• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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Ramos Allup: ¡Uh, ah, Chávez ya se fue!

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Venezuela boquiabierta

Me siento a escribir a mano alzada, casi parado. Modifico a última hora, en el filo último de la madrugada, todavía perplejo, lo que había escrito para esta semana e improviso. Como el país, improviso.

Acaba de finalizar otra desconcertante jornada política con la cantinflesca y humillante presentación de la Memoria y Cuenta del primer déspota bufo de la historia de Venezuela, Nicolás Maduro, ante la nueva Asamblea Nacional y debo confesar que he quedado boquiabierto, atónito, confundido, a punto del desmayo.

Estoy convencido de que no soy yo solo el confundido. Todos lo estamos: Maduro, Ramos Allup, Padrino, el chavismo, la oposición, Diosdi, Cilia, Borges, María Corina, tú, yo, él. Todos.

Venezuela está incrédula, boquiabierta, no da fe de lo que le está pasando.

¡Uh, ah, Chávez ya se fue!

Quedó Maduro.

 

Chavismo: polvo quemado y disperso

Venezuela es un absoluto caos, lo sabemos. No hay espacio de nuestro quehacer social o público que no esté penetrado por la perfidia chavista: su corrupción, su cinismo, su perversión están en todas partes. Lo hemos dicho: nada se salva. Son demasiados años de descomposición y mentira, de una minuciosa instalación de podredumbre en el poder de Venezuela, y lo han logrado. Su legado histórico es una peste sociopolítica sin precedentes.

No obstante el daño que han causado, después de observar la presentación de Nicolás ante la AN y pese a que el chavismo permanece en el poder, no tengo la más mínima duda en señalar que su fuerza política está hecha cenizas. Son polvo…, polvo quemado y disperso frente a un ciclón de democracia y libertad que los disipa y esfuma.

El régimen está caído, es una burla histórica, la “revolución” quedó como lo que sabíamos que era, una mueca cursi que en la actualidad sólo se sostiene porque nadie se atreve a sujetar por los cachos a la bestia económica que se aproxima para embestirnos, y que sin duda lo hará. No habrá manera de torearla. Nicolás es su primera víctima.

¡Uh, ah, Chávez ya se fue!

 

Henry Ramos Allup y el destino

He sido un crítico de Henry Ramos Allup, el estrépito político de estos años nos ha impuesto una dinámica compleja de empujones y sobresaltos en la cual nadie ha quedado inmune (y lo que falta), pero debo reconocer con humildad y mucha esperanza que su actuación en esta transición difícil ha sido verdaderamente ejemplar y catedrática.

Desde su elección como presidente de la Asamblea Nacional, y desde antes, ha actuado con un rigor y con una talla política sobresalientes, por decir lo menos. Pareciera que la gracia y los vericuetos del destino lo hubiesen dispuesto específicamente para este momento. Su estilo a un tiempo desafiante y justo, mordaz y sereno, ha clavado una daga de republicanismo sobre la iracunda ferocidad de la autocracia chavista.

No creo que exista duda de que lo ha hecho mejor que ninguno y que merece nuestro reconocimiento, nuestra colaboración, pero sobre todo nuestro apoyo -crítico- para sortear las dificultades que se aproximan.

No ofrecerlo sería mezquino y Venezuela debe superar todo indicio de mezquindad si aspiramos con honestidad a liberarnos de la peste chavista. No se trata de hacer nuevos amigos -que nadie necesita- ni de ganar indulgencias -inútiles-, se trata de hacer lo que hay que hacer para rescatar a Venezuela.

Y Ramos Allup lo está haciendo con coraje y buen tino.

 

La zarandeada del siglo XXI

La zarandeada que le ha metido un avezado y curtido Ramos Allup al único dictador bobo de nuestra historia, Nicolás Maduro, fue de antología, tanto que nos ha dejado perplejos y confundidos a propios y extraños. He ahí el origen de la confusión que menciono al comienzo de este escrito. ¿Cómo pudo haber sido tan fácil?

Sé -sabemos- que Maduro es medio pendejo, pero no puede ser que lo sea tanto, que no haya sido contagiado ni por un poquito de la astuta malicia de su amado Chávez, y que haya caído tan redondo y fácil en la estrategia opositora -lo he llamado “líder opositor” y lo es- sin si quiera percatarse. Se metió en el cuadrilátero de la coherencia y la verdad y quedó desvanecido en la lona.

Dos Venezuela se han arrostrado en la nueva Asamblea Nacional. Una lunática, cínica, ricachona, regordeta, narcotraficante y criminal, liderada por Maduro, Diosdi, Carreño y Cilia. Y otra lúcida, sensible, coherente y responsable, encarnada por la Unidad (los discursos de los jóvenes diputados Guevara y Pizarro sobre la persecución política y sobre las universidades han reivindicado la envergadura de la palabra “política”, admirables).

En la presentación de su Memoria y Cuenta esas dos Venezuela se confrontaron y la verdad quedó en evidencia. Por un lado, Maduro -cada día más patético como imagen de su propia elefantesca corrupción- expuso sus pocas virtudes intelectuales y políticas: habló tontería y media, ofreció espejismos y deliró sobre enemigos imaginarios durante tres horas; por el otro, a Ramos Allup le bastó media hora para ridiculizarlo con severos y bien articulados argumentos.

¡Uh, ah, Chávez ya se fue de la Asamblea Nacional y pronto ser irá de Venezuela!

No será fácil, pero estamos cerca.

 

La estocada última a la bestia

Mucho opositor se molestó con Ramos Allup porque llamó a Maduro “presidente” y no “dictador”. Soy muy crítico pero este punto considero que no lo amerita. Después de la zarandeada de argumentos con los que Henry en cadena nacional, y sin decirlo expresamente, llamó inepto, represor, lunático, violador de derechos humanos y hasta asesino a Maduro, no hacía falta decirle dictador. De hecho, la palabra “presidente” en su boca parecía enmarcada -como aquí- entre comillas. Lo importante no era llamarlo de una u otra forma, lo importante era decirle todo lo que se le dijo.

Esa es la sutileza que nos dejó confundidos y perplejos, todos los señalamientos que se le hicieron además con una sonrisa en el rostro. Maduro, tan escaso como es, ni se percató de ello.

Las dictaduras son nominadas como tales por consideraciones de índole moral, intelectual o política. No es un juez quien así las sentencia y nombra, es la historia. Latinoamérica ha padecido muchísimas dictaduras y sus líderes fueron “presidentes” hasta que cayeron, incluso habiendo caído el debate persiste si lo fueron o no como en España (Franco), Perú (Fujimori) y Chile (Pinochet).

Venezuela con Chávez y Maduro ha vivido una dictadura que seguramente la historia enjuiciará en su momento. Ahorita lo importante es salir de ella. Lo estamos logrando.

Ya se dio la movilización política que nos permitió ser mayoría en la Asamblea y lograr que con afiches, memoria y sin cuentas uh, ah, Chávez se haya ido para el carajo.

Pronto llegará la movilización social, nacional y reivindicadora de la libertad. Esa movilización será la estocada última a la bestia.