• Caracas (Venezuela)

Gustavo Tovar

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Pena de muerte para Gustavo Tovar

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Ni golpean ni muerden

La dictadura chavista -esa lepra histórica- ha vuelto a atacarme.

Nada nuevo ni extraño, los ataques son señales claras de que avanzamos: los perros y las perras ladran. Sobre todo si tienen pánico o hambre y en Venezuela los perros dictatoriales sufren mucho de ambos.

Lo he dicho antes: nos golpearán como quien golpea el agua, hasta que se les canse el brazo; nos morderán como quien muerde el aire, hasta que se despedacen sus colmillos.

Nuestra lucha es espiritual y al espíritu ni se le golpea ni se le muerde, el espíritu siempre resiste, se impone y prevalece.

Y el espíritu de nuestra lucha está intacto, ante cada arremetida se ensancha y crece.

 

La dictadura chavista

Combatir una dictadura es de por sí una misión sacrificada e hiriente, causa mucho dolor, angustia y padecimiento. Se desatan las peores miserias humanas, traiciones, avaricias, hipocresías y desvergüenzas.

El chavismo es el compendio perfecto que muestra una dictadura desatada. Por eso lo combato y combatiré hasta el último de mis días. No es sólo una causa histórica o política el combatirla, es una causa moral.

Repito y repetiré hasta el cansancio: mientras nuestro aliento sea capaz de empañar una lámina de vidrio tendremos fuerza suficiente para luchar por nuestra libertad.

 

La quinta Michoacán, mi casa

Mi casa, la quinta Michoacán, llamada así en honor a mi madre, hogar de mis hijos, santuario de jóvenes soñadores y del movimiento estudiantil, hostal bendito de la Virgen de Guadalupe, se convierte hoy en la primera casa “prisionera política” de la historia de Venezuela. Su mito crece.

Ha recibido bombas, disparos, invasiones, incendios y ha resistido. ¿Por qué? Porque ahí Venezuela ha soñado en libertad.

La dictadura chavista en un acto que si no fuera trágico sería muy cómico, me la invadido y robado a plena luz del día. No me detendré a analizar la ilegalidad, inconstitucionalidad o injusticia del acto.

A mis amigos los han asesinado, encarcelado y torturado, ¿qué representa frente a ese dolor imborrable que a mí me roben mi casa? La verdad, nada.

La previsible torpeza del régimen nos hace un favor, la dictadura chavista queda desenmascarada y desnuda, raquítica ante los ojos del mundo, famélica ante la historia. Golpean el agua con demencia, muerden el aire con ineptitud.

Son unos pendejos, despiadados, pero pendejos.

 

El himno de Venezuela

Entono el himno a través de mis escritos cada vez que puedo porque me hace sentir el rugido de los venezolanos que lucharon contra dictaduras en el pasado en cada letra.

Además, confirma ante la historia, ante Venezuela y Latinoamérica, pero sobre todo ante mis hijos, mi compromiso de ser parte del bravo pueblo que lanza para el carajo el yugo de la opresión dictatorial.

Cada vez que un despotismo -como el chavista- ha levantado la voz, ese bravo pueblo del que orgullosamente formo parte grita con brío “¡muera la opresión” y siempre nuestra fuerza ha sido la unión.

Humildemente pero con mucha conciencia crítica, como el pobre que en su choza libertad pide o como el señor que grita “¡abajo cadenas”, yo prefiero unirme a su gloriosa bravura con virtud y honor.

Y desde el Empíreo el Supremo Autor nos infunde -como pueblo- un sublime aliento que hace temblar de pavor al vil egoísmo chavista que alguna vez triunfó.

 

El terrible delito de Tovar: soñar en libertad

A decir verdad no sé muy bien de qué se me acusa. Mientras otros admirados venezolanos son acusados de ser guerreros económicos, magnicidas, traidores a la patria, corruptos, violadores, saboteadores o de cuánta vaina demencial se le pueda ocurrir al régimen, a mí se me denigra escandalosamente por supuestamente cometer el subliminal delito de soñar en libertad.

¿No habrá en el código penal un delito menos patético y más serio para mí?

Lo necesito, lo urjo pronto, si no lo hacen, si no me acusan de algo más grave y menos etéreo como “imaginar una Venezuela más humana y libre”, seré por los siglos de los siglos la comidilla de los chistes de otros admirados “desestabilizadores” como Luis Chataing o Laureano Márquez. Al menos ellos cometen el delito de hacer reír con lucidez a una Venezuela que con el chavismo no hace sino llorar. Ellos sí son osados, yo no.

Porque a mí si por escribir, si por imaginar una Venezuela menos despiadada, sanguinaria y pendeja me robaron mi casa (la prisionera política Michoacán), me tendrán que sentenciar con cadena perpetua -incluso la pena de muerte, ¡mátenme!- porque soy un reincidente que jamás dejará de soñar en libertad.

Y el sueño se hará realidad

No tengo ni tendré salvación…, o quizá sí: que la Venezuela de los sueños y de los ideales, la del honor y la virtud, la de los derechos humanos y de la libertad, sea la que tutele democráticamente el país, como pronto ocurrirá.

En ella seré otro venezolano común y corriente más, que vivirá en su casa (Michoacán) junto a sus hijos, guardado por la sonrisa perenne de la Virgen de Guadalupe que desde el Empíreo su aliento de amor y de paz, después del despotismo chavista, nos infundirá.

Y el sueño pronto se hará realidad…

@tovar