• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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La Unidad (en mayúsculas)

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Para bien o para mal

La Mesa de la Unidad es imperfecta porque es humana, y siendo además una creación política venezolana -demasiadísimo humana- es más imperfecta aún.

He sido su crítico, en el pasado incluso me he mofado de algunos de sus integrantes a quienes llamé “mulas cansadas” o “vacas sagradas” por sus prácticas cogolléricas y enchufadas, reminiscencias nefastas de aquellas prácticas políticas que trajeron la peste chavista al poder y que a todas luces, por repetirlas, le dan permanencia.

También he mandado empujones al lagañoso cuerpo de porristas (cheerleaders) que celebra y vivifica a la MUD desde una colina alucinada llena de nostalgias y prejuicios porque se comportan, más que como intelectuales, como “doñas histéricas”. Si la gente protesta en la calle y reclama derechos, si levanta la voz o insulta (habla sucio, feo, muy feo), las doñas se ofuscan, despelucan, chillan. A pesar de su histeria, las doñas son necesarias porque sus alaridos también aturden al chavismo, no mucho (no las toman muy en cuenta), pero lo hacen.

Hemos dicho esto o aquello sobre la MUD como ciudadanos críticos con un único fin: que cambie, que mejore, que se renueve, porque a fin de cuentas -para bien o para mal- nos representa y dirige.

Los resultados indican que su balance hasta ahora ha sido negativo -más para mal que para bien- pero puede cambiar.

¿Cambiará?

 

La Unidad (en mayúsculas)

Pese al arrebato de artritis reumatoide que le dio a la MUD en los años 2013 y 2014, dado el cansancio aburguesado y flemático (¿indolente?) de su pasada dirigencia, estamos conscientes de que como idea es un mal -o bien- necesario opositor.

La “unidad” de corrientes y de factores -aunque no sea de criterios, lo cual es normal- es fundamental para encarar una dictadura. No es posible liberarse de un poder hegemónico si quienes están enfrentándolo (sin recursos, perseguidos y maltrechos) no se unen y actúan conjuntamente contra él.

Al menos no es posible lograrlo desde el esquema de lucha noviolento y probablemente tampoco lo sea desde el violento: ¿no se dieron la mano Churchill y Roosevelt con Stalin para salir de Hitler?

No existe un solo caso en que la resistencia civil (noviolenta) se haya podido liberar de una dictadura sin la unidad activa de las fuerzas opositoras. Siempre, en todas las experiencias previas: Yugoslavia, Ucrania, Túnez, Polonia, República Checa, Chile, etcétera, cuando la oposición ha logrado salvar sus diferencias y ha podido “unirse” para luchar contra la dictadura ha triunfado.

Venezuela no puede ni debe ser la diferencia. A fin de cuentas, la Unidad (en mayúsculas) más que de factores, corrientes o de criterios es de destino, y el último destino de cualquier sociedad que enfrenta una tiranía es siempre el mismo: la libertad.

¿Está clara la MUD?

 

El factor Chúo

Conozco a Chúo, lo he tratado poco, no es mi “pana” ni me interesa fingir que lo es, pero lo conozco. Lo que he visto de él es que es un bregador, un hombre comprometido con las causas populares y cuya visión de la política está ligada a la relación estrecha del político con las comunidades, sobre todo las más necesitadas.

Lo cierto es que tanto la oposición como el país necesitan conciliación -llamémosle “unidad”- y Chúo es un hombre de concilio. Su esfuerzo por tender puentes entre las diferentes posturas y criterios dentro del seno opositor es notable.

Además, su actitud personal -como activista- sin dejar de ser institucional es muy crítica, desafiante y combativa frente a la dictadura. Ni se emperifolla ni se arredra, enfrenta con coraje.

Su reto ahora no sólo es unir a la oposición sino algo muchísimo mucho más trascendente que eso, su reto es hacer que la unidad se “movilice” tanto para reclamar condiciones electorales justas como para votar y, más que nada, para reivindicar la victoria.

Hacerlo no sólo dependerá de él -de Chúo o de la MUD-, dependerá de cada uno de nosotros, de la presión que ejerzamos, de que el debate autocrítico opositor permanezca abierto y de que mantengamos una permanente y desafiante movilización electoral y reivindicadora en la calle.

Es decir, que la oposición permanezca en las urbanizaciones, comunidaes, zonas populares y rurales, poblados y caceríos buscando, más que votos, “conciencias” que estén dispuestas a luchar hasta las últimas consecuencias por mejorar sus condiciones de vida y por recuperar su libertad.

Se dice fácil, pero…

 

Acción unitaria

El despliegue de trabajo y compromiso que hemos observado en la campaña electoral por parte de los candidatos opositores -salvo muy contadas excepciones, los cansados están y estarán siempre cansados- es de reconocerse y admirarse.

Día a día se les ve en permanente contacto con la gente, en diálogo directo con el venezolano, interpretando su dolor y angustia, pero más que nada ofreciéndole una ruta democrática a su esperanza, lo cual es encomiable.

En la mayoría de los casos su esfuerzo no ha sido sólo coyuntural o electoral, sino permanente por encontrar soluciones a la calamitosa realidad social que nos ha causado la peste chavista.

Esperamos que ese esfuerzo extraordinario no se desvanezca el día de la elección y sea capaz de obedecer y reivindicar el soberano y sagrado mandato del pueblo venezolano, que sea capaz de enfrentar el fraude no con una cacerola sino con una masiva movilización nacional.

Esperamos que la “mesa” se levante y sea la “acción” de la unidad organizada y movilizada  no sólo para votar y defender los votos, sino para lograr que el destino de la Unidad sea otra gran palabra escrita en mayúsculas: la Libertad.

Y la Libertad, en mayúsculas, conoce de grandes fechas, ojalá el 6 de diciembre sea una de ellas.

Nuestra esperanza -siempre crítica- se ensancha.

¡Luchemos!