feroces, unidos somos infalibles, unidos somos invencibles.

Pese a las heridas, los reproches, pese a las lágrimas y las dudas, unidos somos Venezuela.

El único enemigo es el chavismo corrupto y dictatorial.

¿Habremos aprendido?

Ojalá…